El golpe sobre el rostro propio, alguna que otra palabrota, una frase denotativa de la confianza en sí mismo o simplemente un grito, preceden el inicio de la carrera, del salto, del lanzamiento…
A lo lejos los entrenadores quisieran estar bien cerca, pero las reglas se lo impiden. Así que no les queda otra que gritar: “Actívate que en los entrenamientos tú lograste esa marca”, “¡vamos Chunga que tú puedes!”…
El ímpetu de los atletas contrasta con la parsimonia de los jueces, siempre vestidos de blanco y que solo alzan la voz para dar a conocer la distancia hasta donde cayó el martillo, la jabalina, la bala…
Ya es una tradición que sea Las Tunas la sede del atletismo de los Juegos Nacionales Juveniles. Este año no fue la excepción cuando vimos durante una semana a más de 200 deportistas de todas las provincias.
Ahí está el futuro más inmediato de esta disciplina y que comienza a verse en muchos de ellos ya clasificados para el Panamericano de su categoría o, como la cienfueguera Roxana Gómez, con el boleto para el Mundial de mayores por celebrarse el mes próximo en Londres.
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