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till las tunas

Las Tunas.- Luis Andrés Till Sanfield es un hombre bendecido. Su carisma y nobleza le garantizan un espacio seguro en el corazón del público. Así, cual gigante bonachón, va por la vida a sus 54 años de edad, esparciendo talento y buenas vibras.

El actor, escritor y narrador oral, que preside la Filial de Artes Escénicas del Comité Provincial de la Unión de Escritores y Artistas de Cuba (Uneac), celebra este año 30 aniversario de vida artística, lo que se revierte en múltiples entregas en jornadas cucalambeanas, espectáculos, programas de radio y mucho más. Sus personajes de “guajiro”, especialmente, han calado hondo en el gusto popular.

Pero, ¿cómo empezó todo? Así nos cuenta: “De pequeño cogía una escoba y cantaba como Oscar D’ León. En el barrio hacía algunas cositas y seguí ese instinto en la primaria, incluso mostré mi talento en Tarará. Cuando estuve en el politécnico XI Festival, conocí a Ángel Ramis (Cabo Pantera) y comenzamos a hacer humor. Formamos el grupo Los inflamables. En esa época se realizaba el ‘Sonrisa’, evento de la Asociación Hermanos Saíz (AHS), donde participábamos. También hacíamos décimas, que tanto Ramis como yo tenemos por herencia familiar”.

Quien ha conquistado en varias ocasiones el Premio Juglar al mejor espectáculo de narración oral en Cuba, mira al pasado y agradece especialmente su desempeño como artista aficionado. “Desde ese tiempo ya pensábamos en sketch y diferentes formas de llevar el humor escena. Fuimos experimentando y, un buen día, Fidel Vázquez, quien tenía el grupo Agencia Loca, habló con nosotros porque necesitaba actores. Y, nosotros, por supuesto, aceptamos.

“Así, el 1 de julio de 1996 actuamos en la Jornada Cucalambeana y, de ahí, estuvimos en la gala por el bicentenario de Las Tunas. Ya para entonces la actuación en mi vida era algo serio, aunque –pensándolo bien- siempre lo ha sido; la actuación para mí es un juego hermoso, pero serio”, confiesa.

Por esos caminos, tuvo la dicha de conocer también a Alfonso Silvestre, “esa persona maravillosa, que me ayudó desinteresadamente. Buscó sus libros y me trató como si yo fuera su alumno de toda la vida. Me ayudó, por ejemplo, a construir el personaje de Salvador Cisneros Betancourt, que tuve que interpretar. Siempre me fascinó ese deseo suyo de ayudar y hacer; su amor por las artes, en general”.

Luego de estudiar la carrera de Actuación en Holguín, continuó en un grupo humorístico de allá y, paso a paso, siguió superándose… “Conocí en el pedagógico de esa ciudad al grupo Girón 14, donde estaban Onelio Escalona, Mireyita Abreu, Lidis Lamorú y otros. El mago Cintra era profesor allí. Trabajamos en el teatro Eddy Suñol, con el grupo Agencia Loca; íbamos a giras, visitábamos los municipios, participábamos en eventos como el Aquelarre... Fue una etapa fructífera”, evoca.

Sin embargo, Las Tunas le llamaba, necesitaba su don de cuentero bucólico, su alegría contagiosa. “Me enteré que se iba a fundar el Grupo Dramático de Radio Victoria y comencé en un curso para ello. Hasta hoy integro esa familia hermosa, donde escribo, hago varios personajes y que me ha dado tantas alegrías. Soy el majá, del programa infantil Campañita de colores, y muchos otros seres que le gustan a la gente. La radio es esa casa maravillosa que nos une y toca corazones”.

Otra de sus facetas es la docencia, labor que ejerce en la escuela profesional de arte El Cucalambé para los futuros profesores instructores de arte. “Eso es algo que me hace muy feliz”, apunta. Asimismo, le apasiona transmitir enseñanzas en sus presentaciones artísticas. “Hay quien dice que es didactismo, pero no me importa; prefiero que las almas crezcan y contribuir a que sean mejores. La actuación es algo maravilloso que nos permite ser uno y otros al mismo tiempo, un mejor reflejo de nuestra sociedad, educar en cada obra y sobre todo, dar amor”, resume.

Mucho pudiera hablarse de Till, uno de nuestros actores más consagrados. Lo vemos crecer en el grupo Total Teatro; ser uno de los anfitriones de la peña Tímeles o conducir La cuerda azul, ambos espacios de la Uneac. Leemos sus libros Camino al monte y De regreso al monte, con adivinanzas en forma de décimas infantiles, o el minilibro de narrativa Hija de la luna, todos salidos por la editorial Sanlope.

Lo vemos como guionista o encarnar a Chungo, Casimiro u otro personaje. O junto a su esposa, allá en Las Petrocasas, dar vida al proyecto Bolívar, corazón adentro. Sencillamente, es un hombre bendecido; sabe que la utilidad va más allá de su persona y vive para sembrar en otros la maravilla del arte. Eso, señores, lo hace más grande que sus casi dos metros de estatura; viene de adentro tanta grandeza.