
Las Tunas.- A los 19 años, todavía hay tiempo para muchas cosas. Para aquel muchacho, la historia terminó contada en días de Terapia Intensiva; 21, para ser exactos.
Había llegado al Hospital General Docente Doctor Ernesto Guevara de la Serna después de un accidente de moto, provocado por una carrera. Él manejaba. Su familia no supo al principio cuánto duraría aquella espera. Los médicos sí conocían la gravedad de las lesiones: daño cerebral agudo, compromiso de funciones vitales y un pronóstico reservado desde las primeras horas.
La noticia del accidente encontró a su hermana Ana mientras daba de comer a su hijo. Su abuelo llamó para avisarle. Ella pensó que se trataba del hermano mayor, pero no, era el menor. Dejó al niño con una vecina, buscó ropa a toda prisa y salió hacia el hospital con lo primero que encontró.
Cuando entró al salón del hospital, se quedó en shock. “Fue horrible -repite. Horrible”. Lo que vio allí no se parecía al muchacho que había salido de casa. Estaba conectado, inmóvil. Afuera esperaba su padre con la presión alta. Ana se quedó con él; no supo qué fue peor: si ver a su hermano en esas condiciones o a su padre desmoronarse en la puerta de una sala de emergencias.
El estado del joven exigió atención en Terapia Intensiva, ventilación mecánica, traqueostomía y gastrostomía. También fue necesaria una intervención quirúrgica sobre el cerebro. Los médicos advirtieron que las posibilidades de recuperación eran escasas y que una eventual supervivencia podía dejar secuelas graves.
No hubo recuperación alguna y la muerte cerró la historia clínica; para la familia comenzó otra: desde entonces, el sonido de una moto que acelera puede devolver a Ana a aquella mañana, ella lo reconoce en el cuerpo antes que en la memoria.
UNA MOTO, UN IMPACTO, UNA SALA
En el hospital Guevara, Idemaro Tamayo Mir ve llegar continuamente otros casos. Como jefe del servicio de Cirugía recibe a pacientes cuyo diagnóstico cambia en cuestión de minutos: politraumas, lesiones múltiples, daños en órganos vitales y traumatismos craneoencefálicos.
“Es una de las situaciones que más nos preocupan” -enfatiza el galeno. Asegura que durante el transcurso del año la institución sanitaria ha observado un incremento de los accidentes de tránsito en comparación con el período anterior. Entre los casos graves atendidos aparecen con frecuencia los relacionados con motos y motorinas.
El politrauma define una condición en la que varias regiones del cuerpo resultan afectadas y una o más lesiones pueden comprometer la vida.
“El pronóstico depende de los órganos dañados. Corazón, pulmones, vía aérea y órganos intraabdominales requieren respuestas rápidas cuando resultan comprometidos”, explica el especialista.
En ese escenario, la cabeza concentra una parte especial del proceder médico. Tamayo Mir señala la presencia de traumatismos craneoencefálicos entre los lesionados. Y advierte, según lo visto, que “el uso del casco no siempre garantiza la protección necesaria”; aunque es una medida más que es aconsejada y en la que intervienen otros elementos como la calidad del artículo y su correcto empleo.
La preocupación adquiere otra dimensión por la edad de algunos lesionados. El doctor identifica mayormente entre los casos atendidos a adolescentes y jóvenes, y señala el consumo de bebidas alcohólicas como un factor presente en parte de estos hechos; es una constante que se repite en las guardias, las ambulancias, los partes médicos. Muchachos que conducen después de beber, que no deberían estar al volante, lesiones que marcan sus vidas para siempre o que, sencillamente, no sobreviven.
EL CUERPO DESPUÉS DEL IMPACTO
El lesionado puede llegar por sus propios medios, acompañado por otras personas o trasladado por el Sistema Integrado de Urgencias Médicas (SIUM). Cuando interviene el SIUM, la información pasa por el puesto de mando y llega al hospital. Allí se realiza el triaje, una evaluación inicial que determina la prioridad de cada paciente según su estado. Los casos más graves requieren la participación de varias especialidades. Cirugía, Ortopedia, Emergencias, Radiología y Laboratorio intervienen a partir de las características del trauma.
“El hospital dispone de ultrasonido abdominal y pulmonar y de otros recursos diagnósticos. La tomografía computarizada, sin embargo, permanece ahora fuera de servicio por una avería”.
La limitación adquiere importancia en pacientes con sospecha de lesiones neurológicas o daños internos que requieren una evaluación más detallada. Esa eventualidad no convierte por sí sola a un accidente en una tragedia ni permite atribuirle un desenlace determinado, pero sí forma parte de las condiciones reales en las que los equipos médicos deben resolver cada urgencia.
Tamayo Mir recuerda particularmente dos siniestros atendidos durante el año. En uno de ellos, el choque de dos guaguas en la carretera hacia Camagüey dejó a uno de los conductores con lesiones en varios órganos. Permaneció alrededor de 45 días en el hospital, pasó por Terapia Intensiva y sobrevivió.
Y el otro, el del muchacho de 19 años que no tuvo esa posibilidad.
