Viernes, 04 Enero 2019 07:27

Maestros ambulantes, médicos del alma

Escrito por Elena Diego Parra
Colectivo de la escuela Jorge Aleaga junto a integrantes de la brigada de solidaridad Giovanni Ardizzone, durante su visita al centro. Colectivo de la escuela Jorge Aleaga junto a integrantes de la brigada de solidaridad Giovanni Ardizzone, durante su visita al centro. Fotos: István Ojeda y de la autora

En Las Tunas, 35 alumnos con enfermedades crónicas o transitorias que no pueden asistir a la escuela reciben clases en sus hogares. En el aniversario 57 de la Educación Especial en Cuba, 26 Digital dedica estas líneas a los maestros ambulantes

Las Tunas.- La escuela especial Jorge Aleaga Peña de la ciudad de Las Tunas es un lugar hermoso, basta cruzar el umbral para percibir cuántas promesas encierran sus muros, cuánto futuro resguardan sus puertas. Es un sitio donde los niños pueden curar el alma y la mente con los remedios del saber, donde los reciben con los buenos días y se les preguntan por su familia, donde se lleva la bandera bien apretada al pecho hasta el asta y luego la izan con fuerza para que presida luminosa toda la jornada.

Yelanis Bermúdez López es una de las más jóvenes de su claustro. Licenciada en Logopedia, en septiembre pasado inició la vida laboral, pero su historia se entrelaza con ese colegio desde hace varios años, porque durante la carrera, allí realizó las prácticas preprofesionales y descubrió el fascinador arte de enseñar. La joven cuenta cómo interactúa con los pequeños para conocer cuáles presentan dificultades en el lenguaje y luego trabajar con ellos en aras de mejorar su comunicación.

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Para ella cada día trae consigo una experiencia reveladora; sin embargo, uno de los momentos más inspiradores de su labor es la visita a 12 alumnos que, por su condición de salud, deben recibir clases en sus hogares. "Cuando voy a sus casas -dice- me pongo en el piso a jugar con ellos, converso y me siento muy bien, lo amo".

José Martí dijo que como mismo se llevaba el pan a la casa debía llevarse la educación. Esa es la premisa de la enseñanza ambulatoria, modalidad que distingue a este plantel, por la dedicación con que varios docentes logran la escolarización de estudiantes portadores de enfermedades crónicas, que no pueden asistir al aula, y elevar su calidad de vida es palabra de orden.

MAESTRA... ¿HOY VAMOS A ESCRIBIR MI NOMBRE?

foto 3 maestrosLisney tiene 8 años y aunque no puede ir al aula, tres veces por semana la maestra Yolanda Migϋel Barrios le imparte lecciones en su vivienda. "Recuerdo cuando aprendió a escribir su nombre -rememora Yolanda-, lloré porque me abrazaba y decía ¡qué lindo!, ¡qué lindo!, para ella eso fue lo más grande. Desde entonces cada vez que llego me recibe con: '¿Qué vamos a hacer hoy, escribir mi nombre?' Y no empezamos hasta que lo hace".

"Es un reto enseñar a estos alumnos -comenta Marbelis Aguilera Hernández, quien desde hace 16 años se desempeña como maestra ambulante-. Por lo general, son niños con discapacidades múltiples y eso atenta contra el desarrollo adecuado del proceso docente. Cada curso atendemos tres educandos a la vez, lo que representa impartir tres programas porque tienen edades, niveles y formas de aprendizaje distintos. No puedes utilizar los mismos métodos, debido a que sus entradas sensoriales no son las mismas; pero aprenden, aunque sea un poco. No asimilan lo que el profesor no sea capaz de enseñarle, solo que algunos tienen un ritmo diferente y necesitan más recursos de apoyo que otros.

