
"Navegamos un mes a Gaza y al final no pudimos llegar: nos interceptaron, las fuerzas de ocupación de Israel nos secuestraron y nos llevaron a la cárcel. La impotencia de no poder llegar fue terrible".
Ese fue el recuerdo que aún golpeaba a Nicole León Avilés mientras sus pies pisaban tierra firme en La Habana. Ella, que había integrado la Global Sumud Flotilla -que intentó crear un corredor humanitario hacia Gaza-, esta vez fue la encargada de organizar las donaciones en México y concretar, junto a otros, su traslado en barco a La Habana.
Al llegar al muelle habanero, luego al cardiocentro pediátrico William Soler y ver cómo descargaban las 14 toneladas de insumos médicos, medicamentos, alimentos y productos sanitarios, supo que aquella impotencia, vivida en Gaza, hoy se transformaba en un acto de justicia en Cuba.
"Llegar acá y poder llevar ayuda, lo mismo que quisimos hacer en Gaza, pero no nos permitieron, es para nosotros un gran valor. Nos da ánimo, nos da fuerza para seguir adelante", afirmó la ecuatoriana, militante comunista y una de las tripulantes del barco bautizado como Granma 2.0, que atracó el pasado martes.
La solidaridad internacional sigue siendo un pilar inquebrantable frente a la adversidad.
UNA BATALLA QUE TRASCIENDE LO MÉDICO
Dentro de los muros del cardiocentro, la lucha trasciende lo médico. Es la batalla diaria por encontrar un catéter, un reactivo o un medicamento, donde la distancia geográfica y las barreras impuestas por el bloqueo económico de Estados Unidos convierten cada insumo en una pieza de una compleja odisea.
"Para comprar cualquier equipo, cualquier cosa necesaria para atender a un paciente grave -como en el caso de nuestros niños cardiópatas- el sistema de Salud cubano, nuestra población y cada cubano enfrentan un dilema, una tragedia", explicó el doctor Eugenio Selman Housein-Sosa, director del centro.
La situación, devenida en crónica durante décadas, se ha agudizado recientemente. En ese escenario, el arribo del Granma 2.0 no solo significó un alivio material tangible, sino la confirmación de que la solidaridad internacional sigue siendo un pilar inquebrantable frente a la adversidad.
"Esto va a tener un impacto real y efectivo en la atención de los pacientes", afirmó Selman, quien extendió el agradecimiento en nombre de todo el colectivo de trabajadores, los pequeños pacientes y sus familias. "A nombre de todos ellos, los abrazamos", subrayó el galeno, visiblemente emocionado por el gesto de quienes, con esfuerzo propio, costearon el viaje y reunieron las donaciones.
EL VALOR DEL SUDOR Y EL CORAZÓN
El director del cardiocentro hizo hincapié en el valor añadido de esta ayuda: el origen genuino de la misma. "Sabemos que han costeado el pasaje, que han comprado las cosas con el esfuerzo y el trabajo de ustedes, de sus compañeros, de su familia. No sale de la riqueza de un banco ni de una empresa millonaria, sino del sudor, del interés y del corazón de las personas que quieren ayudar".
Para el doctor, ese gesto trasciende lo material. "Es la esperanza de que un mundo mejor es posible", sentenció.
"Al estar aquí, nos dan fuerza, nos llenan el corazón para poder seguir resistiendo y tratando de hacer lo que nos enseñan: luchar por los demás, ayudar a los demás", concluyó el director del cardiocentro, en una jornada que quedará grabada como un ejemplo de cómo la voluntad humana puede tender puentes por encima de cualquier cerco.
Al Cardiocentro Pediátrico William Soler fueron destinadas las 14 toneladas de ayuda.
UN DEBER POLÍTICO Y UNA GRATITUD
Nicole León resumió el significado profundo de haber alcanzado tierra cubana. Para ella, este no es un gesto aislado. Es parte de una historia de resistencia compartida. Haber atracado ahora en Cuba representa, en sus palabras, un acto de justicia y un respiro.
"Aunque no nos dejen, vamos a seguir. Vamos a volver hacia Gaza, el 13 de abril volvemos a zarpar. Pero esto es como un respiro: haber podido llegar y apoyar al pueblo cubano, que siempre ha sido tan solidario con el mundo".
El compromiso de Nicole, sin embargo, tiene raíces que se funden en la propia historia de solidaridad entre pueblos. "Soy de Ecuador. Allí hubo una brigada médica cubana apoyando cuando el terremoto del 2016. Para mí eso es un compromiso.
"Milito en el Partido Comunista, soy internacionalista. Para mí es un deber político y también una gratitud por toda una historia de internacionalismo, de solidaridad y compromiso entre todos nosotros."
UN SÍMBOLO QUE TRASCIENDE
La travesía del barco que sus tripulantes bautizaron Granma 2.0 -en alusión al yate que en 1956 trajo a los expedicionarios del Movimiento 26 de Julio- quedó así sellada no solo por las 14 toneladas de ayuda, sino por el símbolo que representa: la solidaridad internacionalista que, pese a bloqueos, distancias y adversidades, vuelve a demostrar que otro mundo es posible.
El australiano Daniel Herbert, integrante de la iniciativa solidaria, resumió el sentir de la tripulación al pisar tierra cubana: "Nos alegra mucho estar aquí porque siempre hemos conocido a Cuba como un país que ha defendido el derecho a la salud para todos, en todos los países.
"Por eso nos importa estar aquí y poder decir que también la comunidad internacional tiene que defender los derechos de los cubanos. Los derechos a la salud, a los medicamentos, a lo básico, a la vida nunca deberían ser usados por los políticos. Esos son los derechos fundamentales", afirmó Herbert.
Subrayó el significado de llegar a la Isla en un contexto de recrudecimiento del bloqueo económico impuesto por Estados Unidos.
El activista destacó, además, la inspiración que encuentra en la resiliencia de la Isla. "Es muy inspirador ver la resiliencia de Cuba, ver lo que se está haciendo, ver a las personas trabajando juntas. Ayer estuvimos en el hospital y escuchamos a los médicos. La forma en que hablan de la salud, de los derechos, del sentimiento de generosidad que se brindan unos a otros… Estamos aprendiendo mucho al estar aquí, viendo cómo las personas pueden trabajar juntas, cómo podemos cuidarnos mutuamente. Es un gran honor estar aquí".
Aleksa Vulovic, también australiano e integrante de la travesía solidaria, afirmó: "Creo que Cuba ha hecho muchísimo por el mundo. Siempre da la impresión de que Cuba está ayudando a otros países. Por eso siento un deber, y creo que es un honor poder venir y ayudar de alguna manera, porque Cuba ha dado tanto al mundo".
Al preguntarle sobre qué le transmitía poder traer esa ayuda especialmente para los niños, Vulovic respondió: "Traerla para cualquier persona ya es especial, pero cuando es para niños se vuelve algo aún más especial. Es una situación muy triste con el bloqueo; la gente realmente está sufriendo. Cualquier cosa que sirva para ayudar a los niños que lo necesitan es enorme".
Las 14 toneladas ya están en los almacenes del hospital, listas para convertirse en vidas cuidadas, en cirugías posibles, en respiros para familias enteras. Pero más allá de lo tangible, el Granma 2.0 dejó una enseñanza: que la solidaridad internacionalista -la misma que Cuba ha practicado durante décadas en cada rincón del mundo- también sabe llegar a la Isla cuando más se necesita.