“Hablo en mi nombre y el de Armandito Martínez. Estar con la FEU aquí es una satisfacción tremenda. Muchísimas gracias por escogernos a nosotros para este intercambio tan bonito, tan natural”, dijo a teatro repleto en la casa de altos estudios.
Por enésima vez, el Elegante de las pistas revivió aquí el momento cumbre de su carrera deportiva: los Juegos Olímpicos de Montreal 1976, cuando se impuso en las pruebas de 400 y 800 metros planos.
Campeón, ¿algún sentimiento especial viéndose nuevamente lograr lo que ningún otro corredor pudo hacer?
“El único que siempre tengo: el agradecimiento a Fidel, a los mártires del Moncada y a todos los que hicieron posible mi participación allí. Le dediqué mi medalla a esos mártires porque ellos fueron la última llama de la independencia en Cuba. Porque gracias a ellos pude estar en esas Olimpiadas. Porque ya había libertad en Cuba y posibilidades de entrenar. Mi pensamiento más importante en ese momento fue para Fidel, que es el entrenador mayor de todos nosotros”.
De alguna manera usted es el rostro del éxito del deporte cubano, de la Revolución. ¿Cómo asume Juantorena el hombre, el cubano, el reto de enfrentarse en otros sitios del mundo a la tergiversación de la realidad del país?
“El mejor desmentido a eso que dicen soy yo mismo. Un muchacho pobre que fue bicampeón olímpico. Todas mis formulaciones se basan en esa fortaleza. ¿Qué hubiera sido de mí sin la Revolución, si no hubiera tenido todas las posibilidades de entrenar, viajar y competir? ¿Qué hubiera sido de mí sin la presencia de Fidel, que creó el sistema deportivo cubano? Su pensamiento fue muy preclaro cuando dijo que el deporte era un derecho del pueblo y en ese gran tren me monté yo. Por eso es que los argumentos son sólidos. Porque si el que habla tiene dos medallas de oro, ¿quién puede rebatir eso?
“Nunca hablo en nombre de Juantorena; hablo en nombre de Cuba, del movimiento deportivo cubano, de la Revolución y del entrenados mayor que es Fidel y en este minuto, Raúl también”.


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