
Las Tunas.- Las artes visuales en la provincia han recibido el año apostando por la inauguración de exposiciones que denotan calidad y dominio técnico. Así lo ha constatado 26 al recorrer algunas de las instituciones de la ciudad cabecera.
Esto es algo encomiable teniendo en cuenta el potencial que tiene la provincia dentro de la manifestación y el alejamiento siempre saludable respecto a curadurías superficiales e inequilibrio cualitativo (males de los que no estamos exentos), pues es evidente que no se trata de “exponer por exponer”.
ALGUNAS PINCELADAS
“Los cuadros no solo cuelgan; respiran. Es el puente entre lo que fuimos y lo que somos”, escuchamos en voz de Liset Leyva Llorente, al inaugurar la exposición Memorias, al cierre del 2025, en el Centro Provincial de las Artes Plásticas. Su narración oral fue parte del recibimiento previo a la muestra, en la que confluyen 46 artistas, incluso algunos oriundos de Las Tunas, pero que residen en el extranjero.
Esa exhibición, aún al alcance del público, destaca por la variedad de estilos y cosmovisiones. Abstractos, retratos, paisajes, arte conceptual, instalaciones y otras vertientes visuales confluyen allí. Al decir de Miguel Mastrapa, es “una oportunidad para que la contemplación ceda espacio al análisis y la comprensión de nuevos derroteros; la oportunidad para salir de las zonas de confort, romper la burbuja en la que mayormente habitamos y hurgar en las necesidades del marco civilizatorio”.
Además de esta expo, el Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac) abraza Dos miradas, fruto del quehacer de igual número de creadores, padre e hijo: Gustavo Polanco Hernández y Gustavo Polanco Montero.
El primero hace de la cubanía personaje vital en su obra. Pareciera que sus musas se visten de mogotes, palmas y cuerpos entrelazados, camuflados en el paisaje seductor. Erotismo, sensualidad y criollismo confluye allí, con un halo romántico y sincrético que nos hace volver a las raíces.
En cambio, su muchacho, dueño de una atmósfera abstracta, que bebe -asimismo- del cubismo, se aleja de patrones comerciales o repetitivos, y provoca al intelecto con formas, matices y significados.
Además, mientras el progenitor denota un protagonismo del verde y matices ocres a través de una pintura gestual, figurativa y simbólica, su primogénito entrelaza colores y claroscuros, fundiendo realidades aparentemente amorfas.
La casa iberoamericana de la décima El Cucalambé, por su parte, comparte Emanación, de Eliades Ávalo Rosales. Este creador ha hecho de las artes visuales una especie de refugio, bebiendo de códigos culturales que nos remiten, por ejemplo, al folclor afrocubano. Al observar sus abstractos, nos sumergimos en un mar de siluetas y tonos que no puede pasar inadvertido; se imponen dulcemente.
La Casa del Joven Creador, asimismo, exhibe Viajes en el tiempo, de Luis Ángel Rodríguez González (Ranking). A través de 45 obras, este instructor de arte atrapa las pupilas curiosas con un estilo surrealista y temáticas no tan recurrentes dentro de la plástica en el Balcón de Oriente. El mar, desbordado desde una mirada mística y hasta onírica, diríamos, así como símbolos que navegan aquí o allá dentro de sus cuadros, son pruebas fehacientes de ese ecosistema que sustenta su obra.
Esas son algunas muestras vibrantes que nos acompañan estos días, pero no son las únicas. La Fundación Nicolás Guillén, la casa de cultura Tomasa Varona y otros centros enaltecen la manifestación. Ese es el camino; no perdamos la brújula.