
El toxicólogo Alejandro Mestre Barroso alerta sobre los riesgos reales de una bebida que se vende como energética, pero contiene 18 por ciento de alcohol
Las Tunas.- La primera nota informativa sobre el Shaka en Cuba salió del Observatorio Provincial de Drogas de Las Tunas. Fue esta provincia la que primero encendió las alarmas. Y desde el inicio, la advertencia fue clara: lo que más preocupaba no era la bebida en sí, sino cómo se estaba comercializando. Se vendía -y se sigue vendiendo- como una bebida energética. Conceptualmente, eso es falso.
Así lo explica Alejandro Mestre Barroso, especialista en Toxicología y coordinador del Observatorio Provincial de Drogas de Las Tunas, quien accedió a conversar con 26 sobre los riesgos reales de un producto que tiene en alerta a médicos, padres y autoridades de todo el país.
"El Shaka es una bebida alcohólica con 18 por ciento de alcohol. Para ponerlo en perspectiva: la cerveza Cristal tiene entre 4,1 y 4,5 por ciento de alcohol. Una sola lata de Shaka puede contener el equivalente alcohólico de tres o cuatro cervezas. Su base es vodka, aunque también puede ser whisky. La que se comercializa en Cuba es fundamentalmente de vodka. Pero además de alcohol, contiene cafeína, purinas y otros energizantes. Ahí está la trampa", enfatiza el galeno.
Aclara, además, que el peligro específico de esta combinación radica en que el alcohol es un depresor del sistema nervioso central, mientras que la cafeína y las purinas son excitantes. "Cuando se mezclan, el excitante enmascara el estado de embriaguez. El adolescente, sobre todo, siente una excitación tan alta que no percibe que está ebrio. Entonces se toma uno, se toma dos, se toma tres. Cuando el alcohol finalmente se impone, ya tiene 150 miligramos por decilitro en sangre y puede caer en un coma etílico.
"Eso fue lo que sucedió en la mayoría de los casos que llegaron al Observatorio. Algunos necesitaron cuidados intensivos, con afectación del sistema nervioso central y cardiovascular: picos hipertensivos, taquicardia, cuadros neurológicos de depresión alcohólica. En el peor de los escenarios, puede haber accidentes cerebrovasculares, eventos coronarios agudos e, incluso, muerte súbita".
En el caso de los menores, puntualiza que el daño puede ser mayor. Al factor toxicológico se suma el neuropsicológico y el neuroconductual. El joven no tiene control sobre el consumo. Está tomando una bebida que lo excita, que le da energía, y en menos de 15 minutos se ha tomado tres.
"El cuadro clínico es mucho más fuerte desde el punto de vista alcohólico. Las principales complicaciones en jóvenes son cardiovasculares y neurológicas: taquicardia, hipertensión, eventos coronarios agudos, accidentes cerebrovasculares, procesos isquémicos, infartos. Es más raro, pero puede suceder. Y no podemos olvidar los cuadros metabólicos: hipoglucemia, embriaguez severa, coma etílico".
Mestre Barroso insiste en que se ha sobredimensionado el fenómeno en redes sociales, pero aclara que lo esencial no necesita exageración: es una bebida alcohólica que además tiene energizantes.
"Si se toma en exceso, provoca un cuadro clínico muy fuerte. Es como tomarse una botella de Chanceler solo: se puede terminar en Terapia Intensiva con un coma etílico. Con el Shaka sucede lo mismo. No es una bebida energética. Es una bebida alcohólica con cafeína y purinas. Eso es lo que hay que cambiar conceptualmente".
El Observatorio Provincial de Drogas de Las Tunas fue el primero en emitir una nota de alerta sobre el Shaka a nivel nacional. Eso demuestra, según su coordinador, que los observatorios provinciales funcionan. Su misión es detectar, alertar y proteger. Y en este caso, lo hicieron desde el primer momento.
La recomendación final del especialista es contundente: que se trate como lo que es, una bebida alcohólica. Los menores no deben consumirla. Los adultos, si deciden hacerlo, deben saber exactamente qué están tomando. Que nadie se deje engañar por la palabra "energética". El Shaka no da energía. Puede quitar la vida.