Las descripciones y vivencias del cirujano se refieren en específico al “Guevara”. Allí llegan las consecuencias más graves, no el universo completo de los sucesos ocurridos en el Balcón de Oriente, pero basta para mostrar dónde terminan tales acontecimientos cuando las lesiones superan la capacidad del cuerpo para resistirlas.
LO QUE OCURRE ANTES
El capitán máster en Ciencias José Enrique Collazo González, jefe de la Unidad Provincial de Tránsito, informó que al cierre de lo que va de año el territorio acumula 167 accidentes, 11 fallecidos y 130 lesionados. En comparación con igual etapa del calendario anterior, se registran 87 hechos menos y una reducción de tres fallecidos y 109 lesionados.
Los ciclomotores eléctricos y las motocicletas concentran una parte importante de los sucesos. Según Collazo González, entre las conductas que impactan aparecen el exceso de velocidad, los adelantamientos indebidos, la ingestión de bebidas alcohólicas y el empleo incorrecto o la ausencia del casco. La mayor incidencia se concentra, además, entre jóvenes de 17 a 26 años.
El uso del casco constituye desde el primero de septiembre una exigencia obligatoria para los vehículos propulsados por motor eléctrico, incluidos los ciclomotores y bicimotos. Durante ese mes, Tránsito desarrolló acciones informativas en centros laborales, educacionales, espacios públicos y medios de comunicación. A partir del primero de octubre, según explicó, comenzó el enfrentamiento a quienes continúan circulando sin cumplir esta disposición.
Las carreras ilegales de motocicletas constituyen otro punto rojo. Tránsito tiene identificados sitios dedicados a estos fines en los tramos norte y sur de la circunvalación. Algunos de los conductores identificados ya fueron citados y advertidos oficialmente. De acuerdo con lo explicado por el capitán, la legislación establece el decomiso de los medios empleados en estas prácticas.
También preocupa el traslado de tres personas en motocicletas, una conducta que puede coincidir con otras infracciones como circular sin casco o bajo los efectos del alcohol. La autoridad vial confirma que estas combinaciones están presentes en accidentes con fallecidos y lesionados graves.
Para enfrentar estas conductas, se implementó el centro de depósito destinado a los vehículos retenidos por infracciones. El período de retención puede alcanzar entre uno y tres meses, según el caso. Cuando el conductor previamente advertido persiste en determinadas violaciones, Tránsito puede promover, además, otras actuaciones por desobediencia.
Sin embargo, el actuar del conductor no constituye el único elemento señalado. Collazo González reconoce el deterioro notable y progresivo de las vías públicas como otro componente del escenario vial.
La coexistencia de carreteras deterioradas y velocidades inadecuadas incrementa el riesgo, de ahí el llamado a extremar la precaución en esos tramos, respetar las señales, los pasos a nivel y las zonas de circulación escolar.
Con el inicio del curso escolar, Tránsito advierte sobre los cruces cercanos a las escuelas, la circulación nocturna de bicicletas sin iluminación y la presencia de menores en ciclomotores. Como mínimo, las bicicletas deben contar con un reflector rojo en la parte posterior y uno blanco en la delantera. Y más en estos tiempos de apagones.
Las medidas de control buscan modificar conductas antes de que terminen en un accidente. Pero las cifras solo muestran una parte del problema. Para comprender cada hecho resulta necesario mirar también las condiciones de la vía, el estado del vehículo, la velocidad, el uso del casco, la presencia de alcohol y las circunstancias particulares en que ocurrió.
No todos los siniestros tienen la misma causa. Tampoco todos producen las mismas lesiones. Por eso, explicar la accidentalidad de las motos a partir de una sola conducta sería tan sencillo como insuficiente.
Entre la infracción y el impacto existe una cadena de decisiones. Identificarla es, sin dudas, una forma de prevenir el próximo suceso.

DESPUÉS DE LOS 21 DÍAS
En una provincia donde las motos y motorinas forman parte del tránsito cotidiano, los accidentes no terminan cuando una ambulancia abandona el lugar. Al hospital llegan los cuerpos, a Tránsito llegan las infracciones y las investigaciones y a las familias llega otra cosa.
A Ana le llegó primero una llamada. Después, una carrera hasta el hospital. Luego, 21 días de espera. Su hermano tenía 19 años cuando entró a Terapia Intensiva y no volvió a casa.
La cifra puede escribirse en una línea de un registro. Veintiún días caben en una estadística hospitalaria. Diecinueve años caben en un parte; pero la historia no cabe allí. Queda en una familia que todavía reconoce el ruido de una moto antes de verla.
El sonido de una moto también debería servir como señal de alerta antes de que ocurra un accidente. No hay campaña que alcance si quien maneja no toma conciencia. En hogares donde adolescentes y jóvenes conducen estos vehículos, la prevención no puede quedar solo en manos de Tránsito o de los que esperan en un hospital.
Preguntar si tienen licencia, insistir en la utilización adecuada del casco, conocer con quién salen y advertir sobre el alcohol, la velocidad y las maniobras de riesgo forman parte de una responsabilidad que comienza en casa. La preocupación resulta insuficiente cuando aparece después del siniestro. A veces, una conversación a tiempo vale mucho más que una familia reunida alrededor de una cama de Terapia Intensiva. La prevención no es un eslogan; es la diferencia entre volver a casa o no hacerlo nunca.