Jamás puedo ignorarlo aunque en mis tantas idas y venidas por la ciudad cierre los ojos para no verlo. Su ecléctica elegancia se pega allá en el fondo de la retina y viaja por las venas hasta el alma.  No creo que lo ame más que nadie. Simplemente, a ningún tunero le es indiferente. En el Día Internacional de los Museos, el “Vicente García” es una suerte de himno hermoso en el corazón de la ciudad.

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