Viernes, 08 Diciembre 2017 05:57

Titanes modernos (+videos)

Escrito por Zucel de la Peña Mora
Titanes modernos (+videos) Foto: De la autora

Sin fecha alegórica de por medio, a no ser la partida (por fin) de la temporada ciclónica, 26 Digital quiere con esta historia, agradecer el esfuerzo de los linieros cubanos, en especial, los tuneros.

Las Tunas.- En cuanto junio asoma sus primeros vientos, se va alistando para la partida. Así lo imagino, porque... ¿de qué otra forma sino, viven los linieros en Cuba del primero de ese mes al 30 de noviembre, cuando a los huracanes les da por morder con su fuego a esta Isla caprichosa?

"Ya son 40 años", dice, y la mente se me pierde en cuentas que solo él conoce, bueno, eso se supone. Porque la verdad, le costó sacar en claro las cuatro décadas. Antes de llevar notas de calendarios vencidos entre postes; líneas frías o en caliente, primarias o secundarias, Omar Diéguez Bello ha preferido trabajar, trabajar y trabajar en la Empresa Eléctrica de este municipio capital. Ya habrá tiempo de pensar esos números si alguna periodista curiosa viene a indagar.

Cuanta batalla, misión o tarea toca en el camino de un liniero, él las ha visto, las ha librado todas; a veces desde tierra y en otras, desde las alturas. 40 años... (vuelve el eco de la cifra) y su profesión anda lejos de ser miel sobre hojuelas.

"Muchos permanecen un tiempito y se van, a la empresa le falta personal. El liniero para trabajar bien y mucho tiene que gustarle de veras. Es difícil, duro, hay que dedicarle amor, sacrificio, de todo. Y debe concentrarse bien, porque en el descuido, ahí mismo, aparece el peligro".

Le bastó una vez para repetir eso sin descanso. "Siendo muy joven viví el accidente de otro compañero, le cogió la corriente arriba, en el poste, por unas tendederas. Logramos bajarlo, sacamos su lengua y le dimos los primeros auxilios. Para ese tipo de maniobras y otras nos preparamos cada semana. Entre todos lo salvamos, perdió un dedo, pero no murió".

Desde hace poco más de dos quinquenios Omar es jefe de brigada, y en sus hombros descansa la responsabilidad de que tales hechos no se repitan y así ha sido.
"En la casa yo soy un poco chivador -dice con cara de niño travieso-, pero en el trabajo, muy serio. Exijo respeto, seguridad y calidad. Para nosotros resulta vital hacer las cosas bien, en eso soy intransigente, aunque mi personal es muy bueno. No hay necesidad de poner la vida de nadie en juego, además, está el prestigio tuyo como trabajador que también cuenta".

Él se ha convertido en el padre formador de muchos linieros. Tristemente cuando ya están "acopladitos", algunos deciden coger otro rumbo. Y le toca volver a empezar y armar otra vez la familia, porque eso debe ser su equipo, una familia de cuatro miembros, para que unos a otros se cuiden de verdad.

Allí estuvo Omar cuando varios poblados rurales tuneros supieron lo que era una maravilla llamada electrificación; sus manos ayudaron a poner las primeras líneas al hospital Guevara, justo esos cables que ni miramos al pasar y que también cuentan la historia local; ahí permaneció en los momentos en que las tribunas abiertas reclamaban a un niño lejos de su padre y la corriente era requisito vital.

Y claro, ¡los ciclones!, esas armas de triple filo que han puesto ante los ojos de Omar tanta tristeza, y a la vez, la esperanza en retoño.
"Empecé yendo a la Isla de la Juventud. Entonces aquello era mucho más complicado, no teníamos la técnica de ahora, eran otros equipos. Íbamos hasta Batabanó, 24 horas de viaje, en los carros soviéticos ZIL y GAZ-66. En la actualidad casi siempre vamos en guaguas cómodas y los carros los envían en rastras. El país ha puesto mucho esmero en nuestra atención. Incluso, viajamos con nuestros propios alimentos y agua, junto al cocinero, para evitar enfermedades".

De dormir en albergues sin corriente, bañándose con cubitos de agua y castigados por los mosquitos, ahora Omar y sus colegas descansan confortablemente porque al otro día hay que rendir al máximo. Se sabe cuando empieza, pero no siempre cuándo termina la jornada.

La Habana, Cienfuegos, Ciego de Ávila, Santiago de Cuba, Guantánamo y la Isla de la Juventud... son para él más que provincias, son sitios que lleva consigo porque allí, levantando postes, reparando líneas secundarias, sustituyendo bajantes y transformadores le ha devuelto el alma al cuerpo a muchos.

"Es duro, muy duro llegar a esos poblados y ver tanta destrucción y encontrarse con personas que se han quedado sin nada. La verdad, te voy a decir, que eso no es fácil, resulta bastante doloroso; hasta muertos hemos visto desenterrados en los cementerios".

Pero no queda otra que salir del estupor, y alentar de la manera que saben hacer los linieros.
"Tú te creces, y te duele dejar para el otro día dos casas, y dices, otro poquito más, y tranquilizas a los que esperan: ¡Esas salen hoy!, aun cuando el trabajo se hace en condiciones duras. Ahora, con el paso de Irma, la misma tarde que llegamos a Ciego de Ávila, partimos para un pueblito de Morón, allí los mosquitos tenían sin dormir a la gente, era terrible la cantidad que había. Hicimos lo que nos tocaba, y en esa misma fecha restablecimos el servicio.

"De aquel lugar recuerdo a una viejita que de su casa solo quedó el caballete, pasada la tormenta, debajo puso lo poco que le quedaba y buscamos la manera de que tuviera electricidad ahí".

La inspiración se completa con el agradecimiento de los abatidos por el viento de la congoja. "Para retribuir nuestro esfuerzo los vecinos nos colman de atenciones. Dan hasta lo que no tienen. Después de Sandy pasé 12 días en Guantánamo, en la sierra del Salvador y luego 20 en Santiago de Cuba. En las montañas guantanameros tuvimos que decirles a unos guajiros que no nos llevaran más café, si no, por la noche no dormiríamos", recuerda sonriente.

Por eso las despedidas son más que simples adioses, atrás quedan casas iluminadas, niños con leche fría; ventiladores alejando mosquitos, calor, tristezas... no puede ser cualquier despedida.

Justo el ciclón Sandy le quitó a Omar la posibilidad de despedirse de su hijo al marcharse a Venezuela; justo tantas misiones lo ha mantenido algo lejos de casa, y le ha tocado a su esposa empinarse, y ser la aliada perfecta para soltar a la vida a dos párvulos. Aun así, ¿es posible enamorar a otros para que sean linieros?, lo provoco.

"La satisfacción está en que trabajas directamente con el pueblo. Ves el efecto directo de tu empeño".

A Omar nunca le gustaron las oficinas, si algo ha disfrutado de su quehacer es el aire libre. Los 65 años no andan muy lejos; pero usted, lector, ni se atreva a mencionar la jubilación, porque él, ni de lejos, se ve en reposo. "No sé cómo será eso", dice, y ya imagino a junio dándole el de pie.

Visto 1020 veces Modificado por última vez en Sábado, 09 Diciembre 2017 07:12

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