Viernes, 16 Junio 2017 07:20

Binomio perfecto: decir y hacer

Escrito por Freddy Pérez Pérez

Estos son los documentos más estudiados, discutidos y rediscutidos en la historia de la Revolución, y tal vez de la República de Cuba. Raúl Castro Ruz

Ciertamente, la preparación del Vll Congreso del Partido Comunista de Cuba primero, y su celebración después, implicó un amplio proceso de masas desde la base hasta las estructuras superiores, las cuales se nutrieron de un rico caudal de opiniones y criterios para perfeccionar nuestro socialismo. 
De ese gran torrente de pensamiento colectivo emanado de millones de personas, fue formulada la Conceptualización del Modelo Económico y Social Cubano hasta el 2030, el plan del 2017-2021, y los ejes principales del desarrollo integral del país, complementado con la aprobación de los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución, suerte de termómetro para medir las acciones.
Con ese arsenal de mecanismos instituidos y refrendados por las máximas instancias del Partido y del Gobierno, ahora de lo que se trata es de trabajar con eficiencia para materializar lo plasmado en dichos textos, que constituyen la guía en la acción cotidiana sin exclusión de nadie, porque todos somos actores.
Considero que hacer bien las cosas, como nos exige el Primer Secretario del Comité Central del Partido, es elevar la producción de alimentos en primer término, por su esencial importancia estratégica e, incluso, de seguridad nacional en sustitución de importaciones;  así como incrementar de manera sostenida, sin altibajos anuales, los volúmenes de azúcar.

Para ello, resulta imprescindible evitar la caída de los estimados cañeros con siembras de alta calidad y atención cultural de los campos, en busca de más materia prima para la industria.
Aprovechar al máximo los recursos que sitúa el Estado en función de cumplir el plan y materializar las cifras económicas aprobadas en el presupuesto, constituye algo sagrado en la responsabilidad individual y colectiva, porque es necesario desterrar de una vez por todas, el lenguaje empresarial de pagar salario sin respaldo material o productivo y lo que es peor, incluso, laborar menos horas de las previstas.

Si aspiramos a una nación próspera y sostenible, que sí es posible alcanzar, hay que enfrentar la conducta de holgazanería que aún pulula por ahí, pues una elevada cifra de personas no aporta lo suficiente al desarrollo de la sociedad, aunque goza de los mismos beneficios al alcance del resto que sí responde.
Un aspecto que sigue golpeando al capital de trabajo que se destina cada año a las inversiones económico-sociales, es la mala calidad de las obras "terminadas", pues pocos meses después de comenzar su explotación, es necesario reinvertir dinero y prácticamente levantarlas otra vez, a cuenta de las chapucerías que tan caro cuestan. Apremia eliminar el robo, los desvíos de recursos y las decisiones mal tomadas.
Si cada cual cumple lo implementado a partir del hogar hasta la empresa socialista -desde donde "subieron" las sugerencias para los cambios y las transformaciones en marcha- no caben dudas de que los resultados aparecerán a favor de Cuba, aunque es mucho lo que falta todavía.
Sustento tal criterio, porque a pesar de las dificultades y las deficiencias enumeradas anteriormente, son evidentes los avances que se observan en los diferentes ángulos del desarrollo económico y social de la Isla: turismo, salud, educación, cultura, deportes, vivienda, el transporte, capacidad energética, redes hidráulicas, adquisición de medios de cocción de alimentos como parte de la elevación del nivel de vida...
Avanzar más o no, dependerá de cómo sean aplicados eficientemente los conceptos económicos: gastos e ingresos, ganancias, costos, finanzas, precios, aportes fiscales, controles... sin violar los principios de la planificación y la contabilidad, según lo concebía el Che.
La plataforma del desarrollo diseñada desde abajo hacia arriba y el retorno a sus orígenes, constituye una genuina expresión de democracia, porque somos autores e intérpretes de la obra colectiva. El triunfo está asegurado si somos fieles al concepto de Revolución que, como impronta, dejó para siempre nuestro líder histórico, Fidel Castro Ruz.

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