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Magdelaine1. Momento en el que el Presidente de la República Miguel Díaz Canel imone el título honorífico Heroína del Trabajo de la República de Cuba. a Magdelaine Sosa Menencia Jobabo Las TunaMiguel Díaz-Canel Bermúdez, presidente de la República, impone el título de Heroína del Trabajo a Magdelaine Sosa Menencia.

Las Tunas.- Desde el pasado mes de abril Magdelaine Sosa Menencia lleva prendida en su pecho, y en su corazón, la estrella que la distingue como Heroína del Trabajo de la República de Cuba, título honorífico que premia su excelsa trayectoria laboral de más de tres décadas de servicios a la Educación y la formación de las nuevas generaciones.

Los cimientos de la alta distinción recibida comenzaron a fundarse en El 55, “es un poblado rural del municipio de Jobabo, donde hasta los cinco años, y de ese lugar conservo gratos recuerdos”, afirma con cierta nostalgia.

Nació en el seno de una familia humilde y ese ambiente campestre, y abrigada por la cobija del amor y la rectitud, tradicionales de los hombres y mujeres de los campos cubanos, fue forjando los valores que le sirven de brújula a su desempeño en la vida.

Así lo piensa y expresa gratitud por las enseñanzas de sus progenitores: “Los valores inculcados y cultivados por mis padres Miguel Sosa Sosa, operador de tractor, y Rosa Menencia Agüero; dependiente de bodega, y la influencia de mis abuelos, “en esa etapa, recuerda, hubo complacencia y exigencia. Nos educaron, a mi hermana y a mí, con mucha disciplina y mucho respeto. Esa combinación, ha sido piedra angular en mi desempeño personal y profesional”. DEL HOGAR A LA ESCUELA, AL TRABAJO

“En la casa, afirma, me enseñaron que la grandeza no se mide por lo que posees, sino por la capacidad de trabajar con honradez y servir a los demás. El buen comportamiento no se imponía con gritos, sino con el ejemplo. Me educaron en la certeza de que el amor se demuestra con hechos, que el trabajo ennoblece y que la honradez no se negocia.”

Magdelaine2 recibimiento en Las Tunas de la Heroína a su regreso de La HabanaAutoridades del Partido, el Gobierno, la CTC y Educación reciben a la Heroína tras su regreso de La Habana.

“Jugar a la casita y hacer rondas con amigos compartiendo roles”, dice fueron sus juegos predilectos en la infancia, “pero mis pasiones, agrega, eran ejercer como maestra y leer. Desde muy pequeña devoraba libros de todo género: infantiles, novelas y de temas científicos. La lectura fue mi refugio y mi ventana al mundo.”

