Onel Espinosa Ramírez, Omar Espinosa y Marcos Pérez llevan años como participantes en esta parte del jolgorio. Aunque sienten que ya no existe el mismo poder de convocatoria que años atrás, ellos se aferran a esa pasión porque saben que los espectadores bien lo agradecen.
"Hacemos el corrido de cintas, el de cogerle la cabeza al pato, el del asiento y otros que la gente disfruta. También se suman muchachos más jóvenes que normalmente realizan la subida al palo ensebado, algo muy complejo, pero que gusta mucho", dijo Omar.
Por su parte, Miguel Mora, capitán del equipo de la CCS Heradio Infante, de Las Tunas, afirmó: "Aunque realizamos varios juegos, nos gustaría disponer de más tiempo para ello durante la Cucalambeana, pues hace unos años atrás teníamos tres días para mostrar el talento y la alegría era mayor".
Nolberto Pérez, promotor cultural que los atiende, informó que también han participado representantes de la CPA Calixto Sarduy, de la ciudad cabecera. "Los espectadores disfrutan por el movimiento y la agilidad de los vaqueros. En el juego de la bota escondida, por ejemplo, ellos corren hacia un lado de la pista, echan todas los zapatos en un saco y luego, el primero que se ponga la bota y llegue al otro extremo montado en su caballo, es el que gana".
Como sugerencias para próximas ediciones, los protagonistas recomiendan perfeccionar la organización y los aseguramientos necesarios para incentivar la participación de otras cooperativas porque, según sus comentarios, hay personas talentosas en los diferentes municipios, que dominan estos juegos, y a veces por problemas como la trasportación, no participan en la actividad.
La Dirección Provincial de Deportes, junto a la Asociación Nacional de Agricultores Pequeños (ANAP) y el sector de la Cultura intervienen en el diseño de esta cita de jinetes que, entre espuelas, bastos y monturas, no dejan morir las tradiciones de la vida campestre.





















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