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audiovisual Credo de mi tierra 5

Las Tunas.- En el año de su centenario, la memoria de Fidel Castro Ruz se viste de arte y amor en nuestra provincia. No hay mejor homenaje que una obra que, desde las tablas y las imágenes, hace honor a su legado más profundo, la obstinación, la fe en lo humano y la siembra del futuro en parcela dura.

Credo de mi tierra es el título del audiovisual que, como regalo colectivo, ha unido a TunasVisión, la Unión de Escritores y Artistas de Cuba en la provincia, la dirección de Artes Escénicas y la Brigada de Instructores de Arte José Martí. Concebido expresamente para esta conmemoración, el proyecto es, en palabras de su gestor, el realizador Luis Alberto Berrey Peña, “un poema escénico” que resuena con la esencia del Comandante.Berrey foto Rey.jpg

“Se soñó así, uniendo fuerzas. Por eso se habla de la luz que no viene del sol, sino de quien elige el sur. Y ante todo, Fidel fue un hombre que eligió el sur, el lado de los que no tienen voz”, asegura Berrey Peña.

El material televisivo, que entrelaza poesía, teatro y audiovisual, evoca símbolos de la cubanía más genuina, la sal que preserva, el machete que aún corta, la palma que no se rompe. “Esa es la Cuba que Fidel soñó; una isla sitiada, pero erguida”, añade.

El escenario elegido para este diálogo íntimo y comunitario fue la Plaza de la Revolución Mayor General Vicente García González, en la ciudad capital. “El teatro es un lugar de encuentro. Su escenario es como la isla que habitamos, donde cabe todo el mundo. Porque estamos hablando de inclusión, de un acto de fe. Un espacio que, como el propio camino de Cuba, permite captar un rayo de luz, la belleza de lo negro, el aroma de una memoria o invocar la historia”.

LA OBSTINACIÓN COMO LEGADO

Para Berrey, la conexión con Fidel no es un hecho abstracto, sino una vivencia marcada por otros instantes clave. El primero, siendo adolescente, en la inauguración del Instituto Preuniversitario Vocacional de Ciencias Exactas de Holguín a finales de la década del 70 del pasado siglo.

“Corrió el agua, bajó la temperatura, pero nadie se movió. No fue un discurso más. En ese momento entendí que Fidel era un maestro. Años después, en el Acto Nacional por el 26 de Julio en Las Tunas, la distancia física se desvaneció ante la certeza de estar ante el hombre que se había jugado la vida por este país”.

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Esa admiración se transformó en oficio durante la transmisión radial del paso de la caravana con sus restos fúnebres por la provincia, una de las experiencias más intensas de su trayectoria profesional. Lo asumió como director de programas radiales. Fue intenso, triste.

“Fidel nunca se rendía. Y eso resume mi andar en la Radio, el no descansar. Pero fue la emoción de la periodista Esther De la Cruz, al describir el paso del cortejo, lo que terminó por sellar su camino. Fidel me enseñaba a ser más Fidel”.

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La ruta hacia Credo de mi tierra no fue fácil. “Soy obstinado. Tras barajar múltiples propuestas, la poesía llegó de la mano de Lucy Maestre, Luis Andrés Till y Carlos Tamayo, y las imágenes se soñaron con el apoyo de la directora Iliana Toirac, Eddys Crespo Vargas, Nayde Ferrera, Raúl Verdecie y otros muchos compañeros. La selección de actores y locaciones, a cargo de Elizabeth Borrero, dio forma a un proyecto que, en esencia, trasciende lo artístico.

“La Revolución no es una idea; se erige un abrazo entre generaciones, entre cuerpos diferentes. Porque, al final de la obra, un niño siembra una planta de mariposa. Ese infante no es un actor, es el futuro, aunque no tenga nombre. Pero nosotros, que recordamos al Comandante en diversos momentos de la vida, sabemos que ese niño es Fidel”.

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