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bloqueo eeuu

Una nueva orden ejecutiva ha puesto, sobre la mesa de sus hostilidades contra Cuba, el Gobierno de Estados Unidos. Una que, por la naturaleza de su alcance, puede considerarse en varios sentidos inédita, al punto de que analistas y conocedores del tema la califican como un nuevo bloqueo sobre el mismo ya existente.

Aunque salió a la luz el día Primero de Mayo, sin duda con toda la intención de sacudirse de alguna manera la impotencia de los resultados aplastantes del desfile y del movimiento Mi Firma por la Patria, constituye uno de esos documentos que, por la naturaleza de las sanciones que propone y la manera (para nada habitual en documentos de esta índole) de evadir la mención a los posibles destinatarios de esas medidas, no se construye en un día. Necesita meses de trabajo que garanticen el andamiaje "legal" para sustentarlo.

Vuelven sobre la tesis de la "amenaza inusual y extraordinaria" como insostenible asidero para justificar acciones punitivas, cuya extraterritorialidad vulnera la soberanía de otros Estados, no solo la de Cuba, contra la cual llevan cerca de siete décadas atentando de forma ininterrumpida.

Nos acusan de relaciones con "actores malintencionados hostiles a Estados Unidos", de "estrechos vínculos con otros importantes Estados patrocinadores del terrorismo", de perseguir y torturar a "opositores políticos", de ser entorno propicio para operaciones de inteligencia extranjera, y en el colmo de la hipocresía, dicen que "el régimen corrupto de Cuba sigue impulsando la migración hacia Estados Unidos", como si no fueran su bloqueo y su cierre de vías legales para emigrar las causas de esa situación.

Durante su intervención en el Encuentro Internacional de Solidaridad con Cuba "Por Un Mundo Sin Bloqueo: Solidaridad Activa en el Centenario de Fidel", desarrollado el 2 de mayo con hermanos de otros países que nos acompañaron también en la histórica jornada precedente, el miembro del Buró Político y ministro de Relaciones Exteriores, Bruno Rodríguez Parrilla, dejó muy claros algunos aspectos esenciales para comprender los posibles efectos que, a corto plazo, tendrá esta nueva orden.

En ese caso, por ejemplo, está el hecho de que "por primera vez establecen sanciones secundarias, es decir, sanciones que se pueden aplicar contra cualquier persona, contra cualquier entidad, compañía, etcétera", solo por el hecho de realizar actos vinculados con Cuba, "a pesar de que sus intereses en Estados Unidos, en la economía estadounidense, no tengan ninguna relación con nuestro país. En lo que significa un paso extremadamente agresivo e inédito en la aplicación extraterritorial del bloqueo contra nuestra Patria". 

Y parece mentira que, a estas alturas, después de tantos años de bloqueo, pueda utilizarse todavía ese término, "inédito", cuya traducción no es otra que el hecho de que la agresión perenne y sistemática contra Cuba se piensa, se calcula, se estudia.

También contiene la orden categorías amplias, poco explícitas, que resultan sumamente preocupantes en tanto se reservan el derecho de definir a quiénes incluyen o no dentro de ellas, un aspecto reforzado por el hecho de no emitir lista alguna, algo que el titular cubano de Relaciones Exteriores expuso con total claridad.

"No se sienten obligados a publicar quiénes son las personas o las entidades designadas o que se designarían en esa condición punitiva, precisamente para ampliar el efecto de amedrentamiento, de intimidación a todos los demás". 

Lógicamente, los sectores claves de la economía siguen siendo un blanco directo, dígase la energía, el área militar o la defensa, los metales y la minería, la seguridad y las finanzas, pero no significa que sean los únicos, porque cargan contra quienes presten ayuda sustancial, apoyo financiero, material y tecnológico. En otras palabras, cualquiera puede ser objeto de las sanciones, y el resultado, evitar que entre a Cuba desde la gran inversión, hasta esa ayuda individual que provee el medicamento que necesita con urgencia un niño enfermo. Porque el bloqueo y cada nueva orden, medidas o estrategias que lo amplían, que extienden sus alcances, no hacen más que acentuar el sufrimiento de un pueblo, en cuyo castigo colectivo se han empeñado enfermos de odio y de impotencia.

Y aunque nuestra denuncia será siempre firme, y nuestra resistencia un hecho, es esta una amenaza que va mucho más lejos del Gobierno cubano; esta es la amenaza abierta al mundo sin pudor, sin el más mínimo respeto a la libre determinación de las naciones soberanas. También con esa fuerza lo ha declarado el ministro.

"Frente a estos actos ningún Estado podrá actuar de manera soberana, independiente, podrá ejercer la soberanía de sus pueblos, podrá considerar que el único ámbito de aplicación en su territorio son sus leyes nacionales, podrá defender el concepto de que solo sus tribunales o cortes nacionales tendrán jurisdicción sobre sus propios asuntos si no toman hoy partido a favor de la justicia, a favor de Cuba". 

Quieren una asfixia inmediata, no importa si eso les cuesta la vida a millones de personas, no importa si compromete el futuro de toda una nación. Esperemos que la voz de la impunidad no sea la que más alto se escuche, frente a tamaño crimen.