Martes, 27 Febrero 2018 05:14

Repasadores particulares, ¿la gran solución? (+podcast y video)

Escrito por Elena Diego Parra y Esther de la Cruz Castillejo

Las Tunas.- La Resolución 41 del año 2013 del Ministerio de Trabajo y Seguridad Social dio marco legal a los repasadores particulares, quienes tenían ya notable presencia en la dinámica educativa cubana. La Ley comenzó a amparar entonces a los trabajadores inactivos del sector que, contando con las condiciones necesarias, dedicaban parte de su tiempo a retocar contenidos escolares y cobraban por ello.

Al cierre del 2017 en Las Tunas ejercían legalmente esta modalidad por cuenta propia apenas ocho personas (siete en el municipio cabecera y una en Manatí), según cifras ofrecidas a 26 Digital por Roberto Cruz, subdirector de Empleo y Capacitación en la Dirección Provincial de Trabajo. Aseguró, además, que "aunque la cantidad varía en determinadas etapas del año, nunca se reporta un alza significativa en este desempeño". Sin embargo, no resulta difícil concluir que en todo el territorio la cifra real es muy superior a esa y "por la izquierda" muchos maestros, incluso en activo, se dedican a tales menesteres.

Nuestras indagaciones incluyeron el diálogo con padres y alumnos. El déficit de profesores, alegan, es una de las principales causas. Sin embargo, el Balcón del Oriente Cubano no está entre las zonas más comprometidas del país en este sentido, pues la cobertura docente aquí se encuentra por encima del 96 por ciento. ¿Cuáles son entonces las razones para llegar hasta un maestro particular?

BUSCANDO PISTAS

"Tengo un niño de 13 años y el repasador ha sido de gran apoyo en esta edad tan complicada, a veces me escasea el tiempo para dedicarlo a sus estudios. También a mi nieto, que está en Primaria, le pagamos a una maestra jubilada que lo ayuda. Ha sido muy fructífero porque, aunque está en un buen seminternado, su profesora es muy jovencita y a veces no los domina bien", nos dice una madre trabajadora.
"Muchas veces la gente va con los repasadores por complacer a los padres. Muy en el fondo aquí todo el mundo sabe quién quiere y quién no va a estudiar", así nos cuenta Gaby, una jovencita vivaracha que asegura que, entre el aula, los libros y las notas de clase, tiene suficiente para salir bien en las pruebas y aprender.
Otros no piensan tan así: "A mí sí me han servido mucho. Yo voy con mi repasador dos o tres días antes de cada prueba. Le llevo mis dudas más grandes y le agradezco salir bien. Quiero entrar al Ipvce este curso. Tengo buenas notas en Matemática gracias a él. Se llama Luis, pero no puedo decir dónde vive, porque no tiene patente".
¿Por lo menos no es tu profesor del aula, ¿verdad?,-le preguntamos, recordando la historia de una amiga común que lleva a su hija adolescente a repasar Matemática, en casa del mismo que durante el día le imparte la asignatura. Y un poco también por la resuelta opinión del doctor Juan Migüel Barrios, subdirector provincial de Educación, al compartir sus consideraciones en ese sentido.
"El Sistema Educacional cubano les prohíbe a los docentes que están en ejercicio ser contratados como repasadores, a partir de que esa constituye su misión. Su trabajo es asegurar con calidad la preparación integral de los estudiantes, pues no solo les corresponde la parte académica, sino que deben también compartir con el alumno y la familia la formación de valores.
"Un concepto que ha existido siempre es la atención a las diferencias individuales a partir de las necesidades de cada educando. Si yo tengo muchachos en mi grupo que no cuentan con todas las habilidades, mi responsabilidad es lograr que ellos estén al mismo nivel que el resto, dentro de lo establecido.

