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El polvo aún flotaba sobre la grama del Latinoamericano cuando la realidad golpeó con la dureza de un rectazo: los Cocodrilos de Matanzas barrieron en cuatro juegos a nuestros Leñadores de Las Tunas. Duele. Escuece. Pero cuando se apaga el ruido de la celebración rival y se revisa el expediente completo de la campaña, lo que emerge no es una derrota total, sino una temporada de acero. Para entenderlo hay que mirar los números. Y no solo los de la final, sino el recorrido completo. Las estadísticas, aportadas por el máster en ciencias Modesto Castelló, dibujan lo que parece un desgaste en la última batalla.

UN EQUIPO QUE LO DIO TODO

En la fase clasificatoria de la 64 Serie Nacional las hachas tuneras cortaron y en grande. Colectivamente batearon para .317 con un OPS de .863 y 67 jonrones en 72 juegos. El picheo, con 4.27 de efectividad colectiva (PCL) y un promedio de embasados (WHIP, por sus siglas en inglés) de 1.53, sostuvo a un equipo equilibrado que con sobrados méritos encabezó la tabla. Pero quién sabe si por la pausa extendida que les habría sacado de forma en los cuartos de final la ofensiva comenzó a mostrar grietas: el promedio de bateo cayó a .287, aunque el OPS se mantuvo en .797 gracias al poder de seis jonrones en siete juegos. El picheo, sin embargo, mejoró sensiblemente: efectividad de 4.29 y WHIP de 1.25. Llegaron las semifinales y los Leñadores parecieron ajustarse: .314 de average, OPS de .796, pero con solo cuatro jonrones. Lo más revelador fue el picheo: 3.12 de efectividad y 1.21 de WHIP. Ante un rival con un cuerpo de serpentineros de clase nacional el equipo aprendió a ganar de otra manera, con menos poder y más control.

Y entonces vino la final. Allí -todos lo vimos, y los guarismos compilados por nuestro experto lo corroboran-, la ofensiva se desplomó: .228 de average, .651 de OPS, apenas dos jonrones. Pero el dato más escalofriante estuvo en el picheo: efectividad de 8.16, WHIP de 2.09, y un average rival de .363. Los bates, que habían sostenido al equipo en las fases previas, no pudieron completar la faena, especialmente con compañeros en los senderos, pues mientras Matanzas bateó .345 con corredores en bases, Las Tunas lo hizo para .255.

Las Tunas VS Villa Clara juego 6 cuartos final serie 64 0012PUNTALES DE UNA BUENA TEMPORADA

A pesar del revés sería injusto decir que fue una mala temporada, y desde la óptica de la sabermetría hay nombres que merecen capítulo aparte.

Yordanys Alarcón tuvo números envidiables: .374 de average, OPS de .963, 10 jonrones y 58 impulsadas entre serie regular y play-off. Su promedio de embasamiento ponderado o (wOBA, por sus siglas en inglés) superó el .400, y su OPS+ rondó los 140 (es decir, fue un 40 por ciento más productivo que el promedio de la liga. Dígitos de inmortal. Su hermano Yosvani fue otro sostén: .373 de average y OPS de .984 en la clasificatoria, aunque en la final bajó a .286. Su capacidad para producir carreras, (70 impulsadas en la serie regular, lo mantuvo como el receptor más confiable del equipo. Por su parte Yassel Izaguirre emergió como la gran revelación: .353 de average, OPS de 1.049 en la clasificatoria, con 20 dobles y siete jonrones. Su wOBA de .450 lo colocó en la élite ofensiva del torneo.

Henry Quintero llegó se convirtió en otro pilar indiscutible. El infielder, en clasificatoria, bateó para .328, aportó 14 jonrones y 61 impulsadas. Su OPS de .916 lo colocó entre los más productivos del equipo, aunque en los play-off ciertamente bajó. A la defensa, cometió 12 errores en 263 lances, pero su versatilidad para jugar segunda y tercera base resultó vital.

Luis Antonio Pérez Hemminges fue otro que dio un paso al frente. A sus 23 años, el utility disputó 401.1 innings en la clasificatoria, bateando .304 con OPS de .844 y 38 impulsadas. Su capacidad para jugar en varias posiciones del cuadro lo convirtió en un comodín de lujo para Pantoja. En la final, aunque sufrió con el picheo rival (apenas .100 de average), demostró disciplina al embasarse en cinco de sus 16 comparecencias, gracias a bases por bolas.

Norge Torres fue la revelación en el campo corto. Apenas con 21 años, el joven torpedero acumuló 287.2 innings en la clasificatoria, bateando .325 con OPS de .770 y una solvencia defensiva de solo ocho errores que impresionó a propios y contrarios. Su velocidad (seis bases robadas) y capacidad para embasarse (.384 de OBP) lo perfilan como una altenativa natural a Roberto Sullivan Baldoquín. En la postemporada, aunque el average bajó, mantuvo la confianza del mentor.Yusmel Garces LasTunas VillaClara cuyatros final juyego1 serie64 2025 0007

En el picheo, Yosmel Garcés fue el as indiscutible y no por gusto se llevé el premio José Antonio Huelga al mejor serpentinero diestro del torneo: 11-0 en la clasificatoria, efectividad de 2.80 y WHIP de 1.15 en 80.1 innings.

