La reiteración del ejercicio parecería estéril solo analizada desde el ángulo estrictamente técnico, pues su aprobación no obliga a Washington a tomar cartas en el asunto. El valor del resultado de la votación descansa en otro sitio: es un claro termómetro de la opinión de la comunidad global sobre este; y eso cuenta mucho en términos de relaciones internacionales.
El modo en que cada uno de los gobiernos manifestó su parecer sobre la legitimidad o no del asedio estadounidense contra el Archipiélago transparenta la correlación de fuerzas y hasta saca a la luz algún que otro esqueleto escondido dentro del armario por algunos de los involucrados. Veamos:
A FAVOR 187
El número en sí mismo es contundente. La abrumadora mayoría de los gobiernos del mundo está de acuerdo en que el conjunto de medidas ejecutivas y leyes que las sucesivas administraciones de EE.UU. han establecido contra Cuba sobrepasan el límite de un conflicto binacional. Difícilmente se encontrará en la arena internacional una cuestión que suscite un consenso tan amplio como este. Coinciden en condenarlo autoridades que en otros ámbitos tienen diferencias rayantes en el antagonismo como India y Pakistán, Arabia Saudita e Irán o las dos Coreas. En la misma bancada vemos a repúblicas y monarquías, gobierno de derecha y de izquierda.
Semejante consenso es la resultante del enorme prestigio diplomático de La Habana y de la conciencia mayoritaria de que el bloqueo, más allá de cualquier consideración ideológica, pone en entredicho y vulnera el principio del respeto a la soberanía que cimenta las relaciones internacionales en la etapa de la post guerra.
Una vez más, la Asamblea General de la ONU rechazó por mayoría abrumadora el embargo que EEUU mantiene contra Cuba desde hace más de 6 décadas.
— Naciones Unidas (@ONU_es) November 7, 2019
Este es un resumen de lo que ocurrió en la jornada: https://t.co/cRihme5aJG pic.twitter.com/xiPmrrPARc
TRES EN CONTRA
Salvo la ocasión en que la administración Obama optó por abstenerse, la atención alrededor de quienes votan en contra de la resolución cubana siempre se ha dirigido hacia quienes acompañan a la Casa Blanca en el banquillo del ridículo.
Desde la primera vez que el texto cubano fue puesto a consideración de la Asamblea General de la ONU invariablemente Israel ha votado en contra. Su enemistad con el Gobierno revolucionario cubano es tal que ni siquiera en medio del deshielo post 17D cuando la entonces administración demócrata se colocó en el ángulo de la abstención, Tel Aviv abandonó su “vendetta” particular con Cuba por su histórica postura de apoyo a la causa palestina. Vale recordar además, los estrechos lazos que unen dentro de los propios Estados Unidos a los sectores más "ultras" de la derecha anticubana y sionista.
Este año apareció por primera vez votando en contra Brasil o para decirlo con más precisión el Gobierno de Jair Bolsonaro. El abandono del Palacio de Planalto de su tradicional posición de respeto al derecho internacional en el caso del conflicto cubano-estadounidense transparenta la insensatez que prima en el gobierno más derechista padecido por el gigante sudamericano desde la época de las dictaduras militares. Bolsonaro ratifica así su total servidumbre a los designios de Donald Trump. Senda que inició casi inmediatamente de llegar al poder prestándose a la burda campaña contra las misiones médicas cubanas en el exterior.
O governo Bolsonaro rompe com toda uma tradição diplomática e democrática do Brasil, ao votar na ONU, pela primeira vez em 27 anos, a favor do embargo americano contra Cuba, assumindo mais vez sua submissão ao governo Trump.
— Dilma Rousseff (@dilmabr) November 7, 2019
DOS ABSTENCIONES
La bancada de las abstenciones es mucho más compleja, aunque igual de ilustrativa de las veleidades que suelen rodear a estos foros multilaterales. Cuando votaciones similares a esta ocurrieron en la década del 90 del pasado siglo, la lista de quienes preferían no tomar una actitud clara era mucho más amplia, pues muchos gobiernos no estaban dispuestos a enfrentarse a las represalias de una superpotencia en el pináculo de su poder luego de la victoria en la Guerra Fría. Tampoco faltaron quienes optaron por mantenerse al margen de un conflicto que creían a punto de terminar por cuanto esperaban la inminente caída de la Revolución Cubana tras la desaparición de la Unión Soviética.
Más tarde habitualmente vimos aparentar una posición equidistante a pequeños estados insulares del océano Pacífico con estrechos nexos económicos con su antigua metrópoli norteamericana. Sin embargo, este año las abstenciones sacan a la luz odios y pragmatismos de la peor calaña.
Los rencores llegan desde Bogotá que pretende “castigar” a Cuba por su irrestricta solidaridad con la revolución bolivariana, mientras continúa socavando los progresos alcanzados por sus predecesores en la construcción de un consenso hemisférico sobre la base de la unidad en el sustento del respeto a las diferencias. El presidente colombiano Iván Duque ha pasado por alto completamente el rol positivo de La Habana en el proceso negociador que llevó a la mesa de negociaciones a la mayor guerrilla de su país. Esta abstención es, también, una puñalada al proceso de paz colombiano porque envía en preocupante mensaje de que el actual Gobierno ni siquiera respeta la lógica buena voluntad que debía primar con los países garantes del proceso negociador.
Al Ministro de Justicia de EEUU Trump le pidió que diera una conferencia de prensa diciendo que el presidente no había violado ninguna ley en su llamada chantajeando a su colega ucraniano para que buscara lodo para ensuciar a su rival Joe Biden según publica The Washington Post pic.twitter.com/edsOGxfiw0
— Jorge Gestoso (@JorgeGestoso) November 7, 2019
El caso ucraniano es diferente, pero igual de interesante. No tanto por tratarse de un Gobierno de Europa Oriental, quienes a menudo han secundado con una fidelidad digna de mejor causa las órdenes del Departamento de Estado, sino porque ahora mismo Ucrania es parte crucial del proceso hacia un juicio político contra Donald Trump.
Las presiones de Trump contra el presidente Volodímir Zelenski para que le ayudara a arrojar lodo sobre su rival demócrata Joe Biden son la base del impeachment demócrata contra el magnate inmobiliario. Kiev está urgida de agradar a Washington para que este le desbloquee varias decenas de millones de dólares prometidos en ayuda económica y, si bien no estuvieron de acuerdo obtenerlos hurgando en los negocios de la familia Biden en su territorio. Ahora al parecer creen haber encontrado la llave de la billetera estadounidense uniéndoseles en el salón de la Asamblea General.
Esto puede que les funcione a corto plazo, mas, la historia está llena de ejemplos de quienes terminaron irremediablemente aplastados por la debilidad de inclinar la cabeza ante la presión y el chantaje.


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