"Es
hoy uno de los días más especiales y hermosos de nuestra vida.
Por primera vez hemos recibido tanto afecto. Muchísimas gracias,
nos sentimos muy orgullosos", expresó el maestro Ángelo Pagliuca,
director de la Orquesta Sinfónica de Venezuela, al terminar el
concierto en el Teatro Tunas.
Habían pasado
escasos minutos desde su movimiento final en el escenario; de
haber comandado un programa de lujo, absolutamente ensoñador,
que inició con la obra Caballería ligera (F. von Suppé),
continuó con el genio autoral de P.I Tchaikovsky y finalizó
entre los acordes de un mosaico de música criolla de su nación;
no sin antes regalar Fantasía Cubana, hermoso popurrí de
temas nuestros que erizó la piel de muchos.
Sin embargo, las
palabras del Maestro tenían pilares más allá de esas certezas,
aún en proceso de asunción; más allá de las continuas ovaciones
del público ante la recurrencia de lo magistral, o del
virtuosismo del afamado solista Iván Pérez (violín); más allá de
la escena compartida con Luis Lozada, "El Cubiro" (hijo) y su
grupo, seguidores del canto llanero, divulgando de esta forma la
Sinfónica su folclor nacional.
La intensidad del
verbo de Pagliuca, tuvo su inicio en la mañana, cuando los 95
músicos compartieron con estudiantes y profesores de la escuela
vocacional de arte El Cucalambé (EVA) y los niños los
aplaudieron desde que bajaron del ómnibus hasta que entraron al
teatro de la institución. "Parecíamos héroes, y son ellos los
héroes", confesó el Maestro.
Allí conocieron y
escucharon a Daniel García, educando de nivel elemental de
violín, "un genio" al decir de Iván Pérez, y a tantos otros
pupilos, frutos de una enseñanza que llamaron excelente. Las
horas se fueron volando intercambiando ideas y consejos. Ni lo
visitantes se querían ir; ni los visitados, la despedida.
Con tal antecedente,
el concierto no pudo estar dedicado a nadie más que a sus
discípulos de la EVA, los mismos que siguieron en vivo cada nota
musical de la noche, y salieron del Teatro declarando que
también a ellos, esta orquesta, casi octogenaria, les había
robado el corazón.
AUGURIOS
Así
transcurrió en síntesis el día más intenso de la Sinfónica de
Venezuela en Las Tunas. Las vivencias que ya hoy son recuerdos
(aún electrizantes), se anunciaban desde la jornada anterior,
cuando en la conferencia de prensa el Maestro Pagluica hablaba
de una buena energía que sentía desde su llegada a Cuba y los
tres conciertos previos al de Las Tunas.
Alejandro Ramírez,
presidente de la Sociedad Orquesta Sinfónica de Venezuela, hizo
patente a los medios de comunicación tuneros la intención de
reforzar con esta visita el acercamiento cultural entre los dos
países, un propósito en el que los talleres e intercambios con
estudiantes y profesores de música en cada provincia cubana que
han actuado, es, además de la respuesta a un pedido, una vía
para estrechar esos lazos.
El solista Iván
Pérez, joven violinista pero ya entre los más reconocidos en la
tierra de Bolívar, gira por primera vez por Cuba. Llegó a Las
Tunas emocionado de los momentos que compartió con los educandos
y el claustro de conservatorios en La Habana y Santiago de Cuba.
Le llamó la atención el talento de los niños, muy visible a
pesar de las partituras desgatadas y borrosas y de otras
carencias materiales con las que lidian día a día. "Tocan
buenísimo y además, tienen una alegría. Vamos ayudar para enviar
partituras nuevas y actualizadas".
Para Luis Lozada,
"El Cubiro" (hijo), continuador de la tradición llanera que su
padre supo engrandecer, también es su primera vez en este
archipiélago del Caribe. En la conversación reconoció cuán feliz
se sentía por esta oportunidad de promover la música criolla
venezolana junto a la Sinfónica y de estrechar las manos de los
cubanos. "Cuando me vaya, por mis mejillas correrán lágrimas
porque verdaderamente ustedes me han robado el corazón. En cada
salida al escenario estoy dejando parte de mí y por supuesto, de
mi patria."
Palabra por palabra
se volvieron ciertas de la mañana a la noche del martes. La
semilla que venían a sembrar, era definitivamente de las
perdurables.
CERTEZAS
El
adolescente que impresionó a todos, Daniel García, tiene 12 años
y a 26 digital le expresó con total firmeza y claridad:
"Fue un orgullo tocar para esta orquesta".
Cada adjetivo de
elogio que le regalaron es para él hoy un reto, "debo estudiar
mucho, superarme". Y más porque casi en la despedida, luego del
concierto, Iván Pérez le dijo que se preparara muy bien, le
hiciera caso a su joven maestro, pues si regresaba a Las Tunas
lo invitaría a tocar junto a él.
En el instrumento de
violín este artista venezolano encontró en Las Tunas mucho
porvenir. "Quedé impresionado cuando los niños tocaron un
concierto de Vivaldi. Les están dando todas las herramientas
técnicas, fue muy grato y bello haber visto eso".
Los talleres con la Orquesta en la
escuela de arte (que lleva el nombre del mayor poeta bucólico
del siglo XIX cubano, Juan Cristóbal Nápoles Fajardo, El
Cucalambé), se sucedieron por cada instrumento; solo la
percusión salió de casa y tuvo su sede en el Teatro Tunas, donde
el "profe" José Luis la Guardia Velázquez, jefe de cátedra de
esa disciplina en el plantel, llevó a sus estudiantes de nivel
elemental y medio.
Para él,
intercambios de este tipo dignifican la cultura nacional y
fortalecen la música cubana, alimenta además la experiencia suya
y la de su alumnos.
"Los niños han
estado alegres, se llevan un mensaje y una gran motivación. Se
han sentido congratulados con esta oportunidad."
VOLVER
La palabra volver
fue dicha en Las Tunas, una y otra vez por los miembros de
la Orquesta Sinfónica de Venezuela. El adiós no fue pronunciado,
solo estuvo el Hasta Pronto, como quien no quiere separarse de
la miel y el abrazo. Nuevos proyectos se soñaron, nuevas
emociones se imaginaron y los tuneros agradecieron con su cariño
la visita, los sueños, las promesas.
En su cumpleaños 80
Cuba felicita a la Sinfónica venezolana, patrimonio artístico de
su nación; ya amiga, hermana nuestra.