Jueves, 12 Julio 2018 07:10

Una comunidad de esperanzas y propósitos

Escrito por Yuset Puig Pupo

Las Tunas.- Como el más tradicional de los campos cubanos, la comunidad La Esperanza-Yeso 10 goza de verde intenso a ambos lados del camino, en el municipio de Majibacoa. Es un pueblecito de poco más de 300 habitantes y donde, por lazos consanguíneos y el roce de los años, casi todo el mundo es familia.

En el rostro de su gente se delatan las maneras sencillas del guajiro. Allí los días comienzan rayando el alba, invariablemente, porque el compromiso con la tierra además de sustento es filosofía de vida.

No resulta difícil encontrar a los más pequeños correteando entre los adultos. Libres en su propia realidad rural que no está contaminada con videojuegos o zonas Wifi. Juegan aún a los escondidos, al pon, y a la sombra de algún árbol hay un partido de dominó multigeneracional que tiene carácter colectivo.

Las dos escuelas primarias de la circunscripción se han convertido en centros culturales y deportivos, donde confluyen estudiantes y familia, y punto desde el cual despliegan las principales actividades que involucran a los factores del barrio.

La suya es también tierra fértil. El asentamiento está anclado a dos UBPC que tributan al central Majibacoa y despuntan por el ciento por ciento del cumplimiento de sus planes. En esta zafra sembraron 67 hectáreas de caña con notables rendimientos. La producción de alimentos resulta tarea prioritaria y es considerada una fortaleza de la zona.

En la mayoría de los hogares, la Agricultura Urbana, Suburbana y Familiar está representada. Es un fenómeno masificado y hasta los infantes colaboran con los huertos y el cuidado de los animales. Allí el campo conserva la vitalidad de antaño.

La comunidad protege a los suyos. Los menos favorecidos han sido beneficiados con la entrega de colchones, ropa y módulos de inducción. Además, siete núcleos reciben prestaciones monetarias temporales como asistencia social.

El mayor problema que aqueja a los pobladores es el de la vivienda. De las 126 moradas del pueblecito apenas 37 están en buen estado y el resto se debate entre regulares y malas condiciones. Hasta la fecha han entregado dos subsidios a los más necesitados, y las unidades de producción también han contribuido, pero es necesario mayor impulso y fomento del movimiento popular de construcción de casas.

La eliminación de las tendederas era un viejo anhelo allí y para beneplácito popular se informó su próxima electrificación durante el Trabajo Comunitario Integrado Por Nosotros Mismos, espacio en el que debatieron las inquietudes y fortalezas de la circunscripción.

La Esperanza y Yeso 10 se hermanaron en suelo y propósito. Allí la máxima es crecer con esfuerzos propios y de la mano de sus formas productivas. Buscan contribuir al desarrollo local y que su empeño se traduzca en mejores condiciones de vida para los habitantes.

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