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Las Tunas.— Si un tunero sale a la calle en estos días y aborda un vehículo urbano, probablemente el chofer le cobre más por el viaje que, hasta hace poco, costaba menos. Y si el pasajero pregunta por el aumento la respuesta sería probablemente esta: “No es culpa mía, el combustible está por las nubes… cuando lo hay”. Ese instante tan cotidiano, que no pasa desapercibido, es en realidad el síntoma más visible de un fenómeno que los números oficiales confirmaron esta semana: la inflación en Cuba tuvo en febrero un acelerón impulsado por el transporte. Y el bolsillo de los tuneros, como el del resto de los cubanos, sintió el golpe.

Según el índice de precios al aonsumidor (IPC) publicado por la Oficina Nacional de Estadística e Información (ONEI), en febrero de 2026 la variación mensual de los precios fue del 2,58 por ciento. La variación interanual, o sea, comparada con febrero de 2025, alcanzó el 12,33 por ciento. Sin embargo, el dato que más llama la atención fue otro: la división de consumo “Transporte” registró una variación mensual del 8,78 por ciento y su impacto en la inflación general fue del 30,43 por ciento. En enero, esa misma división ocupaba el quinto lugar entre las que más incidían en la subida de precios; en febrero, saltó al segundo.

¿Qué pasó entre un mes y otro? La respuesta está en la calle y también en los informes oficiales: las restricciones en el suministro de carburantes, consecuencia directa del recrudecimiento del bloqueo económico de Estados Unidos, provocaron un "efecto dominó", que comenzó en los transportistas y terminó en el precio final de cada viaje, cada carga y, finalmente, cada alimento.

La ONEI detalla en su reporte cuáles fueron los servicios con mayor variación mensual en el llamado mes del amor. La lista la encabezan todos del mismo sector. El calificador “Otro tipo de transporte interurbano”, que incluye camiones y camionetas, aumentó al 62,01 por ciento. El taxi interurbano subió al 56,26 por ciento. El transporte urbano en moto se encareció al 30,53 por ciento. El taxi urbano y el bicitaxi lo hicieron al 20,94 por ciento, y el resto de las modalidades de traslado urbano, como camiones, jeeps, carretones o coches, aumentaron 20,04 puntos porcentuales.

En términos simples, si un tunero pagaba 100 pesos por un viaje en un vehículo interurbano en enero, en febrero pagó no menos de 172. Si se trasladaba en taxi urbano, el costo aumentó una quinta parte de un mes a otro; recordando siempre que estas estimaciones suben en horarios y zonas determinadas.

Las autoridades de la principal urbe tunera anunciaron precios topados para el transporte de pasajeros mediante vehículos eléctricos, una modalidad extendida ante la paralización de los medios a base de combustibles fósiles. Un paso que, de concretarse en la cotidianeidad, paliaría en cierta medida un panorama ciertamente tenso en este aspecto.


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Empero, el transporte no fue el único rubro que presionó la inflación. La división “Alimentos y bebidas no alcohólicas” fue la que más incidió en la variación mensual, con un impacto del 46,98 por ciento. Dentro de ella, los productos que más tiraron al alza fueron la carne de cerdo, el arroz y la malanga.

Al mirar con lupa lo que ocurre en el Balcón del oriente cubano el panorama se vuelve más complejo. La propia ONEI publica mensualmente los precios mínimos y máximos de una selección de productos por provincia. Y allí se ven diferencias, que no favorecen a la zona más al este del Archipiélago.

El frijol negro, uno de los productos de mayor consumo en la mesa cubana, se consigue en "la tierra de Vicente García" a un precio mínimo de 500 pesos por libra. En La Habana, el piso es de 380; en Ciego de Ávila, de 320. Eso significa que un tunero, para comprar la libra más económica de frijol, debe desembolsar 120 pesos más que un habanero y 180 más que un avileño.

El lomo de cerdo con hueso, otra de las carnes más demandadas, alcanza aquí un precio de 850 pesos por libra, mientras que en Cienfuegos se encuentra hasta 200 pesos más barato. El arroz, aunque muestra un rango más amplio, ronda en Las Tunas los 263 pesos por libra, superando las cotizaciones de provincias como Ciego de Ávila, donde el tope es de 180. El queso blanco parte en la provincia de un mínimo de 600 pesos, frente a los 420 de Cienfuegos o los 550 de Holguín.

IPC FEBRERO 2026 CUBA ONEILa carencia del combustible no afecta por igual a todo el país. Las provincias orientales tienen en su contra la distancia. La mayoría de los combustibles y las mercancías entran por puertos de la región occidental o central. Traerlos hasta acá significa más kilómetros, más consumo de combustible y, en consecuencia, más costo. Esa desventaja logística se refleja en los precios. En Santiago de Cuba, el ajo alcanzó en febrero precios máximos de mil 520 pesos por libra, según la ONEI, mientras que en Las Tunas se mantuvo entre 800 y mil. Pero en Cienfuegos, mucho más cerca de las vías de distribución, el máximo fue de 892.

El informe de la ONEI incluye un dato que suele pasar desapercibido, pero que dice mucho sobre la realidad del mercado cubano: el porcentaje de imputación. La imputación es una práctica estadística, que se aplica cuando no se encuentran precios de un producto en un establecimiento determinado y se usa un valor estimado para mantener la comparabilidad de la serie.

En febrero de 2026, la división “Salud” tuvo un 88,75 por ciento de imputación. Eso significa que, en casi nueve de cada 10 casos, los precios de productos de salud no se encontraron en los establecimientos y tuvieron que estimarse. “Transporte” tuvo un 24,16 por ciento de imputación. Detrás de esos números hay una realidad: faltan productos. Y donde hay faltantes, hay especulación. Y donde hay especulación, el que paga es el consumidor.

El año 2026 apenas comenzaba cuando el Gobierno de Estados Unidos anunció nuevas medidas, que endurecen el bloqueo contra la Isla. Entre ellas, una ofensiva contra el suministro de combustible, que desde diciembre de 2025 comenzó a resentirse. Los datos de febrero son apenas el primer reflejo estadístico de una situación que, según todos los indicios, se mantendrá en los meses siguientes.

Para los tuneros, esto no es un asunto de cifras macroeconómicas. Es la decisión cotidiana. Es la cuenta mental de cuántas libras de frijol puede comprar con lo que ganó en la semana. Es la constatación de que, otra vez, el oriente carga con el peso más pesado de la crisis.