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Las Tunas.- Por unos días fue un secreto a voces, mas rápidamente se confirmó: regresaría la actividad de los mercados agropecuarios de libre concurrencia y la oferta de la carne de cerdo en las tarimas de siempre podría efectuarse… de nuevo. Justo cuando inicia el segundo trimestre del año, las autoridades de Gobierno en Las Tunas dieron luz verde a una comercialización más diversa de productos agropecuarios, intentando dos cosas a la vez: por un lado, incentivar la producción a través de la diversificación de los canales mediante los cuales los productores acceden al mercado, y por otro, que eso ocurra bajo ciertos límites, que en este caso serían los precios máximos.

Algo parecido ya estaba ocurriendo en otras provincias como Ciego de Ávila. También con el declarado propósito de buscar esa eficiencia y descentralizar funciones. Allá, desde el mes de noviembre, dos mercados transformaron su estatus en microempresas con capacidad financiera y contratos directos con campesinos.

DE QUE SE PUEDE... ¡SE PUEDE!

delegado de la Agricultura Yoel MartínezEl camino escogido en el Balcón del Oriente Cubano coloca a los vendedores privados, cuyo ejercicio no está permitido por la Ley, bajo la sombrilla de granjas estatales, permitiéndoles a las arcas públicas nutrirse y a los consumidores ampliar su diapasón de opciones.

Para finales de mes deberán funcionar más de dos mil puntos para la comercialización, anuncia Yoel Martínez Vargas, delegado aquí del Ministerio de la Agricultura (Minag). La idea -dice- es crecer, sobre todo, en las comunidades, para que las cosechas lleguen frescas: “Hay municipios que van a la vanguardia y proponen más en sus diversas modalidades, como Puerto Padre y Colombia, antecedidos por Las Tunas”. 

En la cabecera territorial, especifica, se proponen arrendar más de 96 sitios. “Próximamente se le arrendará el mercado Bonachea al usufructuario Árgel Fundora, del organopónico Los Vegetales. Será un buen ejemplo del servicio tanto del agro, como de flores, plantas ornamentales, jugueras y mercados”, afirma.

“Acopio, insiste, como entidad comercializadora va a ser igual a las demás. Solo con la característica de asumir el consumo social. Tiene que ser competitiva y comprar como las otras formas de gestión”. Advierte, que tendrá mucho más importancia no solo el contrato en sí mismo entre productor y comercializador, sino, además, la calidad y el precio de la mercancía en función de su destino que es el encargo estatal o venta en los mercados.

¿LA RUTA CORRECTA?

Estas noticias oxigenaron el constante intercambio de criterios entre analistas de la política agraria cubana. “Es algo que recién comienza. Si los topes empiezan a aproximarse al precio de mercado (y la libra de carne de cerdo a 85.00 CUP va por ese rumbo), la propia evolución del proceso puede llevar a la desaparición de los topes”, dijo el economista Pedro Monreal, especialista del Programa de Ciencias Sociales y Humanas de la Unesco.

Lo anunciado en Las Tunas, opina, es un paso con un grado de flexibilidad notable. “Es cierto que existe una normativa nacional desde noviembre del 2020, que otorga facultades a los gobiernos locales para descentralizar, y se han tomado medidas en muchas provincias, pero hasta donde conozco, el 'paquete' local más flexible es el de Las Tunas”, aseguró.

El doctor en Ciencias Económicas de la Universidad de La Habana, Ricardo Torres, lo calificó de un “cambio interesante”. “Veremos si algo como esto empieza a implementarse en otras provincias, incluso, en La Habana”, expresó. Él no estuvo completamente de acuerdo con que un techo a los precios derivaría en el equilibrio predicho por Monreal; su efecto, indicó, no es homogéneo. “Hay productos en los que claramente estos están muy alejados del precio de mercado. La carne de cerdo es uno de ellos. Veremos si esta es una manera de acercarnos progresivamente a algo similar a un equilibrio de mercado”, sostuvo el profesor auxiliar e investigador del Centro de Estudios de la Economía Cubana (CEEC).

mangos LasTunas 2020CULTIVAR Y VENDER O LA SERPIENTE MORDIÉNDOSE LA COLA

La estrategia en marcha requerirá de una paralela potenciación de la producción a diferentes escalas y destinos. “El productor tiene que saber cuál es su contrato, porque hay que definir lo que tienen que entregar al consumo social, al encargo estatal y después lo que va para la comercialización de otras formas productivas de gestión. Todo parte del contrato. Ese es el gran reto de nosotros”, reflexiona el delegado del Minag en la provincia.

