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Las Tunas.- "Fui estafado, hice la denuncia con todos los elementos recopilados, hasta número de tarjeta y la dueña que se hizo la transferencia, teléfono y todo. Esa denuncia se realizó en octubre del 2025 y cero respuesta hasta ahora". El testimonio de Manuel Quesada, lector de este periódico, no es un caso aislado; resume una realidad que atraviesa los hogares: la percepción de que las estafas bancarias y digitales tendrían una impunidad tan indignante como el propio delito.

Sondeamos a nuestros lectores sobre este asunto y un 12 por ciento de los participantes reconoció que un SMS que aparente ser una confirmación de Transfermóvil podía ser utilizado con fines fraudulentos. El dato es alarmante porque, si bien el mensaje legítimo de la plataforma no constituye peligro alguno, la altísima confianza depositada en cualquier comunicación que parezca provenir del sistema bancario abre una autopista para los delincuentes que emplean técnicas de suplantación de identidad corporativa.

Otros resultados de la encuesta mostraron un mayor nivel de alerta ante ciertas prácticas: el 60 por ciento identificó correctamente como estafa las llamadas que reemplazan al banco pidiendo el PIN o solicitando instalar aplicaciones. Igualmente, el 56 por ciento reconoció el peligro de vincular la cuenta de WhatsApp mediante un código enviado por un tercero. Sin embargo, la confianza ciega en los mensajes automáticos del sistema bancario representa el punto más débil en la cadena de prevención ciudadana.

UNA EPIDEMIA CON ROSTRO Y APELLIDOS

En la segunda encuesta realizada por este medio, ante la afirmación de que las estafas bancarias se han incrementado y constituyen un problema social relevante, la abrumadora mayoría de los lectores respondió "¡De acuerdo!, conozco de varios casos" y otros confesaron: "Sufrí en carne propia". Sumados, representan el 84 por ciento de los votos emitidos. Las opciones que minimizaban el fenómeno apenas arañaron los porcentajes medibles de adhesiones.

Estas cifras encontraron eco en los comentarios que los lectores dejaron en la publicación en nuestro perfil en Facebook.Historias como la de Angelita, a quien le "jaquearon" el WhatsApp y desde su cuenta pidieron dinero a todos sus contactos, o la de Rogelia Montejo, quien relató que "a dos amigos de la familia y parte de sus contactos les sucedió", confirman que el fenómeno ha calado hondo en el tejido social tunero y cubano.

Quizás el testimonio más demoledor por su nivel de detalle y su desenlace frustrante lo aportó Esperanza Zaldívar Hechavarría: "Yo fui víctima de una estafa. Dimos parte a la policía, se hizo la denuncia, la policía revisó en los bancos y se vio dónde fue a parar mi dinero, incluso nombre y apellidos del supuesto estafador y hasta la fecha no he recuperado mi dinero. Esto fue a finales del 2024. El presunto estafador era de la provincia de Holguín. Tengo los números de celulares y números de tarjetas de Bandec y BPA".

Cuando una víctima puede aportar el nombre completo del presunto delincuente, los números de cuenta involucrados y la provincia de residencia, y aun así el caso permanece sin respuesta durante más de un año, la pregunta que emerge de los comentarios ciudadanos es inevitable: ¿dónde se detiene la maquinaria de la justicia?

"NO HAY INTERÉS NI VOLUNTAD"

Luisito García, otro lector de este periódico, lo expresó sin eufemismos: “No hay interés ni voluntad. Vas a la policía a realizar una denuncia y te tratan como si fueses tú el delincuente, pues les estás estropeando su zona de confort”. Marlon Batista Hernández, desde la Villa Azul, reforzó esta percepción con su experiencia personal: “Fui víctima y conozco varias víctimas, y sé por qué lo digo. No sé si en todos lados es igual, pero al menos en Puerto Padre, sí”.

Ángel Miguel Sánchez aportó otro ángulo de la misma problemática: “Por gusto, aunque sea el número de teléfono y de la tarjeta, la policía no hace nada. Ya fui víctima una vez y no pasó nada ni nunca me dieron una respuesta”. Yanet Soria Salgado complementó: “No hacen nada. El estafador te manda una cuenta de banco para que le deposites y cuando vas a la policía le das la cuenta de banco, no hacen nada con ese número de cuenta que el banco sí conoce quién es el dueño. No hacen nada porque no quieren hacer nada”.

El clamor es casi unánime en una dirección: la exigencia de que la Policía Nacional Revolucionaria, el sistema bancario y la Empresa de Telecomunicaciones de Cuba (Etecsa) trabajen de manera articulada. Otro, con un análisis que denota conocimiento del funcionamiento de estos sistemas, propuso: “Etecsa debe ser ágil en la búsqueda de la trazabilidad, pues toda llamada deja un rastro. De igual forma los bancos con la trazabilidad del dinero. Pienso que hay que buscar una solución para identificar rápido este tipo de tarjetas y teléfonos, similar a las listas negras”.

