La Habana.- Lastrada por los severos impactos del Período Especial, el recrudecimiento del bloqueo económico, comercial y financiero, la permanencia de políticas no ajustadas a las nuevas realidades del país y otros factores, el desempeño de tan vital actividad se vio perjudicado por el decrecimiento de la masa de científicos, asociado a la jubilación o deceso de parte de los especialistas egresados en las etapas iniciales de la Revolución, la emigración, y el traslado hacia esferas laborales mejor renumeradas dentro de las fronteras nacionales.
Igualmente, tuvo lugar un envejecimiento de la tecnología instalada en diferentes instituciones, la descapitalización de laboratorios y un retroceso en la formación doctoral. También se hizo más notoria la insuficiente vinculación prevaleciente entre la ciencia universitaria y las empresas productivas y de servicios.
Tomando en cuenta lo planteado en los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, aprobados en el VI Congreso del Partido Comunista, efectuado en abril del 2011, el país asumió el desafío de diseñar una política integral de ciencia, tecnología, innovación y medioambiente, encaminada a dar respuestas a las necesidades del desarrollo de la economía y la sociedad a corto, mediano y largo plazos, orientada, además, a elevar la eficiencia económica, ampliar las exportaciones de alto valor agregado, sustituir importaciones y tributar al bienestar de la población.
Como resaltó hace unos días en el espacio televisivo de la Mesa Redonda la doctora Elba Rosa Pérez Montoya, ministra de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (Citma), en la actualidad una de las principales prioridades del sistema nacional de ciencia, tecnología e innovación radica en preservar, atender y desarrollar el capital humano disponible.
Destacó también la importancia de prestar la máxima atención al rejuvenecimiento del personal vinculado con esa esfera, promoviendo la motivación y el interés de los jóvenes por los temas de ciencia. Parte esencial del trabajo en esa dirección consiste en rescatar la reserva científica, lo cual contribuye a definir qué nuevos profesionales reúnen las condiciones requeridas para asumir tareas de suma trascendencia en el campo de la investigación en las diferentes disciplinas del saber.
Vale añadir la conveniencia de fomentar desde edades tempranas la curiosidad natural del ser humano hacia el conocimiento, incentivando entre los alumnos de la Enseñanza Secundaria, Preuniversitaria y Tecnológica el método científico como herramienta indispensable del proceso de aprendizaje.
Otros retos enunciados por la titular del Citma son acelerar la introducción y generalización de resultados, dinamizar la innovación, potenciar el papel transformador de la ciencia en la sociedad cubana, perfeccionar el modo de medir su impacto real en el desarrollo económico de la nación y el crecimiento del Producto Interno Bruto, y que devenga de manera rápida en una pujante fuerza productiva generadora de nuevos rubros exportables y aporte más a la sustitución de importaciones.
En el camino de transformaciones conducentes a la acentuación de su protagonismo en el mejoramiento de la calidad de vida de los ciudadanos y el progreso de la nación en los más disímiles indicadores, nuestro sistema de ciencia y tecnología busca encontrar mecanismos propiciadores de una justa retribución salarial de los profesionales y técnicos, acorde con los resultados finales del trabajo y la creación de aportes novedosos, útiles y económicamente rentables.
Uno de los pasos notorios emprendidos al respecto son las nuevas formas organizativas y de gestión de la colaboración en la esfera investigativa, instrumentadas entre el grupo empresarial BioCubaFarma y varios centros de Educación Superior. Ejemplo de ello son los laboratorios conjuntos implementados con la Universidad de La Habana en el tema de la Nanobiotecnología, para desarrollar vacunas, fármacos innovadores y aumentar el valor agregado de productos ya conocidos, y con la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI), en las áreas de Informática Médica, Bioinformática y Neuroinformática.
No menos significativa es lo esbozado en la Mesa Redonda del pasado 27 de diciembre, por el ministro de Educación Superior, doctor José Ramón Saborido, de crear un sistema nacional de formación doctoral que, además de favorecer el crecimiento del número de profesionales con ese grado académico, posibilite bajar el promedio de edad de obtención de ese título en Cuba (hoy ronda los 40 años).
Para el doctor en Ciencias Luis Alberto Montero Cabrera, profesor emérito de la Universidad de La Habana y presidente del Consejo Científico de la capitalina casa de altos estudios, un investigador que logre ese grado antes de los 30 años tiene mucho más tiempo en su vida profesional de tributar valiosos conocimientos y propiciar al mismo tiempo la educación científica de las nuevas generaciones.
Enfatizó de igual modo que un sólido programa de promoción de doctorados en todas las disciplinas científicas y tecnológicas posibles se convierte en una fuente inmediata y eficiente de obtención de resultados con impactos en la transformación de la sociedad.
Con los ojos puestos en los años venideros, la ciencia cubana apuesta por hacer realidad lo dicho por el Comandante en Jefe Fidel Castro, su máximo impulsor, el 10 de febrero de 1993 durante la inauguración del Centro de Biofísica Médica en Santiago de Cuba: la ciencia y las producciones de la ciencia deben ocupar algún día el primer lugar de la economía nacional... tenemos que desarrollar las producciones de la inteligencia, y ese es nuestro lugar en el mundo, no habrá otro.






















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