Afrontar este desafío implicará mucho trabajo, porque, admite, “muchas veces el productor ni sabe cuánto es lo que debe entregar”. “Por estos días hacemos la recontratación, cuyo objetivo no es aumentar lo contratado, sino asegurar que lo acordado sea con un respaldo real”, explica el directivo. Con relación a los topes de precios refiere que “se trata de que sean más o menos parejos para evitar que se trasladen hacia un solo municipio por el precio”.

“Es importante puntualizar que cuando se traiga algún producto de otras provincias para venderse en esta localidad tiene que estar con sus documentos legales: Pero no es aquí donde hay que verificar si ese productor cumplió o no. Nosotros controlamos que no haya afluencia de nuestros productos a otros territorios. Es por esto la importancia del contrato”, concluye.

PRECEDENTE RELEVANTE

Datos dados a conocer en un debate organizado por la revista Temas indican que el consumo total de alimentos de los cubanos depende entre un 60 y 65 por ciento directamente de las importaciones. La cifra de por sí es inquietante y más en medio de un escenario de recesión económica agravada por la pandemia de la Covid-19 y el recrudecimiento del asedio estadounidense a las transacciones comerciales con Cuba más allá de sus fronteras.

A esto, agréguese, que sondeos nacionales efectuados entre el 2011 y el 2019, citados por la propia fuente, indicaron que por el volumen de sus ventas físicas eran los primeros en el ranking, entre sus homólogos, los mercados agropecuarios estatales (MAE), seguidos por los puntos de venta, los de oferta y demanda, las cooperativas no agropecuarias que participan en esta actividad y los arrendados. Visto desde el ángulo de los precios, entonces el orden cambiaba un poco, pues si bien continuaban a la cabeza los MAE y las tarimas de barrio, luego se colocaban los carretilleros, los mercados de oferta y demanda, y, por último, los arrendados.

En el propio foro, Pedro Monreal acotaba que un escenario de esas características “exige tener en cuenta relación entre oferta-demanda y el funcionamiento de precios”; y Juan Triana, doctor en Ciencias Económicas y profesor titular del CEEC, hacía notar lo contraproducente que era continuar manejando esa situación desde la perspectiva centralizada y estatal. “Eso es, a mi juicio, una de las grandes contradicciones que en algún momento deben ser resueltas”, expresó.

Semejante heterogeneidad en el ecosistema de formas de comercialización, afirman los expertos, no puede ser interpretada solo desde el ángulo de la producción o desde el punto de vista de los precios, porque ambos en su conjunto expresan la diferenciación de poder adquisitivo existente en la sociedad cubana actual. Quizás lo que esté ocurriendo en Las Tunas y en otras provincias, como Ciego de Ávila, iría en la dirección de resolver esas contradicciones indicadas. Aunque, como aclara el profesor Ricardo Torres, lo hecho en esta parte de Cuba es apenas una senda de una autopista que tiene varias. “Lo que se puede lograr en cada provincia por separado tiene límites”, observa.

La flexibilización de los engranajes de compra y venta de productos agropecuarios se incluye entre lo que nuestros entrevistados apreciaron como un replanteamiento nacional de las políticas hacia el sector de la Agricultura. Son decisiones que no admiten dilaciones y que ya están teniendo repercusiones en todos los eslabones de una cadena que empieza en el surco y termina en la mesa. Este proceso también lanza otro mensaje: desatar el "nudo gordiano" de la producción-comercialización de productos agropecuarios en Cuba vendrá por interpretar al asunto en la complejidad de considerar a los árboles que componen el bosque.

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