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Las Tunas.- A veces los gallos no han despertado y ya Melquiades González Liranza anda de un lado a otro, en su finca de Almendares, en el municipio de Las Tunas, mientras su esposa le cuela el obligado café de cada amanecer.

Así inician las rutinas de este usufructuario, perteneciente a la cooperativa de créditos y servicios Omar Pérez Pérez, quien desde hace tres años apostó por garantizar la comida de su hogar y, por supuesto, la de muchas otras personas que residen en la ciudad o en las cercanías de sus fértiles terrenos.

“Todo lo que yo produzco se lo vendo al Estado. Esa es mi función y lo hago con placer. En ocasiones se cosecha mayor o menor cantidad, pero de ahí solo saco lo del consumo de la casa. Fíjese que en el 2019 entregué más de 500 quintales de cultivos varios y en este año debe ser mejor”.

¿Por qué espera más resultados?

“Es que tuvimos problemas con el agua. Hubo un mal trabajo y se fue el tranque, por eso las siembras están un poquito más decaídas. Pero ahora tenemos bastante. Estamos regando bien, no podemos quejarnos, y han caído buenos aguaceros. Tengo una turbina eléctrica trifásica que nos mueve 20 aspersores.

“Además, en usufructo mantengo tres hectáreas sembradas de boniato y yuca. Hay perspectivas de incorporarme pronto a un proyecto de frutales, por el que debo sembrar mango, mamey zapote y aguacate. Entre los árboles habrá cultivos intercalados y quiero probar con las habichuelas”.

¿Quién lo ayuda en las labores?

“En primer lugar, mi hijo. Siempre me acompaña y hacemos juntos todas las labores. También mi padre. Él tiene 70 años y viene con frecuencia. Me ayuda mucho. Y, de una forma u otra, el resto de la familia”.

¿Qué beneficios ha tenido desde que recibió las tierras en usufructo?

“Bastante. La familia no pasa trabajo y eso vale mucho como está la situación. Aparte de las viandas, tengo algunas crianzas, como gallinas y cerdos. Da resultado vivir en el campo. La vida es dura, de sacrificio; pero yo me siento bien aquí. Mientras pueda y tenga fuerzas, voy a luchar”.

DE TAL PALO, TAL ASTILLA

Luis González Céspedes, de 24 años, es el hijo de Melquiades. No necesita otra carta de presentación.

“Yo decidí ayudar a mi papá porque esta es una tarea dura y entre los dos lo hacemos más rápido y mejor. Lo importante es echar pa'lante. Y no solo por la familia, también por el país, que lo necesita”.

Como cada jornada, Melquiades y su retoño agradecen tener salud para estar de cara al surco. Son campesinos humildes que conforman un excelente trío con su buey Piloto. Respaldados por esa unidad, respiran el aire fresco de la campiña y abonan las esperanzas.