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Sábado, 19 Abril 2014
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Cuba, historia y azúcar

  • Escrito por José Armando Fernández Salazar (AIN)

canadeazucarEl cultivo de la caña se introdujo en Cuba a finales del siglo XVI y pronto se convirtió en la principal industria en la Isla, que ocupó el primer lugar en el mercado internacional.

Gran parte de la historia nacional también gira alrededor del central azucarero, por ejemplo la declaración de independencia del 10 de octubre de 1868, acaeció en el ingenio La Demajagua.

En toda la isla existen localidades como Manatí, en Las Tunas, cuya fundación y desarrollo se corresponde con la actividad azucarera.

A instancias de los propietarios norteamericanos de la Manatí Sugar Company, en abril de 1912 comenzó la construcción del central Manatí, luego llamado Argelia Libre.

Braceros y constructores fueron contratados en las Antillas Menores, quienes en su mayoría se asentaron en el país. La industria trajo prosperidad al pueblo y el desarrollo de otras actividades económicas como la ganadería y el puerto. Alrededor del ingenio creció también el imaginario social cuyo pulso vital estaba marcado por el comienzo y conclusión de la zafra.

Así fue durante años hasta que con el redimensionamiento de la industria azucarera, a principios de este milenio, el central, fue desactavivado.

Durante el proceso se perdieron importantes bienes patrimoniales. Sin embargo, la nororiental localidad conservó gran parte de su arquitectura sui generis (casas de madera al estilo californiano), y prácticas culturales como el juego del críquet y la ceremonia del baile de la cinta.

Desde 2009 el municipio de Manatí es la sede del proyecto de desarrollo humano local, el cual tiene entre sus objetivos proteger, restaurar y promover evidencias del patrimonio material e inmaterial vinculado a esa industria.

Diversos centrales azucareros de toda Cuba atravesaron por situación similar a la del Argelia libre, y como han reconocido las autoridades del sector "en aquel momento hubo discrepancias y malas prácticas que propiciaron el deterioro de maquinarias y edificaciones".

Por intermedio de la Comisión Nacional de Patrimonio Histórico Azucarero y otras instituciones culturales especializadas, el país presenta ahora situación más favorable con la apertura de cuatro centrales-museo y el rescate de cientos de locomotoras de vapor, una experiencia que se extenderá a todo el territorio nacional.

Preservar ese legado histórico es también una inversión social en este sector que luego de años de deterioro económico se recupera y necesita del reconocimiento público de los ciudadanos para desarrollarse y continuar bombeando el azúcar que corre por las venas del país.

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