Alberto Pablo Civil, a sus 36 años, y sobreponiéndose a situaciones personales muy duras, siguió siendo el relevista de mayor uso en la temporada regular, con 17 presentaciones y 23 innings lanzados. Su récord de 2-2 y efectividad de 4.30 (WHIP de 1.91) reflejan un desempeño irregular, pero su capacidad para lanzar en situaciones de apremio lo mantuvo como opción recurrente, aunque mucho menos en la postemporada. Por su parte, Rodolfo Díaz fue el relevista más efectivo y utilizado del equipo. El jobabense de 28 años lideró el bulpén, con 31 presentaciones en la clasificatoria, 66.2 innings lanzados, nueve juegos ganados y efectividad de 2.43 (WHIP de 1.19). Sus números son de primer nivel en Cuba: 29 ponches contra solo 10 bases por bolas, y promedio rival de .262. En play-off, aunque con menos volumen, mantuvo la eficacia: en cuartos (tres juegos, 3.38 de efectividad), semifinales (dos juegos, 1.50) y final (2 juegos, 1.93). Su capacidad para lanzar múltiples innings y su control lo convirtieron en el relevo más confiable del staff. No podemos dejar de incluir al jovencito Andier Reyes, quien fue el brazo más utilizado desde el bulpén. El derecho de 23 años apareció en 22 juegos de la serie regular, lanzando 55.1 innings con efectividad de 5.53 y WHIP de 1.64. Su capacidad para lanzar en múltiples roles lo convirtió en un recurrente habitual en los momentos de apremio.

kenil Ferraz Las Tunas VS Villa Clara juego 6 cuartos final serie 64 0005Pero hubo un nombre que brilló por encima de todos desde el box: Keniel Ferraz. El derecho firmó cifras de lujo para una liga de bateo sobredimensionado como lo está siendo la cubana en estos tiempos: 1.78 de efectividad, WHIP de 1.14, y 69 ponches en 86 innings. Su FIP (independencia de la defensa, por sus siglas en inglés) rondó el 2.50, lo que indica que su dominio fue genuino. Y justo cuando aún no se habían apagado los micrófonos en el Latinoamericano habanero, una noticia le devolvió la sonrisa al pueblo tunero: Ferraz fue incluido en la nómina del equipo Cuba que viajará a Nicaragua para sostener varios partidos amistosos.

Se hizo justicia. El premio llega en reconocimiento a su gran temporada y a la consistencia demostrada en los últimos años dentro del béisbol cubano. La buena nueva cobró especial relevancia luego de que en días recientes el mentor Abeyci Pantoja manifestara públicamente su malestar por la exclusión inicial de Ferraz de esa novena que se medirá a los representantes de la patria de Sandino.

Yordanis Alarcon Las Tunas Campeon juego 4 final Vs industriales Serie62 2023 0029EL ADIÓS DE UN GIGANTE

El cierre de la campaña llegó con el anuncio de Yordanys Alarcón de que se retirará del deporte activo. Hablar de Yordanys Alarcón es decir constancia, liderazgo y excelencia ofensiva, las mismas que tuvo en el último turno al bate. Desde su debut con Las Tunas en la Serie Nacional 2000-2001, el infielder derecho se convirtió en una pieza clave del béisbol tunero y en uno de los bateadores más respetados de su generación.

En 24 Series Nacionales, Alarcón acumuló números impresionantes: dos mil 20 jits, promedio de por vida de .307, 986 carreras impulsadas, 890 anotadas, 307 dobles y 113 jonrones, con un OPS de .772. Su carrera ha estado marcada por la consistencia, con múltiples temporadas por encima de .300. Su mejor momento llegó en la Serie 2019-2020, cuando bateó .378 con 129 jits y 15 jonrones.

Más allá de los números, Alarcón ha sido símbolo de entrega y liderazgo dentro de la Cuadrilla, equipo con el que ha vivido los momentos más importantes de su carrera y donde se consolidó como una de sus principales figuras históricas. Su legado ya está asegurado como uno de los bateadores más consistentes, longevos y productivos en la historia de del deporte de las bolas y los strikes en el Balcón del Oriente Cubano.

leñdors subcampeones serie 64ELOGIO CORRECTO

“El reconocimiento también (sea) para Las Tunas, por llegar a su tercera final consecutiva”, dijo el presidente cubano Miguel Díaz-Canel desde sus perfiles en redes sociales, minutos después de concluido el desafío sabatino. Tras recibirlos personalmente junto al pueblo tunero en la Plaza Martiana de la capital provincial, un día después Osbel Lorenzo Rodríguez, primer secretario del Partido en la provincia, opinó: “Demostraron tener una gran vergüenza deportiva. Son inmensos como atletas y superiores como seres humanos. Gracias por tanta alegría que ustedes les han regalado a este pueblo. Nadie duda que Las Tunas es el mejor equipo de béisbol del último lustro en nuestras series nacionales y que son el orgullo de un pueblo que los quiere y los respeta”.

Llegar hasta la discusión del título ante un rival de excelencia no fue casualidad. Fue el resultado de un equipo que aprendió a competir desde el coraje yendo más allá de lo reflejado en la frialdad de las estadísticas. Este fue un grupo que tuvo que ir resolviendo problemas sobre la marcha, que sorteó obstáculos, que se rehizo más de una vez y nunca dejó de pelear por lo que defendía.

No pudo ser el cierre que querían, es cierto. Pero hay recorridos que se miden más por lo que revelan que por su desenlace. Y estos Leñadores mostraron una y otra vez su carácter. Defendieron su corona con la cabeza en alto. Nadie que haya seguido el camino puede reducir lo hecho a un resultado. Llegar hasta esta final también es ganar: ganar respeto e identidad, sumar a la memoria histórica.

En el deporte se triunfa y se pierde. Y lo hecho por esta generación de peloteros deja claro quién estuvo dispuesto a sostener la presión, a insistir, a no esconderse cuando tocaba dar la cara. Ellos lo hicieron.

Este no es un final sino un capítulo más de una historia que sigue escribiéndose. Porque lo que construyeron no desaparece con una medalla que no llegó. Se queda. Se acumula. Se convierte en base.

Y desde ahí, se vuelve a empezar. ¡Seguimos!