Por eso no es casual que escogiera como profesión el magisterio, el que ha ejercido con devoción. Cuando comenzó su vida estudiantil llevaba “sembrada” esa semillita y del entretenimiento pasó a la responsabilidad, “en la escuela siempre fui monitora en alguna asignatura”, dice y le atribuye la decisión al amor por los libros y a los deseos, casi insaciables, de nuevos conocimientos.
Comenta que también influyeron los excelentes maestros que tuvo, “me enamoraron de la historia patria. Ellos fueron ejemplo para mí, me impulsaron”, y se hizo máster en Ciencias Pedagógicas y tiene el tema aprobado para un doctorado en esta especialidad.
En el entonces Instituto Superior Pedagógico José Martí, de Camagüey, sus aspiraciones hallaron tierra fértil, “me gradué en el año 1992 y me ubicaron en el Instituto Politécnico Agropecuario (IPA) Manifiesto de Montecristi, en mi tierra natal, para cumplir con el servicio social”, y ya no pudo “soltarse” más de la Enseñanza Técnica y Profesional.
Tras dos cursos en ejercicio fue promovida a jefa de cátedra; y asumió casi de manera consecutiva otras responsabilidades como jefe de departamento, subdirectora docente, subdirectora de formación profesional, vicedirectora y desde el 2005 directora de este centro, al que ha convertido en una extensión de la casa y en una institución que demuestra cuánto se puede lograr con trabajo y responsabilidad, incluso en medio de carencias y complejidades.
Los valores cultivados por la humilde familia que la procreó son fuentes de su inspiración y del ejercicio de un liderazgo que sus colegas aprecian, reconocen y siguen, y la heroína habla en plural: “el proceso de enseñanza-aprendizaje lo conducimos con rigor pedagógico y sensibilidad humana. La educación técnica y profesional va de la mano con la formación ética. Nuestro proceso de aprendizaje es dialéctico, el taller y el campo son nuestros laboratorios, sin descuidar los valores. A los muchachos les enseñamos que el trabajo agropecuario es digno. Fomentamos la disciplina a través de la exigencia, pero también a través del diálogo.
EL DESEMPEÑO, LA SATISFACCIÓN
“Formar a estos jóvenes es la misión más sagrada que un ser humano puede tener. He visto cómo las manos inexpertas de un adolescente se convierten en manos seguras y operan una cosechadora o realizan un parto a un animal. No formamos simples estudiantes, formamos a los relevos generacionales de la sociedad cubana, a una parte importante de su clase trabajadora. En unos años estos jóvenes pasan de ser aprendices a ser sostenes de sus hogares y motores de nuestra economía. Verlos incorporarse al mundo laboral es la mayor recompensa para nuestro esfuerzo colectivo.”
La heroína tiene muchas vivencias que germinan entre los muros y los campos del IPA, las cuales le llenan el espíritu de satisfacción por una obra posible “gracias a la entrega incondicional de mis compañeros de claustro en los momentos más difíciles, de mayor dificultad que son los que forjan el carácter”, dice.
Entre los hechos que atesora recuerda, “cuando faltaba un implemento agrícola, el colectivo con ingenio y sacrificio lo reparaba con sus propias manos, las noches enteras de vigilia protegiendo vidas humanas en las evacuaciones en tiempos de huracán o salvando una cosecha porque se acercaba el ciclón.
Ha tatuado en su universo simbólico “el rostro de un estudiante que llegó al centro con actitudes rebeldes, con problemas de conducta, y que, gracias al rigor de la disciplina y al cariño de nuestros profesores, hoy es un productor destacado del municipio de Jobabo”, exalta.
LOS RESULTADOS, LA CONDECORACIÓN
“El día que recibí la noticia de que sería condecorada sentí un remolino de emociones. Una nunca trabaja pensando en reconocimientos, sino en hacer las cosas bien por la responsabilidad que entraña formar a las nuevas generaciones. Entonces, en lo primero que pensé fue en mi colectivo.
“Los logros no son solo míos y el título no es para mí, es para cada profesor, cada estudiante, cada trabajador de apoyo a la docencia, de todos lo que han pasado en estos 32 años por ´Manifiesto de Montecristi´, mi politécnico.
“Es, además, el reconocimiento a un modelo de gestión en el que el esfuerzo es compartido. A todos nos enorgullece que nuestro presidente, Miguel Díaz-Canel nos visitara, y luego hiciera la propuesta de esta distinción, porque nos dice que vamos por buen camino, y que el esfuerzo diario por convertir la escuela en un centro formativo productivo y de desarrollo para la comunidad no ha sido en vano”, destaca.
Los trabajadores del IPA Manifiesto de Montecristi liderados por la Heroína del Trabajo de la República de Cuba Magdelaine Sosa Menencia han convertido esta institución en Centro de Referencia Nacional de las especialidades agroindustriales y Colectivo Proeza Laboral, entre otros nombramientos que resaltan, además, su contribución a la comunidad y los altos índices de eficiencia en su gestión.
“Nuestro centro se destaca a nivel nacional en la gestión de 12 proyectos, dos de ellos internacionales, relacionados, entre otros temas, con el desarrollo local, el medioambiente y de investigación, tanto territorial como sectorial”, ratifica Magdelaine, y asume la condecoración como un compromiso inalienable con la defensa de la Patria.