Imprimir
Visto: 127

0 28 dignidad 1

¿Acaso pueden estar equivocadas 130 naciones soberanas?, la dignidad de los pueblos vuelve a aplastar el chantaje imperial en la ONU. El intento de la diplomacia estadounidense por fracturar la histórica solidaridad global con Cuba colapsó una vez más frente a la postura firme de la comunidad internacional en la sede de las Naciones Unidas. ​

   Durante meses los despachos del Departamento de Estado se convirtieron en centros de extorsión política, donde diplomáticos norteamericanos desplegaron presiones inéditas para forzar abstenciones, provocar ausencias de última hora o arrebatar votos favorables a la causa cubana. ​

   Pocos precedentes existen de una cacería de votos tan agresiva, con diplomáticos amenazando abiertamente con represalias económicas y financieras a las naciones soberanas que se negaran a ponerse de rodillas ante su dictamen unilateral. ​

   Sin embargo, el coraje político y la dignidad continental prevalecieron sobre las intimidaciones, demostrando que la inmensa mayoría de los gobiernos del planeta no le temen a los exabruptos de la superpotencia ni aceptan órdenes dictadas desde la Casa Blanca. ​

   Esta indiscutible victoria diplomática confirma que, incluso bajo el escenario más manipulado y hostil, la causa de la Isla caribeña continúa abrazada por el sentimiento ético del mundo civilizado. ​

   Nada en el derecho internacional ni en los principios básicos de la convivencia humana puede justificar una política orientada deliberadamente a matarnos por asfixia económica y privaciones cotidianas. ​

   El bloqueo contra la Isla no constituye una simple disputa bilateral, sino un acto genocida y una estrategia de castigo colectivo pensada para estrangular el bienestar del pueblo cubano desde el plato de comida hasta el suministro de medicamentos esenciales.

   ​Queda demostrado ante los ojos del mapa global que Cuba no es una amenaza para nadie y que el verdadero peligro para la paz y la soberanía de los Estados reside en el cerco económico impuesto por el imperio estadounidense. ​

   Cada voto sumado en la Asamblea General representa una bofetada directa al lobby de Washington y un monumento al valor de los pueblos que rehúsan someterse a los dictados de la fuerza. ​

   La Isla amanecerá más acompañada y firme que nunca, respaldada por la certeza de que el amor solidario del mundo es invencible frente a la arrogancia diplomática del norte.