Sábado, 27 Enero 2018 04:01

La carga divina de Ernesto

Escrito por Zucel de la Peña Mora y Esther Cruz Castillejo

Las Tunas.-El seminario San Basilio Magno en Santiago de Cuba lo vio siempre cercano al teatro. Estudiaba el tercer año de Filosofía en la carrera de sacerdote cuando descubrió que aquel camino de entrega absoluta a Dios no era su vocación; dentro, muy dentro y sin remedio, le palpitaba un idilio entre las tablas.

Al otro día de haber vuelto a casa, fue contratado por el Consejo Provincial de Artes Escénicas para integrar el proyecto humorístico Agencia Loca. Todo empezaba a tener sentido, cómo de niño le ponía voces a sus soldaditos y era el más brindado para los matutinos de la escuela; cómo resguarda entre lo importante haber visto a los 9 años Cecilia Valdés en el teatro Tunas por el Lírico Nacional.

Pequeños destellos de futuro que lo prepararon para que un buen día, por los caminos más insospechados, su destino lo encontrara. Ernesto Parra lo sabe: él no llegó al teatro, el teatro fue quien lo escogió, quien lo halló para ayudarnos a poner frente al espejo nuestra humanidad.

ernest-teatro-tuyo1Hoy es actor-director del grupo que ha sacado al payaso de las mazmorras del mercantilismo y el seudoarte, obsequiándole la reivindicación de todo mal. En esa defensa, el elenco ha ganado los premios más prestigiosos del país, como el Caricato (2006) y el Villanueva de la Crítica en tres ocasiones. Ante Teatro Tuyo ya no se puede guardar silencio.

Ernesto ni de noche ni de día puede separar de sí la necesidad de expresarse desde el proscenio. Esa es su carga divina. A veces es Papote (como le decía su papá cuando pequeño) y en otras comanda la tropa, aunque en ese caso igual se siente sobre el escenario a través de sus talentosos muchachos. En el 2018 Ernesto cumple 20 años de vida artística y entre vals de guirnaldas y abrazos, los acomodos no tienen espacio. Cada día hay que volver a empezar, el diálogo con el público espera.

El payaso es más que traje colorido y nariz roja, ¿les ha costado que Cuba lo entienda?
Hoy no es difícil. Eso da al traste con el fatalismo geográfico, con ese clamor de los artistas de que no dan promoción. Yo digo que nadie va a promover tu arte mejor que tú mismo. Y ahí tenemos que aprender un poco de los vendedores. El ejercicio de la promoción es el hecho de que el público conozca, no solo para que vaya, sino para que reciba.
Hacerlo desde Las Tunas ha implicado quizás un esfuerzo doble por la distancia, pero sin ningún complejo.

¿Cómo se complementa en Ernesto, el director y el actor?
Ambos están en la medida en que los espectáculos van naciendo, dirijo desde el actor que soy, no creo una división porque no existe en mí, no estudié actuación ni tampoco dirección. La creación para mí sigue siendo la del niño que se levanta a jugar. No le importa el horario de baño, ni de sueño o comida, porque lo que no quiere es guardar los juguetes en la caja. Los que tenemos hijos sabemos que se nos van las horas jugando.
Yo sigo siendo un niño, con 42 años de edad y quiero continuar jugando al teatro. De ahí vienen las ideas y la inspiración. Están en las calles, en las guaguas, en mi familia. También en mis recuerdos de infancia, en mi compromiso social.

¿Es posible para un verdadero artista que las carencias lo frenen?
¿Cuánto puede costar, por ejemplo, oficializar el nombre de centro cultural Teatro Tuyo? Eso hace tres años que está dando tumbos y no se concreta. Y como ese, otros problemas más que no son de orden material y lastran cada día. Queremos sentarnos a conversar con los decisores. Y no hemos tenido respuesta todavía para concretar tan necesario diálogo.

ernest-teatro-tuyo2En respuesta a todo eso nos inventamos entonces una temporada de tres meses donde vamos a hacer 67 funciones, espacios teóricos y tres estrenos al hilo. Porque en algún punto de las carencias aparece un niño, un joven o un anciano que te llama a la casa o en la guagua y te dice: "¡Me gustó mucho la obra". Aparece otra persona que te pregunta: "¿Cuándo la vuelven a poner?". Entonces ya eso te va devolviendo las ganas.
O cuando tú ves a actores que llegan al grupo sin saber nada del arte del clown, como es el caso de Arisleydis Ortiz, de tan solo 20 años, y al cabo de poco tiempo descubres a la actriz en que se ha convertido esa pequeñita. Entonces dices: esto merece la pena. O cuando artistas de la talla de Corina Mestre, desde La Habana, apoyan el surgimiento de la Escuela Nacional de Clown. Entonces, vuelven las ganas.
Por ejemplo, en el IV  Taller Nacional de Payasos vamos a tener 19 extranjeros, en el anterior vinieron ocho. Y no hablamos de una mera cuestión de cantidad, sino de la manera en que están llegando a Cuba. Son personas que han prolongado compromisos importantes para estar. Digamos que viene un grupo de El Salvador que aplazó una temporada en Las Vegas, Estados Unidos, por venir a nuestro evento.

Aixa, tu esposa, es actriz de Teatro Tuyo, ¿resulta más grande el desafío?
Los primeros sacrificados son nuestros hijos. El varón estudia el cuarto año de Percusión, tiene 13 años. Ha tenido que aprender a cocinarse porque en los mediodías papá y mamá no pueden estar. Ha tenido que vivir la experiencia de ser un niño becado, a pesar de tener su casa en esta ciudad, porque papá y mamá están de gira. Nuestros hijos han tenido que esperar que termine la función para poder ser llevados a un consultorio por un ataque de asma o una fiebre alta.
Es una aventura y somos un equipo que se complementa. El día del estreno de Juegos Olímpiclowns tuvimos que hacer doble función y en medio de la primera, Victoria se quedó dormida. Y nosotros estábamos en el escenario y la niña en dos butacones, al lado de todos los vestuarios y el custodio estaba vigilando a Vicky. Casi nunca tenemos tiempo de darles las gracias a ellos, que son también nuestra fuente de inspiración.
"Ahora tenemos por ahí un espectáculo familiar donde Papote, Chocolina y los niños nos uniremos en escena y como familia, estaremos invitando a degustar un menú que vamos a preparar".

¿Exactamente qué le quieres decir a Cuba desde tu tribuna?
"Que no hay mejor país para vivir; que todavía hay espacio para perdonar y olvidar porque el error no es más que el tropiezo necesario para darte cuenta de que el camino aún continúa; le quiero decir que hay espacio para la alegría, pero no la de reírnos de nuestros males, sino la que nace de la creatividad y ese potencial del cubano de estarse siempre levantado. Somos una Isla, pero no estamos aislados; nuestra frontera podemos ser nosotros mismos, no el mar.

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