La muestra es uno de los regalos visuales de la 51 Jornada Cucalambeana, cuyo autor no deja de maravillar a quienes ven sus trabajos. La manera de reflejar los paisajes y de mezclar el subjetivismo y la realidad resulta extraordinaria, y a decir del curador Othoniel Morffis Valera: "La obra de Wilber Ortega es de una exquisita autenticidad en diversos ámbitos, incluidos los académicos".
La forma de usar los colores y los complejos acabados constituye el medio que encuentra para transmitir un mensaje en signos. Su manera de ver los entornos y la necesidad ecologista hacen de sus lienzos viajes en el tiempo, permitiendo al espectador conocer de sus orígenes.
La madurez alcanzada y lo novedoso de cada propuesta son huellas de sus vivencias fuera del país. Después de un tiempo ve la Cucalambeana como el momento propicio para recordar nuestras raíces y siente que es una necesidad del pueblo.
Es por ello que trata de volver cada año para no olvidar sus inicios, porque de eso trata todo lo que hace con respecto al arte: de no olvidar lo que fue y sigue siendo, un hijo de esta, a la que él decide llamar, la tierra más bella.


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