Martes, 15 Mayo 2018 06:33

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Las Tunas.- Más pequeñas, intergeneracionales y monoparentales (los niños y adolescentes no residen con ambos padres), así serán las familias cubanas en el futuro, pero un porvenir tan lejano como el año 2030. Así lo plantean los más recientes estudios que desde diversos campos científicos han lanzado una mirada a las proyecciones de este tema ante las dinámicas demográficas del país.

De acuerdo con la Oficina Nacional de Estadística e Información, en apenas una de cada tres casas hay un infante menor de 15 años, mientras que en cuatro de cada 10, vive al menos un adulto mayor. Ello explica que el 17,7 por ciento de los hogares cubanos tenga como jefe a una persona mayor de 70 años, cifra que crecerá hasta un 25 por ciento en el 2030. Esta situación, unida a la baja tasa de natalidad provoca que en la actualidad el 88,1 por ciento de las moradas en la Isla tengan solo entre uno y cuatro integrantes.

Los expertos ya hablan de una reconfiguración del modelo tradicional de la familia en la Isla, con un patrón emergente en el que aparecen tendencias como una mayor jefatura femenina del hogar, aumento de las familias reconstituidas (divorciados que vuelven a casarse), uniones no convivientes, efectos de la emigración y la diversidad sexual.

Los resultados preliminares de la Encuesta Nacional sobre Igualdad de Género, efectuada en el 2016 a cerca de 20 mil personas, evidencian que existe un cambio, sobre todo, orientado a establecer una mayor igualdad de género en la toma de decisiones, pero también una marcada tendencia a las uniones consensuales, el incremento del número de los divorcios, los padres se desentienden con más facilidad de su prole y se distingue una emancipación más tardía de los hijos.

Sobre el tema, la doctora en Ciencias María Elena Benítez Pérez, del Centro de Estudios Demográficos de la Universidad de La Habana, ha señalado varios de los desafíos que debe enfrentar en el siglo XXI tan importante estructura social aquí, en una investigación publicada en el 2012, titulada Cambios sociodemográficos de la familia cubana en la segunda mitad del siglo XX.

Entre los imperativos, la experta incluye la tendencia al decrecimiento de la tasa de fecundidad que al coexistir con el incremento de la esperanza de vida y el llamado boom de las jubilaciones (más acendrado a partir del 2020), lo que implicará un menor número de personas para mantener y cuidar a una mayor cantidad de ancianos.

Benítez Pérez pondera en el apartado de los retos: la organización de una nueva coexistencia entre generaciones; la mayor demanda asistencial de personas que viven solas; la protección jurídica para la tercera edad y discapacitados; el mantenimiento de pensiones más prolongadas; la necesidad de establecer roles nuevos y satisfactorios para los que envejecen dentro de los renovados modelos de integración social; garantizar un envejecimiento saludable, es decir, promocionar estilos de vida positivos, prevenir enfermedades y discapacidades, disminuir los efectos del envejecimiento sobre las capacidades funcionales del individuo, y lograr una sociedad más amigable con las personas de edad avanzada (lo que se traduce en preparar las calles y sus aceras, los parques, que las rampas sustituyan a las escaleras, que no falte el pasamanos que garantice las condiciones de vida de esa población y el aumento de instituciones para su cuidado, entre otros). Su solución no se puede encontrar únicamente en el seno de la familia, sino más bien en el contexto socioeconómico, jurídico, cultural, en que ella existe.

Por último, la investigadora se refiere al desafío que supone la situación de la nupcialidad. Que ocurran más divorcios que matrimonios (este último considerado la base estructural para formar una familia) evidencia que las parejas jóvenes están llegando al matrimonio sin la preparación necesaria para crear un núcleo de este tipo. De igual forma, el incremento de los divorcios plantea escenarios como el de las madres solteras o problemas de convivencia resultado de familias reconstituidas.

Sortear con éxito estas realidades es un reto que compromete en primera instancia a la propia familia, pero que también demanda políticas gubernamentales que favorezcan la solución a problemáticas económicas y sociales que hoy definen las tendencias que se aprecian en los grupos filiales cubanos.

El elemento más alentador radica en que todavía ese seno de cariño y valores es una de las prioridades más importante para los cubanos, incluyendo los jóvenes, de acuerdo con una encuesta realizada por el Centro de Estudios para la Juventud. Adaptada a los nuevos escenarios o reconfigurada, hay que defender el derecho de todos a que la familia continúe en ese lugar privilegiado.

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José Armando Fernández Salazar

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