
Las Tunas.- En el fútbol, las fronteras duran lo que tarda el árbitro en hacer sonar su silbato. Un camerunés puede defender la camiseta de un club español, un brasileño convertirse en ídolo en París y un egipcio hacer historia en Inglaterra. La globalización ha convertido los vestuarios en auténticas torres de Babel y ha hecho de los jugadores que militan fuera de sus países de origen uno de los rasgos más visibles del fútbol moderno. Esa mezcla de nacionalidades ha producido alineaciones insólitas y hasta situaciones que parecen sacadas de la ficción.
En efecto, el 17 de febrero del 2017 se enfrentaron el Granada y el Real Betis, y, para sorpresa general, los granadinos alinearon con jugadores de 11 países distintos, entre ellos México, Francia, Camerún, España, Islandia, Uruguay, Nigeria y Ghana. Los bromistas no tardaron en bautizarlo como el Equipo de la Organización de Naciones Unidas (ONU). El 15 de abril del 2026, el Real Madrid hizo algo parecido ante el Bayern de Múnich: abrió con un once compuesto solo por jugadores foráneos. En el 2023 repitió esa formación contra el Villarreal, de nuevo sin representantes españoles.
El caso más extremo de identidad local lo protagoniza aún el Athletic Club de Bilbao, aunque en sentido contrario a los ejemplos anteriores. Este centenario equipo mantiene la singular política de alinear solo futbolistas nacidos en el País Vasco. Su once titular está compuesto siempre por españoles. Frente al Granada de las once banderas, el Athletic representa el último bastión de una rancia tradición. Confirman que en el más universal caben maneras distintas de entender el fútbol.
Un vistazo a las dos ligas europeas más importantes ratifica la diversidad geográfica de sus plantillas. La Premier cuenta con 396 extranjeros de 70 países. La Liga española, por su parte, tiene presencia de 216 de 63. Sus dos grandes clubes ofrecen una imagen contrastante: el Real Madrid cuenta con 17 extranjeros, mientras el Barcelona solo registra siete. La fuerza culé radica en La Masía, su acreditada cantera, donde se forman los futuros integrantes del primer equipo.
En el planeta fútbol existen 135 ligas, la mayoría de calidad inferior a las europeas y sudamericanas. Como no pueden pagar altos salarios, casi ninguno de sus clubes contrata extranjeros. En sus nóminas predominan los jugadores nativos, pues solo tres de cada 10 futbolistas son importados. Brasil lidera la contratación de jugadores, con mil 455 (hay futbolistas brasileños en todas las ligas del mundo), seguido por Francia, con mil 276, y Argentina, con mil 16. Cada mercado de fichajes alimenta una perspectiva cada vez más multinacional de las plantillas.
Sobre el tema hay individualidades curiosas, como el uruguayo Sebastián Abreu, el jugador que ha integrado las nóminas de más equipos en la historia. Durante su carrera vistió la camiseta de 32 clubes de 11 países. Otro trotamundos fue el alemán Lutz Pfannenstiel, quien defendió la portería de 25 clubes en 13 naciones de cinco continentes. Estuvo activo dos décadas, cambió de equipo varias veces y jugó en ligas exóticas como las de Singapur, Malasia y Nueva Zelanda.
El balón no pide pasaporte. Tampoco el gol, la atajada ni el regate. Por eso conviven en el mismo fútbol el Granada de las once banderas y el Athletic de la única: dos formas de entender el juego y una misma pasión. Porque cuando comienza el partido, todos hablan el idioma que se entiende con los pies. Al fin y al cabo, el balón no pregunta de dónde vienes; solo exige que sepas qué hacer con él.