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Sábado, 24 Febrero 2018 05:47

Lalo, el primer alcalde tunero

Escrito por Juan Morales Agüero
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Las Tunas.- El primer alcalde que gobernó en Victoria de las Tunas, y el que más tiempo desempeñó ese cargo, fue el comandante mambí Eduardo Vidal Fontaine, electo en 1910 por el Partido Liberal.

Lalo, como le llamaban sus muchos seguidores, vino al mundo en un hogar humilde en la zona de Curana. Siendo todavía un niño se incorporó al Ejército Libertador a luchar por la independencia de Cuba. En la guerra obtuvo sus grados a golpe de máuser y machete. Luego, en la paz, lo cautivó la política.

El 14 de febrero de 1910, la Cámara de Representantes acordó restituirle a Victoria de las Tunas su condición de municipio, propuesta que ratificó el 2 de junio el presidente José Miguel Gómez. La ciudad tenía entonces solo 12 mil 936 habitantes. Para ampliar esa cifra, el gobernador de Oriente, señor Rafael Manduley, pidió al Consejo Provincial adicionarle los barrios de Playuela, Palmarito y Manatí, que sumaban de conjunto mil 426 personas. Así llegó a 14 mil 362 habitantes. El 2 de diciembre de 1910 el Congreso de la República fijó definitivamente su municipalidad y la separó de Puerto Padre.

En las elecciones convocadas para ocupar la alcaldía, Lalo fue nominado por el Partido Liberal y resultó ganador entre todos los candidatos. Según la edición única de la revista Tunas de ayer y de hoy, publicación que salió a la luz en 1951, a su gestión se debe no solamente la propia constitución del municipio, sino también el tramo tunero de la línea del Ferrocarril Central, la edificación del matadero municipal, la fundación de la banda de concierto y el parque mayor general Vicente García, obra que propuso el día en que asumió su cargo en 1910. Tres años después, el español Francisco Gutiérrez Calderón inauguró en la ciudad la primera planta eléctrica y llegó la telefonía.

Lalo Fontaine fue muy querido y respetado en toda la comarca. Manifestó siempre un refinado gusto por la poesía, y figura entre los cultores de la décima escrita tunera de la época. Tal vez por esa causa sus restos mortales comparten mausoleo en el cementerio municipal con los de Gilberto E. Rodríguez, el poeta del siglo XX en Las Tunas.

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