"Tuve una pequeña de 14 años con diagnóstico de discapacidad intelectual moderada que venció el alfabeto con una letra magnífica, la adición y sustracción límite 20 en Matemática, la lectura buena y recibía dictados de oraciones -confiesa Marbelis emocionada-. Fue mágico, su familia estaba muy agradecida, porque luego de varios cursos en la escuela, conmigo obtuvo esos resultados. Su madre andaba feliz, pues cuando salía con ella podía leer los carteles y saber qué eran las cosas. Ya estaba más preparada para la vida".

foto 2 maestrosYolanda explica cómo además de adiestrar al menor se instruye a los parientes cercanos y a la comunidad que les rodea. "Yo les digo, ustedes son mi familia y pueden contar conmigo siempre. Traemos a los infantes al centro escolar cuando hay actividades para que se sientan parte de él y eso les proporciona gran alegría. Es una labor difícil y exigente, pero muy linda, cuando aprenden algo te lo expresan de manera increíble. Por más intrincados que sean los lugares donde se encuentren, nosotros vamos y permanecemos el tiempo que sea necesario".

Como Yolanda y Marbelis, no son pocos los profesionales que en Las Tunas ejercen la educación ambulatoria. Su trabajo va más allá de educar, se trata de dotar a las familias de herramientas necesarias para que puedan proporcionarles a sus hijos un desarrollo integral y convertirlos en miembros activos de la sociedad y el hogar.

IGUALDAD DE OPORTUNIDADES

La escuela Jorge Aleaga arriba  este 2019 a su 38 cumpleaños y según refiere el director, Amaury Rodríguez Santiesteban, desde sus inicios se impulsó esa variedad educativa. "Es una modalidad que tiene un carácter altruista mayor. Hay familias con economías muy estables, pero hay sitios a los que llegan y tienen que ser maestros de verdad, olvidarse de ese mundo material absurdo, centrarse en lo espiritual y sentir que están en un palacio cuando en realidad son muy malas las condiciones. Viven ese pedazo de la existencia de sus estudiantes que desconocen muchos profesores.

"Las familias son más difíciles de educar y orientar, porque no admiten que vaya un extraño a trastocar la dinámica íntima. Debemos primero demostrarles que pueden confiar y crear empatía para luego ser aceptados. Las docentes suplen, incluso, carencias afectivas; le dan cariño y amparo a esa familia que a veces se siente disminuida. Nos toca hacerles ver que sus retoños pueden sobrevivir, aun si ellos faltan, porque a partir de una orientación educativa les damos herramientas. Prueba de ello es que muchos tienen hijos y son capaces de mantener su hogar".

Disímiles países con niveles más altos de desarrollo no ostentan la calidad de la educación ambulatoria cubana. En otros parajes estas personas son internadas en colegios que aparentemente resultan de muy buena factura; sin embargo, les falta ese sentido humano. Aquí, en cambio, su morada el día de clases se convierte en un aula en la que aprenden, donde se canta el Himno Nacional a viva voz y se les pone la pañoleta cuando corresponde. "No es un trabajo que pueda hacer cualquiera, por eso lo realizan profesionales de mucha experiencia", resalta Amaury.foto 4 maestros

El directivo reseña que en ocasiones van al centro escolar para fomentar en ellos sentimientos de solidaridad, colectivismo y ayuda mutua. "Nuestro trabajo -explica- tiene dos partes, la primera es alfabetizar y la segunda, prepararlos para insertarlos social y laboralmente. Cuando no poseen discapacidad intelectual organizamos un currículo más alto y los alistamos para el ingreso a la Educación Superior.

"Hay quien todavía no está preparado para aceptar ese proceso de inclusión y de ello nos encargamos también, de que sean capaces de demostrar que pueden hacer lo que se propongan. Muchas veces compiten por una plaza con individuos de motricidad perfecta e intelecto normal, nos toca adiestrarlos para que puedan competir. Lo que nos interesa es la igualdad de oportunidades y posibilidades; esas -asegura-, las tendrán".

La meta de una educación inclusiva, equitativa y de calidad constituye un requisito indispensable al que ninguna nación del mundo debe renunciar. En la "Jorge Aleaga" cada día es una fiesta, no hay espacio para el frío velo de la exclusión. Allí crecen entre disfraces, canciones y juegos de yaquis, los que en un futuro tendrán la ocasión de enseñarles a sus hijos por qué su país es único.

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