"Algunos profesores realizan estos repasos en sus momentos libres, ya sea por las noches o los fines de semana, previa consulta con la familia. Es meritorio que dediquen su tiempo personal para hacerlo, mas sigue siendo un deber y debe hacerse de manera gratuita. No han de mediar intereses económicos, porque perciben un salario para eso.
"El director de cada centro posee la responsabilidad, de conjunto con nuestros equipos de inspección, de identificar aquellos docentes que ejercen en los colegios y de una manera ilegal prestan este servicio. También la familia tiene la potestad de denunciarlos. Es sancionado por el Reglamento Ramal de Educación", puntualiza el directivo.
Los repasadores consultados para este trabajo pidieron el más estricto anonimato sobre sus nombres, por aquello de que "la cosa está dura", "los salarios no alcanzan" y las mil y una razones personales por las cuales actúan al margen de la mencionada Resolución. La mayoría cobra y se mantiene en activo dentro de los planteles, aunque "jamás a los mismos alumnos, solo los de la cuadra y familiares de conocidos", nos dicen.
"Yo soy profesor de Matemática -afirma uno-. Muchas veces llegan muchachos que tienen una base docente mala y te das cuenta de que no es responsabilidad de un maestro. Los problemas son de antes y limarlos requiere de un tiempo fuera de la escuela".
Algunos padres argumentan que la preparación integral de quienes están frente a las aulas condiciona la calidad de las clases y el éxito del aprendizaje, y en ocasiones, se ve marcada por carencias materiales y en buena medida, por el descuido de la autosuperación. Eso pesa.
Otra vez es la Enseñanza Secundaria una de las más vulnerables. Alberto nos cuenta que aun cuando su salario apenas alcanza, no tiene opción, porque en el centro escolar de su hija el claustro es inestable y algunas de las asignaturas las imparten estudiantes universitarios. Otro papá, José Antonio, no puede quedarse cruzado de brazos, cuando a los jóvenes habilitados que trabajan en dicho nivel educativo, solo se les exige tener doce grado y esto atenta contra la integralidad de la formación de los adolescentes.

DESDE LA ESCUELA

Las pesquisas de nuestro Semanario confirman la existencia de familias tuneras que gastan la mitad del salario básico en maestros particulares. En la Enseñanza Preuniversitaria se hace más frecuente el acudir a ellos, por el desafío que suponen los exámenes de ingreso a la Universidad. Pero muchas interrogantes surgieron por el camino: ¿Es sostenible económicamente esta práctica? ¿Quiénes pueden pagarla sin remilgos? ¿Aquellos que no tienen dinero quedan en desventaja? ¿No es suficiente el entrenamiento que garantiza el colegio?
"En mi escuela se estila mucho eso -salta Zulema e interrumpe nuestras cavilaciones-. Algunos dicen que es porque no entienden al profesor, pero la verdad es que cuando explican están atendiendo otra cosa, porque ellos saben que el repasador les va a dar eso luego. El profesor nuestro es mejor porque te da el contenido que evaluará en el trabajo de control y el de la calle no siempre sabe cuál es".
"Te encuentras al que de verdad lo agradece y notas que avanzan, pero además al que te dice que explicas distinto a su maestra. Entonces te das cuenta que no usas el mismo procedimiento y tienes que estudiar, porque no se puede confundir al estudiante -aclara una repasadora de Secundaria-. Después va a enfrentar un examen que no evalúas tú. Eso hay que tenerlo claro".
Y entonces recordamos otra verdad que acompaña a esta fuerza de apoyo. Se supone que son, en su gran mayoría, jubilados del sector. Los planes y programas docentes han cambiado. De eso también nos comenta Migüel.
"Nosotros, como Ministerio, tenemos la obligación de ofrecer ayuda metodológica con los equipos de trabajo dispuestos para eso. Ellos se pueden acercar y tocar nuestras puertas, porque no es posible que un repasador utilice conceptos e ideas que no estén en consonancia con lo recibido en los centros".
Cualquier maestro particular, patentado o no, cobra alrededor de 10.00 pesos por un repaso que puede durar una o dos horas. Si es de alguna asignatura especializada como Solfeo en la Música, las clases pueden llegar a costar hasta 50.00 pesos. Los precios varían en época de pruebas finales o de ingreso y también dependiendo del experto y su demanda.

