Lunes, 13 Agosto 2018 07:29

Fidel, de Birán a las estrellas (+fotos)

Escrito por Esther De la Cruz Castillejo

Las Tunas.- Los relojes del batey marcaban las 2:00 am cuando en Birán nacía Fidel Alejandro, el tercer hijo de don Ángel Castro y doña Lina Ruz. A esas horas, confirman los cercanos al alumbramiento, los haitianos del lugar bañaron al recién nacido con hojas de yagruma y de verbena, "para los buenos augurios", dijeron entonces.

Aseguran que fue un precioso varoncito de cerca de 12 libras de peso y que la fuerza de su primer llanto de vida traspasó los pilotes de caguairán que sostenían la casona de construcción gallega, enclavada en pleno campo cubano.

castro1 3249057bEl invicto rebelde en que lo convirtió el destino aseveró alguna vez que entre el corretear por la finca, los amigos, siempre pobres, que acompañaron sus juegos de infancia, y las alumbradas nocturnas con velas de cera y lámparas de aceite se tejieron los primeros atisbos de su desobediencia, las ganas mayúsculas de descubrir el mundo, de creer en el hombre, en lo posible.

Nunca fue dado a tolerar demasiado la autoridad. Por eso, trataba de mantenerse poco tiempo dentro de la casa, alejado de la disciplina de don Ángel y algún cogotazo o cintarazo de doña Lina ante las mayores fechorías. Que no fueron pocas. Llegar hasta Birán, ahora, es desentrañar algo de esa verdad. Entre los pinares, la valla de gallos y la escuelita descubres un sitio que debió resultar casi paradisíaco para crecer fuerte y despierto.

Fidel contaba de los regaños porque se perdía hasta los barracones haitianos a comer maíz tostado. Lo amenazaban con mandarlo "derechito para el reformatorio de Guanajay", que quedaba allá lejos, en La Habana. Y mientras lees esas confesiones te parece estar escuchando su sonrisa pícara y aquella mirada profunda, capaz de calarle a una hasta el alma.

8abbbe5521590af8ad21dd76a31b8f86En Birán el niño vio por primera vez una locomotora, "los monstruos fabulosos" que venían a recoger la caña de azúcar. Allí supo de la fuerza de los ciclones y los temporales, siendo muy pequeño. Y hasta certificó el haber sentido un temblor de tierra cuando tenía apenas 4 o 5 años.

Aprendió a nadar en los arroyos y los charcos y a divertirse hasta el delirio con los tirapiedras en la mano que, aunque no era práctica que recomendara el apasionado defensor del medio ambiente que llegó a ser, sí resultaba bastante habitual en los juegos infantiles de aquellos parajes.

Con la maestra Eufrasia Feliú inició el camino de las letras un día incierto, tal vez a una edad todavía menor de la debida para esos menesteres. Aunque sí, estaba seguro, marcado por las majaderías propias del hijo del dueño del lugar, al que se le perdonaban sus travesuras desde el primer pupitre de la modesta escuela multigrado.

8c9501d609c1ddba76cebc8d8fe016c6No fueron pocas las veces en que, con una tanquetica en la mano, recogió la comida sobrante en casa para darla a los amigos del batey, que no tenían nada para llevar a la boca esa noche. Así que de hambre y pobreza extrema también supo en sus años de infancia. Sin embargo, fue feliz. Y eso lo afirmó varias veces, con sabiduría.

Muchas resultaron las pruebas del arraigo mayúsculo de Fidel Castro por sus espacios de la niñez. Cuentan que siendo un barbudo rebelde en los años gloriosos de la Sierra Maestra, más de una vez encaminó sus pasos hasta Birán para dar un abrazo a doña Lina, viuda y marcada por el susto de la guerra, que atentaba cada día contra la existencia de dos de sus retoños.

Antes también se había acurrucado al ardor de los pinares y los cedros que, nos dicen ahora, gustaba sembrar don Ángel por toda la finca. Lo hizo cuando ya tenía concebido el plan de asaltar al cuartel Moncada. Fue una visita diferente y Fidel estuvo sentado largo rato en la escalera del hogar. Parecía estarse despidiendo de aquel paraje, de su infancia, de la vida hasta ese momento transcurrida, para abrirse a los tiempos, determinado.

Este 13 de agosto estaría cumpliendo 92 años. Murió lejos de los sonidos de aquellos montes y la complicidad apasionante que desbordan sus espacios. Sin embargo, un poco de él queda en Birán, especialmente, si es esta fecha y la infancia renace, los jóvenes celebran la vida y los viejos llaman a seguir andando. 

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