Lunes, 30 Julio 2018 06:11

En Las Tunas también se lloró a Frank País

Escrito por Esther De la Cruz Castillejo

Las Tunas.- El Movimiento 26 de Julio en Las Tunas se oficializó en la segunda quincena de noviembre de 1955. Frank País García llegó personalmente a estas tierras para concretar el funcionamiento de la organización, y lo logró.

600x490-images-sepelio-frank-pais-cuba-santiagoLa reunión que marcó el surgimiento se hizo en el depósito Pinilla, en la calle Lico Cruz (hoy Museo del M-26-7 en Las Tunas) y la mayoría de los miembros salieron de las filas más radicales de la Ortodoxia. Fueron, en los inicios, cerca de 290 hombres y mujeres agrupados en 32 células.

Habían transportistas, estudiantes, farmacéuticos, comerciantes y muchos más insertados en la causa de los moncadistas de Fidel Castro. El trabajo se fue afianzando y las acciones creciendo, pero todo pareció detenerse, de a golpe, cuando los rumores comenzaron a llegar después del 30 de julio: mataron a Frank en Santiago, decían por doquier.

Aseguran los protagonistas de aquellos años que fue mucha la rabia también en esta comarca. Aquí la gente quería probar cuánto lo amaba, respetaba y se consideraba determinante su liderazgo de varón indomable.

El 3 de agosto, luego del sepelio allá en el cementerio Santa Ifigenia, un grupo de jóvenes decidieron aquí realizar alzamientos y, lejos ya en el tiempo, confiesan a 26 Digital: "Nosotros ni sabíamos bien lo que significaba aquello que estábamos haciendo, pero mataron a Frank, ¡a Frank!, era mucho para aguantar callados".

Así que en La Jíbara, en Limones y en cuanto sitio encontraron alzaron su voz estos muchachos, algunos de los cuales nunca más pudieron regresar a la ciudad hasta después de Enero de 1959. Y el ejército los cercaba, a la vez que los pobladores que simpatizaban con la causa les ayudaban a escapar e iban y se apostaban en otro paraje.

La cosa duró poco más de un mes, la lucha siguió y la vida misma fue imponiendo otras maneras de encauzar el dolor. Volvieron las acciones de sabotajes, continuaron funcionando los cuatro mimeógrafos para reproducir la propaganda que llegaba, escondidísima, desde Santiago de Cuba; y la vigilancia, la ayuda a los heridos que bajaban de la Sierra Maestra y el apoyo a las acciones más importantes, no dieron tregua al tirano y sus esbirros.

Sin embargo, hoy más de cinco décadas después de los sucesos infames del Callejón del Muro, mientras los más bisoños aprendemos, los mayores recuerdan. Los ojos se humedecen, la ira les aflora y alguno, medio al descuido, me dice: "Mataron a Frank mija, parecía que se ahogaba este país".

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