
China tiene 323 millones de personas de 60 años o más -el equivalente a casi toda la población de Estados Unidos- que se han convertido en el motor de la denominada economía plateada, un sector que en 2025 movió alrededor de 1,1 billones de dólares y para 2035 tiene previsto generar 4,2 billones de dólares , casi el 10 por ciento del Producto Bruto Interno (PBI), según las estimaciones oficiales más conservadoras.
El XV Plan Quinquenal (2026-2030), recientemente aprobado, ratificó el giro de los últimos años en la gestión del envejecimiento poblacional, ya que a diferencia de la postura occidental que tiende a ver a los ancianos como una carga social, China los viene reconfigurando como un activo económico. Quizás sea por eso que en la Oficina Nacional de Estadísticas (NBS) aseguran que jamás llamarían “clase pasiva” a los ancianos, sino todo lo contrario.
En los últimos meses se anunciaron una serie de 36 medidas que buscan expandir el consumo de quienes representan el 23 por ciento de la población, a partir de la creación de calles comerciales, fomento del turismo cultural y simplificación de las plataformas de comercio electrónico para que los mayores sientan que la modernidad también los incluye. Sobre todo si tienen tanto para gastar. Y tienen ganas de hacerlo.
Un párrafo aparte para los llamados “círculos de vida de 15 minutos”, donde los adultos mayores pueden conseguir todo lo que necesitan en ese lapso de tiempo, desde atención sanitaria de urgencia hasta servicios de esparcimiento y acceso a una amplia gama de ofertas comerciales.
Beijing apuesta a la tecnología más dura: big data, inteligencia artificial y hasta el sistema de navegación BeiDou. Todo sirve para enterarse si el abuelo se cayó o si su ritmo cardíaco se disparó mientras miraba televisión. Incluso, se habla de interfaces cerebro-computadora, exoesqueletos y que un robot sea el que ayude a levantarse a quien ya no puede hacerlo por sus propios medios.
Un dato alcanza para entender la escala: el mercado de cuidado inteligente alcanzó los 900 mil millones de yuanes (124 mil millones de dólares) en 2025 y tiene proyecciones para superar los 1,2 billones de yuanes este año.
“Desarrollar la economía plateada es necesario para responder al envejecimiento poblacional y además constituye una palanca para generar nuevos motores de crecimiento”, explicó la economista Li Banghua, funcionaria del Ministerio de Asuntos Civiles.
Ahí está la clave. Mientras el mundo discute si los viejos son una carga, China diseña -y aplica- el manual para que dejen de serlo. No es poco para un país que alcanzó los 79 años de esperanza de vida, equiparable al de muchas naciones desarrolladas, y que en una década sumará la nada modesta cifra de 400 millones de adultos mayores.
LOS NUEVOS HOGARES
En este contexto, la consultora All View Cloud, con sede en Beijing, informó que el mercado de electrodomésticos superó los 100 mil millones de yuanes (14 mil millones de dólares) en 2025 y se espera que alcance el billón de yuanes en 2030. La empresa de investigación Euromonitor proyecta que para 2040 las personas de 60 años o más representarán el 34 por ciento del gasto total de consumo en China, frente al 24 por ciento actual.
Las grandes empresas ya están adaptando sus productos a esta nueva realidad. El Grupo Haier, gigante de los electrodomésticos, ha desarrollado robots de rehabilitación con inteligencia artificial que ofrecen planes personalizados según las condiciones físicas de los clientes. La compañía también ha lanzado sanitarios diseñados para ancianos con movilidad reducida, duchas y baños con control de temperatura constante y reconocimiento de voz.
El Grupo Hisense, por su parte, comercializa televisores con protección visual de nivel médico. A través de estos dispositivos, los jubilados pueden jugar, hacer ejercicios, comprar en línea y mantener videollamadas con amigos y familiares.
Jiang Feng, presidente de la Asociación de Fabricantes de Electrodomésticos de China, señaló que las principales firmas están intensificando la innovación tecnológica para este segmento.
Según una investigación del China Daily, funciones como la interacción inteligente por voz y la monitorización de la salud, impulsadas por inteligencia artificial, están cada vez más integradas en los electrodomésticos. Así se facilita el uso de productos innovadores por parte de las personas mayores y, de paso, se generan nuevos motores de crecimiento.
LA OTRA FRONTERA
No todo cierra. Investigadores de Euromonitor advierten que muchos jubilados rurales sobreviven con pensiones de apenas 200 yuanes al mes (unos 28 dólares), lo que limita considerablemente su capacidad de participar de este auge de consumo. La brecha entre el campo y la ciudad sigue siendo significativa, y la infraestructura de cuidado en las zonas rurales dista mucho de alcanzar los estándares urbanos.
El analista Li Jia, del Instituto Pangoal, señaló que China necesita soluciones diversificadas y adaptadas a cada región. Las necesidades de los jubilados en Shanghái no son las mismas que las de los ancianos que viven en aldeas remotas. La desigualdad territorial es una asignatura pendiente que el Gobierno reconoce e intenta abordar con programas específicos de asistencia social y váucheres de salud.
Un estudio publicado en 2025 por la Biblioteca Nacional de Medicina de Estados Unidos, basado en una muestra de 276 casos en las ciudades de Ningbo, Hangzhou y Wenzhou, reveló que los ancianos urbanos gastan en promedio tres mil 980 yuanes al mes (unos 550 dólares), mientras que los rurales gastan dos mil 502 yuanes (unos 345 dólares).
Investigaciones recientes de la revista académica Población y Economía demostraron que la población rural mayor de edad tiende a incrementar su gasto en ocio, educación, dispositivos electrónicos y bienes de consumo diario a medida que envejece. Esta evidencia desmiente la idea, bastante extendida en algunos ámbitos, de que los ancianos rurales chinos carecen de poder adquisitivo.
JUBILADOS, PERO NO RETIRADOS
En septiembre del 2024, la Asamblea Popular Nacional aprobó un plan para retrasar la edad de jubilación de manera gradual. Durante los siguientes 15 años, la edad de jubilación de los hombres pasará de 60 a 63 años. La de las mujeres que trabajaban en oficinas, de 55 a 58 años, y la de las que realizaban trabajos manuales, de 50 a 55 años.
El Gobierno presentó esta reforma como una adaptación a la nueva realidad demográfica y como una herramienta para aliviar la presión sobre el sistema de pensiones. Quienes se jubilan más tarde tienen más años de aportes y acceden a mejores haberes.
El contraste con lo que sucede en la mayoría de los países occidentales es notable. O, al menos, molesto para algunos analistas y dirigentes políticos. El envejecimiento poblacional suele asociarse con crisis de los sistemas de pensiones, recortes asistenciales y servicios de Salud colapsados. Los hijos mantienen a los padres cuando pueden y muchos ancianos deben recortar gastos al límite de la supervivencia.
En China, en cambio, el jubilado urbano promedio tiene otras posibilidades económicas. La consultora Oxford Analytica admitió, en un informe del 2025, que el creciente nivel de ingresos de las clases medias, incluso en ciudades más pequeñas, sumado a los menores costos de vida en las zonas rurales, está expandiendo el mercado de consumo más allá de las megaciudades como Beijing y Shanghái.
Confucio decía que a los 60 años el oído ya no se equivocaba, y a los 70, se podía seguir el corazón sin violar las reglas. Hoy podría agregarse que a los 80, la experiencia se combina con enormes dosis de consumo. No es que los ancianos chinos hayan perdido la sabiduría. Es que, ahora, pueden darse el lujo de disfrutarla. Y pagarla.