El surtido abarcó arroz, carne de cerdo, frijol y otros productos fundamentales en la dieta de los tuneros y los cubanos en general, y cuyos precios son muy elevados en el mercado extranjero, sobre todo, para Cuba, víctima del prolongado y genocida bloqueo impuesto por Estados Unidos.
Las ventas también incluyeron más de 13 millones de litros de leche fresca que, como en el caso de los demás alimentos, superaron lo previsto y los volúmenes entregados en similar etapa del 2017.
Sin embargo, los agrarios tuneros incumplieron sus compromisos en cuanto a la entrega de maíz para disminuir compras en el exterior, al comercializar mil 310 toneladas, un 46 por ciento menos que las previstas en los contratos.
Igualmente, los productores de este territorio, situado a unos 700 kilómetros al oriente de La Habana, quedaron muy por debajo en la venta de tomate, cultivo que, como el maíz, fue afectado por excesivas lluvias, en cambio muy favorables para la mayoría de las demás plantaciones.
Como parte de la actualización de su modelo económico, Cuba prioriza la producción local de viandas, granos, frutas, hortalizas, carne, leche y otros víveres, a fin de sustituir costosas importaciones, alcanzar la soberanía alimentaria y elevar la calidad de vida de su población.


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