Elisa es una mujer divorciada y madre de dos hijos. Refiere que, aunque le duela, no puede darse el lujo de pagarles repasos a los suyos. "Yo les insisto a los dos que estudien para que sean alguien en la vida; además, para eso está la escuela". Amauris, por su parte, ejerce de cuentapropista y aclama orgulloso que con la educación de su hija él no escatima, paga hasta 200.00 pesos semanales para que pula sus saberes. "Por suerte -confiesa-, el negocio va bien".
"Los resultados demuestran que el que aprovecha el entrenamiento diseñado obtiene las mejores notas. Tenemos estudiantes que no asisten debidamente al aula y van al repasador. Lo histórico dice que generalmente aprueban, pero muchas veces no sacan toda la puntuación que potencialmente pudieran alcanzar. El maestro particular refuerza el contenido, pero la mayor parte del tiempo los muchachos están con nosotros". Así lo estima Yurixánder Castillo Rojas, jefe del Departamento de Preuniversitario en la Dirección Provincial de Educación.

SIN ESTUDIO... LA LETRA NO ENTRA

Yanie es profesora de Historia. Aunque no se dedica a dar clases particulares, muchas veces ayuda a estudiar a los hijos de sus amigas o a los vecinos y se encuentra con que están muy mal preparados. Sin embargo, algunos cuentan con la guía de excelentes profesionales. A su juicio, falta dedicación y esfuerzo.
"Yo -nos dice al fin una profe de Secundaria que nos recibió con recelo- recuerdo que el curso pasado tuve una alumna que no atendía. Venía por puro compromiso. Le expliqué a la madre que estaba gastando dinero por gusto. Nunca más la trajo".
"Sin quitar la fuerza que tienen los repasadores, asistir a la escuela y estudiar es lo más importante. Allí es donde está el profesor que recibe las orientaciones directas del municipio y la provincia, de las políticas y programas de estudio", culmina Castillo Rojas.
No pocos se expresan como Manuel, que entre risas te dice: "Si no estudio en la escuela, no estudio para nadie, yo hago la tarea en la misma aula para cuando llegue a casa soltar la mochila y ya". O como Pablo: "No falto un día a la escuela, a lo que falto es a las clases". Igual nos contaron dónde esconden los celulares para que no los descubran; por qué muchos van a repasadores particulares teniendo excelentes maestros... y muy bajito nos confesaron que la tarea solo se hace si el docente es de los que coge lucha con todo. De lo contrario... "¿para qué?, si las libretas ni las miran".

¿Y ENTONCES?

Encontramos historias de quienes dicen ir "a estudiar a casa del profe" y terminan en el parque, o en algún juego de amigos. Vimos también al que cobra por repasar a los mismos que durante el día tiene la responsabilidad de enseñar, más allá de la ética profesional y humana. Recordamos el viejo refrán popular: "Hay de todo en la viña del Señor", que en temas de repasadores y repasados parece cumplirse a cabalidad.
La educación cubana está inmersa en un proceso profundo de transformaciones, evidencia de que en la última década erramos el camino tomado. Es derecho y responsabilidad de padres y tutores buscar caminos para que los más jóvenes se inserten con éxito en esta realidad. Pero estudiar sigue siendo el gran desafío. Esa idea nos va quedando clara tras este tiempo de investigación.
Educar es difícil; sin embargo, la sensación de tenerlo seguro y no necesitar esforzarse para obtener las metas, también hace daño. Usted puede ir hasta el mejor de los docentes posibles, si no hay estudio individual, un espacio para "enredarse" entre libros y consolidar saberes o descubrirlos, todo va quedando en saco vacío. Son maestros, no magos. La solución depende, en primer orden, de la entrega y el sacrificio de cada cual. ¿No le parece?

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