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El experimento viral de los robots en China 1

Un robot deberá enhebrar una aguja en menos de dos segundos, otro abrir una botella sin romperla y un tercero participará en un simulacro de extinción de incendios. Estas serán algunas de las pruebas que tendrán lugar en Beijing durante los Juegos Mundiales de Robots Humanoides 2026, un evento que si bien es deportivo, mostrará al mundo las posibilidades de aplicación cotidiana de los últimos avances de la industria robótica china.

Más del 40 por ciento de las pruebas integrarán un segmento especial llamado “Competencias en escenarios reales”, que estará orientado a actividades de la vida diaria y a tareas de motricidad fina. Detrás de la exhibición, se renovará uno de los interrogantes que sigue interpelando el debate tecnológico mundial: ¿qué país logrará entrenar mejor a sus robots? 

China cree saber dónde se juega la respuesta. En cierto modo, Beijing pretenderá utilizar los juegos como la vidriera de una transformación global en la que corre con ventaja, según admiten analistas como Zornitsa Todorova, del influyente banco británico de inversión Barclays. “La década de la robótica pertenece a China”, resumió la especialista al poner en la balanza una serie de indicadores de la Federación Internacional de Robótica (IFR).

Según las comparaciones de la IFR, China instaló unos 295 mil robots industriales durante 2024, mientras Estados Unidos incorporó poco más de 34 mil, al tiempo que el parque operativo chino superó los dos millones de unidades, frente al estadounidense que rondó los 394 mil.

Las diferencias fueron tan amplias que el debate excedió la competencia entre empresas y desató una virtual polémica sobre la capacidad de Estados Unidos para acortar la distancia con China, en un sector considerado estratégico por Donald Trump.

Informes de Barclays y de la consultora estadounidense IDC coincidieron que durante 2025 se desplegaron alrededor de 15 mil robots humanoides en todo el mundo, de los cuales cerca del 85 por ciento fueron suministrados por empresas chinas.

En cuanto a la innovación, la Oficina Europea de Patentes (EPO) señaló que alrededor del 70 por ciento de las patentes mundiales de robótica registradas desde 2000 tuvieron origen chino. Solo en 2023, el país asiático presentó más de 30 mil solicitudes, según datos del China Daily.

A eso se sumó que China controla alrededor del 90 por ciento de la capacidad mundial de refinado de tierras raras, minerales fundamentales para la robótica y otras industrias de alta tecnología, según la Agencia Internacional de Energía (IEA). “Se ha vuelto casi imposible construir un robot humanoide sin piezas de empresas chinas”, admitió Ming Hsun Lee, director para la Gran China en Bofa Global Research, una unidad del Bank of America, en The New York Times.

Pero los números de fabricación no explican, ni justifican, todo. Desde Beijing advierten que la verdadera ventaja china quizás sea su capacidad de disponer de cientos de millones de personas que, todos los días, interactúan con robots y aportan un enorme caudal de información para entrenarlos.

LABORATORIO COTIDIANO

En efecto, cada robot que recibe a un cliente, reparte comida o guía pacientes dentro de un hospital está haciendo algo más que cumplir una tarea para la que fue programado. También está aprendiendo en tiempo real, en una convivencia entre humanos y máquinas que viene ocurriendo desde hace más de dos décadas en países como EE.UU. y Japón, pero que hoy tiene otras dimensiones en China. 

Lo que distingue al país asiático es su gigantesca escala. Con una población urbana de aproximadamente 940 millones de personas, más de 10 mil empresas compitiendo en el sector y una política industrial orientada a acelerar la robotización, China dispone de un campo de pruebas difícil de replicar en cualquier otro rincón del mundo. 

Un artículo publicado por China Daily relató la experiencia de una niña que se asustó frente a un robot humanoide instalado en un comercio, pero pocos meses después lo buscaba para jugar cada vez que visitaba el lugar. El ejemplo ilustra algo que empieza a repetirse: los robots dejaron de ser una curiosidad tecnológica para convertirse en parte del paisaje urbano. Para las empresas, esa presencia tiene un valor estratégico porque cada interacción con usuarios reales genera información que luego sirve para corregir errores, ajustar algoritmos y mejorar el desempeño de las máquinas.

Frente al natural entusiasmo que genera este proceso en la industria, la socióloga del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT), Sherry Turkle, advirtió que "estamos diseñando tecnologías que nos darán la ilusión de compañía, pero sin las exigencias de la amistad". Para la investigadora, la cuestión ya no es qué pueden hacer los robots, sino qué tipo de vínculos comenzarán a reemplazar.

Esta naturalización de la robótica se viene expresando con fuerza en el ámbito educativo chino, donde 43 universidades lanzaron este año 100 nuevos programas de estudio. “Si China pretende liderar la próxima generación de robots, también necesita formar a los ingenieros, programadores y técnicos encargados de diseñarlos, fabricarlos y perfeccionarlos”, planteó el vicepresidente del Instituto de Investigación de Tecnología y Estrategia (TSRI), Chen Jing.

En esa misma dirección avanzó un nuevo marco regulatorio de 17 medidas, anunciado hace días por el Ministerio de Comercio, para acelerar la llegada de millones de robots a hogares, industrias y comercios. Quizás, otra de las preguntas del millón sea qué impacto tendrán en un país donde el desempleo juvenil es uno de los temas a resolver.

El experimento viral de los robots en China 2LA FRONTERA DE SHENZHEN

Basta mirar Shenzhen para entender de qué hablamos cuando apuntamos a la escala china. La ciudad produjo cerca de ocho millones de robots durante 2025, a un ritmo difícil de igualar en EE.UU. o Europa. Al mismo tiempo, la Corporación Estatal de la Red Eléctrica ejecutó un plan de mil millones de dólares para desplegar ocho mil 500 robots en el mantenimiento de líneas de alta tensión, mientras investigadores de la Academia de Ciencias de China desarrollaron un sistema capaz de realizar inyecciones intraoculares con un 100 por ciento de éxito en pruebas con animales.

Los analistas de mercado de Barclays estimaron que China podría desplegar unos 11 millones de robots humanoides por año hacia 2035, frente a un total global que llegaría a cerca de 13 millones. El cálculo parece propio de la ciencia ficción. Sin embargo, hace apenas dos décadas también parecía improbable que China dominara los mercados de los paneles solares, las baterías para vehículos eléctricos o la producción mundial de drones.

A pesar de estos datos, es justo señalar que no todos comparten el mismo entusiasmo. El economista Daron Acemoglu, premio Nobel de Economía 2024 y profesor del MIT, advirtió que puede ser peligroso privilegiar el optimismo tecnológico sobre los resultados económicos. "Estamos usando la IA demasiado para automatizar y no lo suficiente para aportar conocimientos e información a los trabajadores", afirmó. La observación apuntó a una duda que todavía sobrevuela: si los robots humanoides terminarán generando ganancias de productividad suficientes para justificar las millonarias inversiones que hoy requieren.

En este contexto, nadie sabe todavía si los robots humanoides terminarán siendo tan revolucionarios como lo fueron internet y los teléfonos inteligentes. Pero la industria ya se comporta como si la respuesta fuera afirmativa.

Cuando los Juegos Mundiales de Robots Humanoides comiencen a finales de agosto en Beijing, buena parte de la atención estará puesta en el medio centenar de pruebas que se realicen en el estadio "Ice Ribbon" y otros escenarios. Pero la verdadera competencia china transcurrirá en otro lado. Estará en las fábricas, hospitales, comercios, universidades y hogares de todo el país, donde cientos de millones de personas ya participan, muchas veces sin advertirlo, en el entrenamiento de la próxima generación de robots.