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entrevista Carmen federada

Las Tunas.- Hay mujeres que nacen con estirpe de guerrera. Carmen Rosa Fernández Vieito es de esas cubanas a las que el amor a la Patria les brota en la piel. Hoy reside en la urbe tunera, pero su historia comienza allá, en el interior de Jobabo, cuando en 1947 su primer llanto se escuchó en la finca Dos Hermanos.

Su vivienda, más que hogar, fue su primera escuela. Sí, escuela, porque la más cercana estaba a 4 kilómetros, en el barrio La Caridad; sin embargo, eso no la detuvo. Con su prima aprendió a leer, calcular y hasta recitar. En ese municipio culminó el sexto grado, pero llegó con el cuarto aprendido desde casa.

Terminar la Primaria requirió valentía. Sobre el río que da nombre a esa demarcación tenía que cruzar el puente, unas cuantas veces en “cuatro pies”, por miedo a caerse por un hueco. El “Jobabo” crecía y el cruce era inevitable, pero del otro lado la esperaba la escuela; era más que suficiente.

Siempre tuvo claro que los sueños requieren sacrificio. Esa máxima la llevó hacia Minas de Frío, a Topes de Collantes y luego a Tarará, para formarse como maestra. Desde esa etapa conoció la importancia de la vinculación del estudio con el trabajo; a veces dándoles clases a campesinos, otras recogiendo café, ayudando en la cocina o sembrando en el huerto de la escuela.

“Estudiábamos de noche, pero había que estar de pie a las 6:00 am para coger la guagua que nos llevaba a las diferentes escuelas, con todo tipo de alumnos, hasta reclusos. Me tocó trabajar en un internado para estudiantes con problemas de conducta, muchos derivados del maltrato de sus padres. Esa fue una prueba muy grande, pero allí estuve hasta que nos graduamos”, recuerda con relación a Tarará.

LA ENTREGA A LA FMC

Carmen confiesa que aprendió a ser delegada con su mamá, quien se entregó por completo a la Federación de Mujeres Cubanas (FMC), desde su surgimiento. Cuando venía de pase se incorporaba a las tareas y la acompañaba a los recorridos por la finca y pequeños barrios cercanos.

“Así me empapé de todo lo que les decía a las mujeres, lo que les orientaba sobre saneamientos en las viviendas, sembrar plantas, criar animales… Recuerdo a Flora Caraballo, una revolucionaria muy activa que hubo en Jobabo. Ella daba las orientaciones y mi mamá salía tempranito. Junto a ella dedicaba los domingos a esos recorridos y al trabajo de la FMC”, cuenta.

A su terruño regresó dispuesta a dar lo mejor de sí; aunque no sabía que otras tareas esperaban por ella. De su labor como docente en Jobabo tuvo un resultado positivo. “Me dieron un grupo de 62 alumnos. Éramos dos maestros y los muchachos se comportaban rebeldes, pero, poco a poco, los educamos y logramos que todos se graduaran de sexto grado.

“En el año 1970 recibí una visita de la Dirección Nacional, Provincial y de la Región Territorial, y me seleccionaron para integrar un equipo de metodólogos, en la función de asesora de Geografía. Vine para el municipio cabecera y tuve que vivir en un albergue de Educación. Rápidamente me inscribí en la delegación de la FMC en ese lugar, pues, aunque vivía albergada, debía hacer vida de federada y cederista. Desde entonces trabajé vinculada a la Federación en actividades recreativas, de emulación…”, comenta.

Luego llegaron el matrimonio y la bendición de los hijos, pero la federada que se forjó en Jobabo no se detuvo y enfiló su ruta al trabajo comunitario. La primera vez que estuvo al frente de una delegación, en la calle Francisco Vega, los resultados fueron formidables y allí recibió la Distinción 23 de Agosto.

Desde entonces ha dicho “presente” en cuanta misión ha demandado de su entrega. Tareas como el Censo de Población y Vivienda, la lucha epidemiológica, las campañas de vacunación... Carmen nunca espera a que del consultorio del médico de la familia soliciten su ayuda; allí se presenta y deja claro que con ella se puede contar para lo que se necesite.

Sus años de magisterio la dotaron de sabiduría para tratar con las personas, tener paciencia con los niños, entender que cada individuo posee sus características… “Con la cara fea no conquistamos a nadie. No entiendo por qué algunas jóvenes, cuando les damos una tarea, alegan no sentirse capacitadas. Puedes no tener la capacidad, pero lo que se necesita es voluntad. No es estar en la FMC por estar; es ayudar a los demás y hacer un trabajo bonito, de acercamiento, conocer los problemas de la gente...

“Cuando se creó la FMC no sabíamos ni de qué se trataba, pero Vilma nos enseñó mucho a ser honestas, sencillas, a pensar en el futuro y a mirar con amor al que nos rodea”.

Ahí está la esencia de Carmen, en ver los problemas del prójimo como suyos, en saber mantener la esencia del barrio como una gran familia y, más que nada, no dejar morir los ideales que la sostienen.

EL ABRAZO PERPETUO A FIDEL

La admiración eterna al Comandante en Jefe es algo que esta cubana no puede ocultar. Mientras se preparaba para el magisterio tuvo la dicha de verlo en varias oportunidades. Una de ellas fue en un acto en Santa Clara que contaría con su presencia. Allá estuvo Carmen integrando el coro de su escuela; para entonces estudiaba en Topes de Collantes.

Según cuenta, en otra ocasión los visitó todo enfangado, venía a pie desde Cienfuegos hasta Topes de Collantes; así era nuestro gigante. Para ella es imposible no emocionarse al hablar de Fidel, de cuando en Santa Clara cantaron para él; de cómo el día de su graduación el orgullo aumentó al verlo llegar allí.

Cuando tuvo aquella lamentable caída en Santa Clara, de Carmen brotó uno de sus poemas para él.

De niña soñé tener un luminoso destino,
que mi origen campesino insistía en deshacer;
que le llegó aquel Primero de Enero tan victorioso,
que me llenó de alborozo e iluminó mi sendero.
Subí a la Sierra Maestra, a Minas de Frío y allí,
aprendí a amar a Martí y amar a la tierra nuestra.
Allí yo pude crecer en sentimiento, en coraje.
Allí amé aquel paisaje, pero más amé a Fidel.
Fidel que es nuestra bandera, nuestro himno, nuestro escudo.
Fidel que firme y seguro nos conduce en la pelea.
Para mí siempre será así.
A él le seré siempre fiel. Ahora y en cualquier instante.
Diste la orden, Comandante, y aquí ya estamos, Fidel.
Preservando las victorias de un pueblo en Revolución,
que con todo el corazón defiende su hermosa historia.