Imposible apretar en un vocablo la emoción que vivimos cada minuto de este mágico encuentro. Somos los mismos: alegres, soñadores, pícaros, ilusos, atrevidos... la Generación de Oro que apostó por ser profesional y ahora desgrana la alegría silenciada por los retos del tiempo y de la vida. Y devuelve ese amor a Nelba Rosario Peña, directora y fundadora del "pre", y a los profesores Milagros Riquenes y Ezequiel Argota, quienes nos honraron otra vez con sus presencias queridas.
El remodelado restaurante La Arboleda pareció pequeño, por momentos, para agradecer a sus gestores principales, Josefina Fernández, Rigoberto Benítez (Ticó) y Ana Ibis Reyes, quienes localizaron por diferentes partes del mundo a profesores y amigos que no pudieron viajar y trajeron en video sus sentimientos, los mismos que con llanto y silencio honraron a los que no están para siempre.
Especial resultó la entrega a Nelba Rosario de una banda de tafetán blanca, rotulada con la frase Generación de Oro y firmada, después, con el nombre de cada uno de sus alumnos, quienes agradecemos eternamente sus enseñanzas y ese amor infinito que hizo de nuestra graduación algo tan especial, como sus palabras en medio de llantos, aplausos y besos.
“Este momento lo llevaré hasta el último día de mi vida”. Nosotros también, jefa, al decir de Ticó.
La amistad es más que un texto periodístico o la novedad de la noticia. La declaro infinita para atraparla en pocas líneas. Los abrazos y la valía de la sinceridad y los afectos no aparecen en los diccionarios, ni aceptan normas de redacción y estilo. Eso se siente, se da en un apretón de manos o “un rompe costillas”. Puede ser este sabor a lealtad de muchachos que volvimos a vivir con el uniforme azul con cintas blancas…
… O el valor humano incrustado por nuestros padres y profesores en el día a día, cuando esperarnos y recogernos para ir al "pre" era un ritual inviolable, sin importar el barrio ni las cuadras por caminar hacia atrás o delante para llegar al amigo, al compañero de aula y de los obligados repasos para las pruebas.
Todo estaba allí, intacto, 42 años después, como un réquiem eterno. O como dijo el profe Argota: “Solo es posible porque son una generación de oro, nunca dejaron de ser lo que fueron”. Nosotros pensamos que tanta magia humana y amor perpetuo la debemos a ustedes y a esos divinos seres que nos marcaron el camino desde casa. Ya tenemos más memorias para salvarnos de los ruidos mundanos y las apariencias.
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