Se colaron como de costumbre debajo del muelle, en La Boca. Rememoraron la rutina del Pre, el "castigo" de levantarse temprano todos los días y estudiar, sobre todo, Física y Matemática. También las noches de recreación y los noviazgos furtivos. Unas horas después David la tomó de la mano y aquello de besarse en frente de todos no le resultó tan vergonzoso como había pensado antes.
Los muchachos iban a quedarse en la casa de unos familiares. Tenían suficientes colchones e invitaron al grupo de amigas para unirse en su juerga, al final se merecían un poco de diversión después de 10 meses de "queme". Betsy convenció a su mamá de que le diera permiso para pasar la noche supuestamente con los padres de una de sus compañeras de aula. Gastó el escaso crédito que le restaba en el celular, pero consiguió el consentimiento.
Las otras jovencitas resolvieron de la misma manera. Para el final de la tarde las parejas estaban acopladas y comenzaron a hacer los planes de la noche. La música de una carpa sirvió como preámbulo y el ron aderezó el ambiente para que los adolescentes siguieran el instinto más básico: tener sexo, pero de la manera inadecuada, sin la mínima protección.
Betsy nunca fue de correr riesgos. Más bien era el objeto de burla de sus amigas, pues mientras las otras disfrutaban de la calle, ella permanecía "trancada, comiéndose los libros". Mas, la fugaz aventura de la playa le costó no solo el disfrute de sus vacaciones, sino la vergonzosa realidad de portar una ITS incurable, como recordatorio de que alocarse casi nunca sale bien.
El verano se presta para el romance. Las playas, piscinas, la poca ropa, el ambiente festivo o el calor, todo conspira a favor de la diversión. Incluso, biológicamente el biorritmo aumenta y se secreta mayor cantidad de hormonas. Y está bien celebrar la etapa estival, pero la mesura y la precaución no pueden salir también de vacaciones.
No es difícil encontrar grupos de adolescentes a altas horas de la madrugada diseminados por parques, discotecas o callejones. Algunos, incluso, con bebidas alcohólicas y en posturas bastantes denigrantes para cualquier edad. Me pregunto, los padres qué se imaginan que hacen sus hijos en semejantes horarios.
Como Betsy, muchos jóvenes de cualquier sexo asumen actitudes imprudentes por primera vez, algunas con mayores o menores costos. Toca como familia velar por el disfrute de nuestros hijos, indagar sobre sus pasos sin asfixiarles, pero sobre todo, sin dejar de estar presentes, pues como reza la sabiduría popular, es mejor precaver que tener que lamentar...






















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