Diana María Rodríguez fue más allá y lanzó interrogantes que muchos lectores comparten: “¿Acaso el Banco y Etecsa no pueden bloquear esas cuentas bancarias y esos números telefónicos? ¿Luego que se hace la transferencia al estafador y cae a una cuenta bancaria no deja trazas de dónde fue a parar ese dinero? Por favor, este es un asunto que no han querido resolver”, opinó.

 

VULNERABILIDAD TÉCNICA EN EL CENTRO DEL DEBATE

La segunda publicación de alerta realizada por 26, que alcanzó las 188 mil 917 visualizaciones, muy por encima de la media habitual del periódico, puso el dedo en una llaga técnica. La modalidad de estafa que utiliza un supuesto "código" con ceros a la izquierda (por ejemplo, 00012000) para que la víctima, creyendo que está confirmando un pago, termine transfiriendo 12 mil pesos, revela, estimaron nuestras audiencias, una falla en la propia arquitectura de la aplicación Transfermóvil.

Yuniel F. Carralero, comentó: “Si ese modo de estafa lo permite Transfermóvil, pues es una vulnerabilidad de la apk. Si es como dicen los especialistas del Banco, que no reconoce cero a la izquierda, lo lógico fuera que diera 'Transferencia fallida'”.

El caso de Yilena Blanco confirmó que la estafa funciona en la práctica. “A mí me sucedió hace ya un par de semanas. El código que el supuesto representante me dijo pusiera en mi Transfermóvil fue 0002200. Es decir, transferí dos mil 200 a esa tarjeta”, relató con la resignación de quien ha aprendido la lección de la manera más dura. Testimonios adicionales ubicaron los montos transferidos en 104 mil pesos.

Lissy López aportó una mirada comparativa: “Todos los bancos del mundo, aseguró, alertan directamente al cliente sobre transacciones sospechosas, de hecho, hasta bloquean la tarjeta para evitar estafas. El banco de Cuba debe y tiene la obligación no solo de alertar, sino de proteger al cliente”.

Emilia Batista narró su experiencia al borde del abismo: “Eso mismo me pasó a mí. Me llamaron al teléfono fijo de mi casa y me dijeron que era para confirmar mi nombre y datos porque tenía un envío. Me indicaron lo que debía poner en el Transfermóvil. Haciendo los pasos me doy cuenta. Gracias a Dios yo no tengo saldo en la tarjeta”.


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¿QUÉ HACER SI SE ES VÍCTIMA?

Frente a este panorama de frustración e indignación, los mensajes de las entidades aludidas indican que lo primero que debe saber toda víctima es que la denuncia ante la PNR no es un mero trámite burocrático, sino el presupuesto indispensable para activar cualquier investigación penal. Sin denuncia formal, no hay expediente que investigar.

Según la legislación penal cubana, la estafa se encuentra tipificada y puede conllevar sanciones en dependencia de la cuantía defraudada y de la existencia de reincidencia. Pero el problema que señalan una y otra vez los lectores en sus comentarios no radica en la ausencia de normas, sino en su aplicación efectiva y en la celeridad del proceso.

Un elemento crucial que las víctimas suelen desconocer es que las pruebas digitales, capturas de pantalla, mensajes de texto, correos electrónicos, comprobantes de Transfermóvil, tienen pleno valor probatorio si se conservan adecuadamente. La recomendación práctica es no borrar absolutamente nada del teléfono y, en la medida de lo posible, acudir a la unidad policial con esos elementos ya organizados.

Ernesto Ibargollin, desde su experiencia como afectado por esta problemática, propuso: “Ya es hora de que haya una cooperación entre PNR, banco y Etecsa, que funcionen como un todo y que puedas hacer tu denuncia en cualquiera de las tres". La sugerencia, aunque simple en su formulación, apunta a una transformación profunda de los protocolos actuales de actuación.

PREVENCIÓN COMO PRIMERA TRINCHERA

El alcance de las publicaciones de 26 sobre estafas denota que la población está ávida de información que le permita protegerse. El reto para las instituciones es mayúsculo y urgente. Mientras los aludidos encuentran, ¿o no?, los mecanismos para cerrar el cerco a los estafadores, la ciudadanía sigue en la primera línea de fuego. Los comentarios en nuestro diario son un termómetro preciso de la temperatura social: hay miedo, hay indignación acumulada, pero también hay una creciente conciencia de que la mejor defensa es la prevención informada y la solidaridad.