
Las Tunas.- Existen historias con esa mezcla de sencillez y asombro que enamora al que las escucha. Más si quien las cuenta ronda las nueve décadas de vida. ¡Cuánta sabiduría se puede albergar en casi 88 años! Eso comprobamos al conversar con Magalys González Quintero, una maestra que entregó su vida como metodóloga, líder comunitaria y que aún continúa aportando desde la barriada cercana a la Plaza de los Recuerdos, en esta ciudad.
Octogenaria y llena de memorias, le tocó vivir una Cuba diferente; sin embargo, tuvo una buena niñez. El hecho de que el abuelo fuera colono y su papá el que atendía la bodega de allí garantizó para ella y sus cuatro hermanos una vida tranquila. Entonces la pequeña Magalys aprovechó para estudiar, leer, destacarse en la escuela..., pero siempre con el deseo de un día poder enseñar a todo el que lo necesitara. Tanto analfabetismo reinaba en esa época…
Quiso incorporarse, allá por el año 53, a la Escuela Normal en Santiago de Cuba, pero las plazas las “manejaba” uno de los capitanes que mandaba por aquí. “Es decir, que todo estaba bajo la política de aquel tiempo”, recuerda, y no pudo entrar. Pero la familia insistió en que esa maestra en ciernes debía formarse a como diera lugar.
Por entonces en Las Tunas estaba la Escuela del Hogar, carísima, en la que había que pagarlo todo, pero los suyos se unieron para ayudarla. Magalys debía convertirse en maestra y esa fue la apuesta de la familia. Tres años de estudio y el premio era “que le daban un aula para usted impartir clases”. Pero no se lo dieron, y no insistió... Con el Triunfo de la Revolución la llamaron para darle su premio.
Ahí comenzó a impartir clases la joven que lo soñó desde niña. Al principio con alumnos “más grandes que yo, que hubo que ir poniéndolos en su lugar”. Claro, era un tiempo muy difícil, en los primeros años de la Revolución.
Cuando inició la Campaña de Alfabetización ya era maestra, pero, incluso así, quería integrarse de lleno a ese proceso. No pudo porque estaba embarazada y entonces la autorizaron a alfabetizar desde casa. Así enseñó a leer y a escribir a dos mujeres mayores que ella, muchas veces desde el reposo en cama.
El año 1964 trajo un vuelco para la joven docente, pues la Dirección de Educación de Las Tunas la seleccionó como inspectora, para lo cual tuvo que prepararse en La Habana. A partir de ese momento, su trabajo ya no solo era enseñar, sino supervisar y preparar a los que enseñaban.
“Tenía que ir a La Habana todos los años a un seminario con los alemanes, pues con la ayuda de ellos se introdujo aquí la Matemática moderna. También anualmente iba a México. Después se hicieron los equipos y a mí me correspondió el área de Ciencias, en Primaria. Ahí estuve hasta 1994, cuando me jubilé”, recuerda.
Magalys dedicó 30 años de labor a la Educación en la provincia y figura entre sus fundadoras. Por tres décadas trabajó como metodóloga, inspeccionando el quehacer educativo en el territorio. En esa época, además de sus tareas, fue dirigente de sección sindical, organizadora del núcleo del Partido e incluso llegó a ser miembro de su Comité Municipal.
Por otro lado, siempre se mantuvo activa en la comunidad. Porque en su barrio también fue secretaria del bloque de la Federación de Mujeres Cubanas y luego presidenta del Comité de Defensa de la Revolución. Y, por muchos años, llevó ambas tareas a la par.
Magalys no solo ha sido una mujer entregada al magisterio, sino también al trabajo en las organizaciones. De su amplia hoja laboral dan fe los múltiples lauros recibidos en tantos años de dedicación. Entre los que figuran el reconocimiento del Comité Municipal del Partido y varios otorgados por la comunidad. Sin embargo, entre sus mayores orgullos guarda el haber estado “muy cerquita de Fidel”.
“Cuando él vino aquí a Las Tunas en 1981, yo era miembro del Comité Municipal y nos sentaron bastante cerca. Pero ya él había impactado en mí en el año 71, cuando fui delegada al Primer Congreso de Educación y Cultura. Allí conversó con nosotros, con aquella voz susurrante. Nos habló de la película que estábamos viendo y empezó a hacernos la historia del parque Lenin, que no dejáramos de ir”, evoca con nostalgia.
No hubo tarea que se convocara en la que Magalys no diera el paso al frente y cumpliera. Todavía es muy común ver a cada rato su casa llena de carteles, imágenes de Fidel… Así es ella, activa todavía a pesar de sus años. Clara de sus convicciones y orgullosa de su pasado y presente.
Sin vanagloria cuenta que su vida ha estado dedicada al trabajo; y reconoce que esa entrega no habría sido posible sin su madre, quien la ayudó en todos los aspectos. Y su esposo, un hombre con los mismos ideales que ella e inmerso en las tareas de la Revolución.
Tiene la satisfacción de haber sido maestra de maestros, justamente porque debía “enseñarlos a trabajar”. Con la experiencia que dan tantos años, hoy puede expresar con firmeza que “el maestro es la piedra fundamental en la construcción de un país”. Y a ese desarrollo, Magalys hizo su aporte con creces.