Entre canarios y sinsontes
Como el aletear sublime de las mariposas, su vuelo de pájaro en rima llega a la guitarra y se anuda en la garganta... No importa el tiempo, la nostalgia o los árboles cercanos, la décima es Cuba y no hay cubano que, un día cualquiera, no haya convertido sus decasílabos versos en promesa, amor y compromiso. |
ORÍGENES DE LA ESPÍNELA
Aseguran los investigadores más avezados que la espínela llegó a Cuba con los primeros colonizadores españoles. Sin embargo, en los siglos XVI y XVII no obtuvo aquí el “boom” alcanzado en países como Méjico y Perú, donde la creación temprana de universidades, casas de comedia y otras instituciones condicionaron el desarrollo del arte y la literatura. |
| NUEVAMENTE EL BARDO |
Capital en OCTOSÍLABOS
A la ciudad no le ha parido la poesía. Ella nació para acunarla, multiplicarla por los altavoces, regalarla a los pájaros, al viajero, a la luna y al sol. Pero no es una poesía cualquiera, aunque las multitudes le hagan palmas entre el bambú y la danza, al calor del cerdo asado, el aguardiente de caña, el sombrero de yarey y la guitarra. Es una poesía de la tierra. Es campesina. Es popular. Es décima. Y no más. |
AUGE DEFINITIVO
La tercera década y hasta mediados de los cincuenta es un período definitivamente importante para la décima cubana en todos sus aspectos. Se inicia una renovación de la poesía a partir del lenguaje y la décima busca en lo popular sus raíces y se complejiza, al tiempo que recrea los ambientes bucólicos y citadinos. |
ASOMOS DEL SIGLO XIX
Las primeras venturas de los poetas repentistas comienzan con el asomo de Celestino García (Pinar del Río), a fines del siglo XIX, aunque vale apuntar que ya José Martí, en sus relatos y anécdotas sobre la guerra, cuenta de decimistas en la manigua redentora, quienes, bandurria en mano, iban por los campos entonando la décima y difundiéndola en su justo valor. |
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