
Las Tunas.- A sus poco más de 20 años, cómo iba a sospechar Adelquis Téllez González que cierto encuentro lo marcaría de por vida. En ese entonces, era el secretario de la Unión de Jóvenes Comunistas (UJC) de la unidad empresarial de base Confecciones Melissa, de Las Tunas. Por los resultados de ese colectivo, merecería un importante galardón de la organización política en el país.
Hoy Adelquis es un locutor consagrado, con más de dos décadas entregadas a este oficio desde los micrófonos de Radio Victoria, en actos conmemorativos y otros espacios. Pero siempre recuerda el solemne momento que lo situó ante el Líder Histórico de la Revolución Cubana.
“Nunca olvido esa fecha. El 4 de abril de 1999, en El Laguito, La Habana, recibí la Bandera de Honor de la UJC de manos de Fidel”, refiere. Aquella vivencia, en el salón de protocolo El Laguito, sería una de las experiencias más emocionante de su carrera, asegura hoy el radialista. Y no solo por el significado de la anécdota en sí, sino por el impacto de estar durante unos segundos “a menos de un metro de un hombre tan valioso”, como afirma.
“Resulta curioso que, en horario de la mañana, asistimos al lugar a manera de ensayo, guiados por la UJC, para que todo saliera lo mejor posible. No sospechábamos la sorpresa que nos aguardaba... La entrega sería a las 6:00 p. m. y, a las 4:00, nos montaron en ómnibus y viajamos al sitio en cuestión. Así, a la hora pactada, con pasos agigantados, entró el Comandante en Jefe... Fue algo emocionante. Primero, sentir sus pasos y, segundo, tenerlo tan cerca; impactante”.
Mientras hablamos, “la figura que es Fidel” se vuelve frase recurrente en la voz de Téllez González. Yo, aunque deducía la respuesta, no evité preguntarle por qué preferir ese tiempo verbal... “Lo digo en presente porque para mí Fidel está vivo”, responde.
Y nos trasladamos nuevamente hacia aquel pasado luminoso. “Son las 6:00 p. m. Se escucha el Himno Nacional. Froilán Arencibia presenta el acto; comienza a mencionar nombres y el primero soy yo...” (sonríe).
Así, el día destinado para conceder medallas y estandartes honoríficos, dejaría -cual tatuajes invisibles- estelas en el corazón de aquellos dichosos participantes. Para el bisoño Adelquis, escuchar su nombre seguido por el parlamento “la Bandera de Honor será entregada por el Comandante en Jefe”, le produciría una emoción que solo hoy alcanza a describir con “yo estaba en las nubes”.
Revive los nervios y alegrías del instante y evoca: “Al dirigirme al lugar previsto, sentía que iba en el aire y, cuando Fidel me dio la Bandera y me puso la mano en el hombro, imagínate, no encuentro palabras para resumir ese impacto. Basta con decir que, aún hoy, conservo la camisa como un tesoro. Y no se ha lavado desde entonces; ahí están grabadas sus huellas”.
Adelquis fue el único del Balcón de Oriente que recibió ese blasón en aquella magna cita, aunque a otros coterráneos les otorgaron medallas. Pero la historia no quedó ahí, faltaba una grata sorpresa... “Al cabo de dos semanas aproximadamente, me dice mi abuela: 'Te busca el cartero; trajo una carta y no me la quiso entregar'. Cuando voy a ver, era un sobre con la foto de ese momento junto al Comandante. ¿Cómo averiguaron dónde vivía? No sé, pero eso me hizo muy feliz”, alega.
Aunque han pasado los años, el legado del autor de La historia me absolverá vive latente en su camino, y así lo expresa: “Fidel es lo máximo. Yo nací con esta Revolución, a ella me debo. Recuerdo sus memorables discursos, aquellas tribunas... Incluso, lo volví a ver luego en un acto por el 26 de Julio en Las Tunas, aunque no habló en tribuna en esa ocasión; yo estaba como invitado. Al calor de estos tiempos, pienso que -teniendo en cuenta que las nuevas generaciones que van surgiendo no lo vieron vivo, como nosotros-, no podemos dejar de hablar de su obra en los centros educacionales, para que así su legado nunca se olvide”.
Reitera que aquellos minutos le cambiaron la vida y, si tuviera ahora delante al egregio hombre de verde olivo, más allá de decirle algo, lo abrazaría... Ciertamente a Téllez, quien alguna vez fue un joven “un poco rebelde o malcriado”, como refiere, el destino y la intención de hacer el bien lo llevaron por las sendas de la responsabilidad, y aquella fecha de abril signó especialmente su trayectoria.
Así, de secretario del Comité UJC de Melissa se convirtió en miembro del Buró Provincial de esa organización y, desde hace más de dos décadas, ejerce como delegado de la Circunscripción 118 y presidente del Consejo Popular número 3, de Alturas de Buena Vista. En todo ello, y también en su faena de locutor, pervive el ejemplo del eterno gigante que, en su corazón, no deja ni dejará morir. Esa es, sin dudas, una hermosa manera de abrazar a Fidel, más allá de todas las fechas.