Como las cosas que le ganan la batalla al tiempo y al olvido, está ahí, majestuoso, con su historia a cuestas y los tiempos verbales construidos en la memoria del pueblo. A veces, hasta con pocos visitantes, quizás por las prisas cotidianas o porque todavía nos falte alguna fibra que alerte que recorrerlo es una manera de convertir una tarde de domingo en un recuerdo para siempre.
Vestido de azul, rejuega con las luces y sombras actuales del bulevar que convierte a la capital Balcón del Oriente de Cuba en un sitio de armonía espiritual, tal vez no apto para quienes entronen las tentaciones del ruido, se emborrachen con las seudo-culturas o ponderen el entretenimiento del placer de los sentidos, y miren como “cosas” de viejo las hambres del alma y los hechos salvadores de los valores humanos.
A Diego Clemente Rivero le tocó el honor de levantar allí la primera casa. Entonces empezaba la región aborigen de Cueybá a tejer las novedades de las primeras luces del alumbramiento del siglo XVIII. No era una aldea propiamente dicha, pues en 1603 el hato primogénito otorgado a Juan Rivero se dedica a la ganadería y es fecunda en el XVII y XVIII.
Con los años mantuvo su condición de vivienda, en algunas décadas del XIX. Después, fue fortificado y convertido en tambor de voluntarios y cuartel de telégrafos durante la guerra de independencia. Tampoco escapó de las cenizas en 1897 al quemarse la ciudad y se edifica sobre las ruinas del cuartel, en 1921, para renacer como Ayuntamiento o Palacio Municipal.
Al triunfar la Revolución es sede de varias instituciones del Gobierno, el preuniversitario Luis Urquiza Jorge y la filial universitaria. Sin embargo, nada le quita el legítimo derecho de ser una de las edificaciones más trascendentes del patrimonio de Las Tunas, ubicada en su Centro Histórico.
Regala a foráneos y tuneros la arquitectura de los nacientes años de la conquista española y el primero de julio de 1984 se convierte en el Museo Mayor General Vicente García González, el cual inauguró Armando Hart Dávalos luego de ser restaurado y pertenecer a la Dirección provincial de Cultura.
Cuenta actualmente con siete salas, seis de las cuales con exposiciones permanentes y un salón de usos variados. Fotografías, documentos, pruebas históricas y objetos personales del también conocido León de Santa Rita, insigne mambí y uno de los jefes más relevantes de las guerras de independencia e hijo ilustre de Las Tunas se exhiben allí, como exponente vivo de la significación y los honores ganados por el patriota en las huestes por la libertad de Cuba y esta región.
Es el emblema de todos los tuneros… azul como el cielo y vital, como la reminiscencia que guarda en esa dimensión subliminal que nos envuelve, aun cuando la fuerza de sentirlo nuestro impida, a veces, que nos percatemos de cómo honra nuestras vidas. El Museo Vicente García es un emblemático sitio que guarda, solo visible a los ojos del alma, las huellas de todos los tuneros, un mérito que nunca podrán borrarle de su sagrada historia y que hoy, en su día, lo inmortaliza para siempre.


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