
A las 9 de la mañana, Huang Feng abre la puerta de cristal y se dirige a su puesto de trabajo en el Parque Tecnológico Tianfu de Chengdu, en la provincia de Sichuan, al suroeste de China. Exdirector creativo de una agencia de publicidad, su tarjeta de presentación ahora lleva la palabra "Fundador". La empresa en la que trabaja tiene un solo empleado. Él mismo.
Así comienza un reciente informe de la agencia de noticias Xinhua sobre el auge de las empresas unipersonales (OPC) en la República Popular China, un país que construyó buena parte de su desarrollo sobre una lógica colectiva y hoy tiene más de 16 millones de empresas unipersonales, equivalentes al 27,4 por ciento del total de compañías del país, según el Libro Blanco sobre las Empresas Unipersonales en China 2026, elaborado por la plataforma especializada OPC Quan.
No es un fenómeno nuevo. La Ley de Sociedades china ya las contemplaba desde 2006, aunque durante años tuvieron una presencia marginal por las dificultades que implicaba ponerlas en marcha. La irrupción de la inteligencia artificial (IA) cambió ese escenario y, ahora, herramientas como DeepSeek, OpenClaw o Zhipu AI permiten que una sola persona pueda asumir tareas que antes requerían equipos completos, con todo lo que eso implica para la eliminación de empleos y, al mismo tiempo, el surgimiento de nuevas oportunidades, tal como lo explica Liu Yiming, profesor asociado de economía en la Universidad de Shandong.
"Las empresas unipersonales - plantea Liu - rompen con las limitaciones del empleo tradicional, a través de un modelo que permite a profesionales, autónomos y graduados universitarios convertir sus habilidades en valor empresarial. Sin una gran inversión, viven en primera persona la transición de empleado a emprendedor”.
La oficina se achicó, es verdad. Y el organigrama también. Aunque, en China, hasta el individualismo parece haber aprendido a trabajar en equipo.
LA OTRA MANO
Si Adam Smith imaginó una mano invisible ordenando el mercado, el auge de las OPC chinas parece responder a otra perfectamente visible que financia, planifica y orienta millones de iniciativas. La vieja discusión entre Estado y mercado encontró en China una tercera respuesta: la empresa unipersonal como política pública.
En China, el emprendedor también existe. No es un invento del neoliberalismo. La diferencia es que no nació huérfano del Estado.
La evidencia más clara aparece en el plan "IA Plus", lanzado en 2024 y reforzado un año después para integrar la inteligencia artificial a todos los sectores de la economía. En ese marco, las empresas unipersonales pasaron a ocupar un lugar central en la estrategia para acelerar la innovación, ampliar las oportunidades de empleo y contribuir a la estrategia de desarrollo de calidad.
En este contexto, más de 20 ciudades chinas han incorporado las OPC a sus planes de desarrollo. Por ejemplo, en la Zona Especial de Lingang, en Shanghái, crearon la comunidad Zero Cube, donde ofrecen oficinas y alojamientos gratuitos. En solo cinco meses se instalaron más de 150 startups, por lo que redoblaron la apuesta y extendieron los espacios gratis a un máximo de tres años, además de entregar subsidios que cubren hasta el 80 por ciento de las herramientas de IA y casi 450 mil dólares por proyecto a través del Fondo de Innovación Juvenil de China.
El apoyo no se limita a Shanghái. Guangdong anunció un plan para desarrollar mil OPC vinculadas con IA antes de 2028, mientras que más de diez ciudades del delta del Yangtsé comenzaron a ofrecer incentivos similares. Según OPC Quan, ya existen 143 comunidades especializadas distribuidas en 38 ciudades chinas, una infraestructura que difícilmente encuentre equivalente en otro país.
Estas subvenciones y programas de apoyo persiguen más de un objetivo. Además de acelerar la incorporación de la IA en la economía, buscan ampliar las oportunidades de inserción laboral frente a un desempleo urbano que se mantiene por encima del 5%. Por ahora son solo expresiones de deseos. La realidad es que todavía no existen estadísticas oficiales para sostener que se haya movido demasiado el amperímetro.
HIJOS DE LA IA
Detrás de buena parte de estas OPC aparece una generación nacida después de 1990 y, especialmente, después del 2000. Crecieron con la tecnología y consideran natural utilizar la IA como una extensión de su propio trabajo. Ese perfil explica por qué las empresas unipersonales encontraron un terreno fértil entre los jóvenes emprendedores chinos.
A juzgar por las estimaciones del Libro Blanco, el fenómeno recién empieza. Actualmente, solo el cuatro de los trabajadores de la industria del conocimiento desarrolla su actividad mediante una empresa unipersonal. Para 2050, la proyección es que ese porcentaje llegue al 65 por ciento, a medida que la inteligencia artificial permita que una sola persona asuma más funciones.
Este entusiasmo, sin embargo, convive con problemas que la IA todavía no consigue resolver.
Aun con el respaldo estatal, las OPC todavía están lejos de convertirse en un camino libre de obstáculos. Wang Zixiang, fundador de Podcast Island, sostiene que la tecnología ayuda pero no alcanza para cubrir todos los desafíos que rodean a un negocio. "Aún se necesita el criterio humano para entrar en el mercado adecuado y ofrecer el producto correcto", afirmó.
Esta falta de madurez comercial se traduce en una cruda realidad a la que, por ahora, no pueden encontrarle la vuelta. Datos cruzados de la Administración Nacional de Regulación del Mercado de China (SAMR) y del centro de desarrollo Zero Cube revelan que entre el 80 por ciento y el 85 por ciento de las OPC cierran o quedan inactivas antes de cumplir sus primeros doce meses de vida. Los reportes de la consultora Volcanics Ventures muestran que detrás de esta altísima tasa de mortalidad conviven el fin de la primavera de los subsidios estatales y las reglas más salvajes del mercado.
El llamado "valle de la muerte" financiero se desata apenas vencen los plazos de alojamiento gratuito y el emprendedor debe empezar a pagar por su cuenta los servidores y licencias de IA, en un entorno ya saturado por una feroz guerra de precios.
A ese ahogo comercial se suma la desprotección jurídica, que arrastra a casi un 30% de las firmas caídas a disputas legales por el uso involuntario de códigos o contenidos que infringen patentes de propiedad intelectual.
Ese contraste revela que las OPC no son un simple programa de subsidios. Constituyen una política que busca ampliar la capacidad innovadora del país y abrir nuevas oportunidades de trabajo. El Estado crea las condiciones para que nazcan. Después, cada proyecto debe demostrar que puede sostenerse.
Cuando Huang Feng abre cada mañana la puerta de su oficina de menos de dos metros cuadrados, la escena parece encajar con la imagen clásica del que está construyendo su destino en soledad. Sin embargo, detrás de esa historia hay bastante más que un emprendedor dispuesto a correr riesgos. Hay un Estado que decidió convertir el trabajo individual en una herramienta de política industrial.
En China, la fuerza de uno sigue siendo el plan de todos.