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Osmany Urrutia: Una leyenda viviente del béisbol cubano
Por Juan E. Batista Cruz
Foto: Tomada de Internet
En
los últimos 10 años la historia del béisbol mundial se
ha visto enriquecida por las hazañas de un humilde
guajirito, nacido en el seno de una familia de
trabajadores de la agricultura cañera, en el lugar
conocido por Macagua-8, del municipio tunero de Jobabo.
Desde muy niño se inclinó por la práctica
del béisbol, afición heredada de una familia que hizo de
este deporte un verdadero patrimonio, porque varios de
sus integrantes pasearon su calidad por los terrenos de
la zona.
Hijo de Giraldo Urrutia, recio bateador y
receptor que conoció de la extraordinaria velocidad de
Roldán Guillén, el Meteoro Oriental; sobrino de Domingo,
versátil jugador convertido en Héroe Nacional del
Trabajo por su productividad mocha en ristre dentro de
los cañaverales y primo hermano de Ermidelio, jardinero
de lujo en la Selección Nacional durante una década;
Osmani Urrutia Ramírez no podía ser otra cosa que
pelotero.
Llegó a las series nacionales en la
número 33, cuando en su único turno al bate, tomó
ponche. Nadie era capaz de imaginar que comenzaba su
carrera uno de los más grandes toleteros en la historia
de este país, cuna de excepcionales beisbolistas en más
de un siglo de práctica sistemática.
En 16 temporadas, de la 33 a la 48,
Osmani promedió 12 veces por encima de 300, en cinco
superó los 400, ganó seis títulos de bateo y cinco de
ellos de manera consecutiva, una hazaña que ha estado
fuera del alcance de los más extraordinarios jugadores
del béisbol mundial, como Ty Cobb, Ted Wílliams y Joe
Dimaggio, entre otros inolvidables protagonistas de la
llamada Gran Carpa.
Pese a que en la última temporada, en la
que acaba de anunciar su adiós a los diamantes, solo
bateó para 312, Osmani se mantiene en el trío de
vanguardia del promedio de por vida en Cuba, con 366,
posee el récord absoluto para una campaña, 469 en la
número 43, y su formidable defensa de 971 producto de
solo ¡tres errores por serie!, le permitió obtener tres
guantes de oro como eficiente custodio del jardín
derecho.
Brilló en los diamantes del mundo con el
glorioso uniforme de las cuatro letras y contribuyó de
manera notable en las victorias de los Juegos Olímpicos
de Atenas-2004, los Panamericanos de Dominicana-2003 y
Río de Janeiro-2007 y, muy especialmente, en la
conquista del subtítulo en el I Clásico Mundial.
Por eso, la noche triste del Primero de
Mayo, cuando a través de la amplificación local del
“Mella” se hizo el anuncio del adiós de Osmani al
deporte activo; la afición de Las Tunas, de Cuba y del
mundo, se despedía del Señor de los 400, del
Out imposible de la pelota cubana, del Temible,
de una verdadera Leyenda viviente del béisbol a
escala planetaria. |