Las manos se deslizan sobre su novia de madera. Las mueve para atrapar el "mi" con el "re" mayor. Cae la tarde. Las clases en la Universidad Vladimir I. Lenin le roban espacio y tiene que terminar con éxitos su tercer año de la carrera de Ingeniería Industrial. Es otro abril de primavera y juventudes, en el que el compromiso es igual y las metas se consolidan. En junio próximo cumplirá 29 años.
Nada le cayó del cielo. Durante cursos se presentó a los concursos de la Escuela Vocacional de Arte El Cucalambé, hasta que por fin ganó su plaza. Se graduó, fue profesor y formó parte de la Orquesta de Guitarra Isacc Nicola, en la que se mantiene y ha cosechado lauros que premian su tenacidad y esfuerzo.
Casi siempre una sonrisa es la primera respuesta a mi pregunta. Esta vez tampoco renuncia a regalármela.
- Sí, abril es el mes de los jóvenes cubanos. Ya ahorita no soy tan joven.
Y los recuerdos galopan. Hay muchos. De acampadas, actos, trabajos voluntarios, estudio para entregar el deber cumplido a la primavera de abril, una suerte de encantamiento doble en estas tierras aunque no llueva y, a veces, sea difícil pintarse el verde en los ojos por los alrededores de vías y caminos.
- Ahora también estoy en el grupo Contrapunto. Me siento bien conmigo mismo. Me tracé metas y aproveché las oportunidades, como esta de mi segunda carrera, la cual hago por encuentros. Después, quién sabe, si estudio otra cosa. Me gusta saber.
Ricardo Acosta Gutiérrez es de esos jóvenes que salen tranquilos cada día a cumplir sus deberes por esta ciudad, en la cual cientos como él se aprestan a celebrar con múltiples actividades el 4 de Abril, ya sea tocando o bailando en una plaza para homenajear el Aniversario 50 de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC), trabajando en los centrales azucareros o de guardia en los cuerpos de urgencia de hospitales y policlínicos.
Esa juventud perdida de la cual tanto se habla. Perdida sí, entre los valores de la virtud del trabajo y el estudio, poniendo ficha a ficha sus sudores cotidianos entre escaseces y desafíos, de sol a sol en el surco, los cortes de caña, el calor de los hornos de acero, el trajín de los mercados, las hojas de los libros. En fin, llenos de fe y oportunidades para ser más cultos y mejores personas. Eso, los abriles de Ricardo y la gente como él.
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