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La fórmula china para volver a nacer

La juventud china considera el matrimonio como una opción, no como una obligación, y siente que las cuestiones económicas condicionan cada vez más las posibilidades de tener hijos, según revela una encuesta del Instituto de Investigación de Población de la Universidad de Pekín. El diagnóstico no parece demasiado distinto al de la mayoría de los países donde la natalidad viene cayendo desde hace años. Lo que cambia, en este caso puntual, es la respuesta del gobierno chino.

La República Popular China amplió en los últimos días su seguro de maternidad con una batería de medidas destinadas a fomentar los nacimientos a nivel nacional. “Todo está orientado a aliviar la carga económica de las familias”, explicó Wang Wenjun, subdirectora de la Administración Nacional de Seguridad Sanitaria (NHSA), al anunciar la noticia.

Según datos oficiales de los primeros siete meses de 2026, el fondo del seguro de maternidad había desembolsado 78.420 millones de yuanes (unos 11 mil 600 millones de dólares) para cubrir 25,56 millones de casos. De ese monto, ocho mil 990 millones de dólares correspondieron a subsidios destinados a compensar los ingresos durante las licencias, una ayuda que en la actualidad se otorga sin intermediarios a las beneficiarias.

La cobertura pasó de concentrarse en el parto a abarcar desde los controles prenatales hasta los primeros cuidados del recién nacido. El paquete incluye subvenciones, reembolsos médicos y servicios de guardería a precios accesibles. En más de 300 zonas de 28 provincias ya fueron eliminados los pagos directos por parto hospitalario. Los tratamientos de reproducción asistida también entraron al sistema y los procedimientos para aliviar el dolor durante el parto comenzaron a ser reconocidos en todo el país, informó la agencia de noticias Xinhua.

El nuevo sistema beneficia a unos 260 millones de personas, después del reconocimiento de los denominados trabajadores flexibles que estaban fuera del sistema. La decisión fue de un pragmatismo no menor, teniendo en cuenta que ese universo de repartidores de Meituan, conductores de Didi y profesionales independientes representa nada menos que el 44 por ciento de la fuerza laboral, según el Centro de Investigación sobre Nuevas Formas de Empleo de China

La ampliación del seguro de maternidad llegó en medio de una presión demográfica cada vez más compleja. En 2025 se registraron apenas 7,92 millones de nacimientos, la peor marca desde la revolución de 1949. La tasa de natalidad cayó a 5,63 por cada mil habitantes y la población se redujo en 3,39 millones de personas. Ya van cuatro años de descensos, en paralelo a un envejecimiento de la población que parece imparable: para 2035 proyectan que haya un jubilado por cada dos trabajadores activos, cuando hace 20  años la relación era de uno cada diez. 

En este contexto, no se necesitan demasiadas explicaciones para entender por qué la construcción de una “sociedad favorable a la natalidad” se convirtió en uno de los ejes prioritarios del XV Plan Quinquenal, la hoja de ruta china para el período 2026-2030.

NI COMPROMETIDO, NI CASADO, NI NADA

El economista Li Xunlei, de la firma Zhongtai International, proyecta que China podría caer por debajo de los mil 400 millones de habitantes en 2027 y llegar a los mil 300 millones hacia 2039. Se trata de un fenómeno que adquiere otra dimensión en tiempos de relativa tranquilidad, sin guerras mundiales de por medio: por primera vez en la historia contemporánea, la población se achica porque una generación elige no tener hijos.

En efecto, el sociólogo Wang Feng, de la Universidad de California (Irvine), considera que gran parte de la juventud urbana siente que la maternidad/paternidad no es el camino principal hacia la realización personal. "El sistema exige sacrificios que esta generación no está dispuesta a hacer a costa de su calidad de vida", sostiene el académico.

Esta tendencia también aparece en las encuestas.

Un sondeo de la consultora Zhaopin revela que el 47 por ciento de las jóvenes de la Generación Z no está dispuesta a tener hijos. El informe detectó una fuerte brecha de género. El 68,8 por ciento de las consultadas sostiene que la gestación y el cuidado infantil son una carga que recae sobre ellas y frena su carrera, mientras solo el 26,7 por ciento de los varones comparte esa mirada.

Otro estudio, publicado en la revista Ciencias Sociales de Ningxia, consultó a 29.489 estudiantes universitarios solteros de todo el país. Allí aparece un dato todavía más amplio: el 40,9 por ciento prefiere no establecer relaciones de pareja y el 43,5 por ciento no quiere tener hijos. El economista Yi Fuxian, de la Universidad de Wisconsin-Madison, naturaliza esta tendencia “como una gran roca rodando cuesta abajo” y señala entre sus posibles causas la política de hijo único que estuvo vigente durante décadas en China.

Sociólogos y analistas también coinciden en que el alto costo de la vivienda, la presión por la educación de los hijos y la inestabilidad laboral convirtieron el proyecto de tener hijos en un lujo que muchos no pueden afrontar. Ante este escenario, y más allá de la ampliación del seguro de maternidad, unos 25 millones de bebés y niños recibieron un módico subsidio anual de 532 dólares para cuidados, al tiempo que alrededor de 24 millones de chicos quedaron exentos de las cuotas correspondientes al último año del jardín de infantes. Para financiar estas medidas, el Ministerio de Hacienda destinó 14 mil 775 millones de dólares, un 10,6 por ciento más que en 2025.

Tener un hijo sigue siendo una determinación personal, o bien familiar. Lo que cambia es cuánto se pagará por hacerlo. El nuevo esquema amplía la protección desde el embarazo, incorpora tratamientos, reduce gastos médicos y suma a cientos de millones de trabajadores que, hasta hace poco, estaban fuera del sistema. Habrá que esperar para saber si todo eso alcanza para revertir la crisis de natalidad que desvela a China.