Sábado, 02 Febrero 2019 06:56

Venta en mercados agropecuarios: Desencuentros en Bonachea

Escrito por Jorge Pérez Cruz
Venta en mercados agropecuarios: Desencuentros en Bonachea Foto: Tiempo 21.

Las Tunas.- Aunque funciona todos los días, el mercado de Bonachea los domingos es un hervidero de gente que busca productos agropecuarios, pesqueros y cárnicos para aliviar el ajetreo del resto de la semana. Por su ubicación, es sitio casi obligado para los habitantes de una vasta zona residencial de los repartos Primero, Casa Piedra, Santos y Buena Vista, en esta ciudad capital.

Allí cada jornada dominical se convierte en escenario en el que confluyen, además de los necesitados, diversas formas productivas, estatales y no estatales, y un gran número de intermediarios, esos personajes "sacrificados" que burlando leyes, resoluciones y normas "luchan" mercancías en otros territorios sin importarles ni las distancias, ni los costos, porque las ventas a precios desorbitantes justifican la inversión.

Este relato es del pasado domingo 27 de enero, pero en sus áreas siempre hay tema para emborronar cuartillas sobre los más polémicos asuntos que se debaten en la agenda pública actual de los tuneros, relacionados con los altos precios y la manera en que los vendedores argumentan su proceder, la forma de enmascarar las ganancias, la actuación de los inspectores y muchos etcéteras.

Ese día, al filo de las 10:00 am ya las naves que ofertaban alimentos procedentes de la pesca y los cárnicos habían agotado sus ventas; mientras, las de los surtidos agropecuarios exhibían una pálida propuesta: algunas latas de conserva y condimentos.

Al mismo tiempo, en el amplio patio de la instalación los intermediarios en sus tarimas brindaban tomate, boniato, ajo, cebolla, cilantro, y...  yuca, que distingo con negritas, a pesar de que eran blancas, porque me llamó la atención el pedazo de cartón donde señalaban el importe y cómo habían, ante la presencia de los inspectores integrales, trazado un dos por encima del cinco que definía el precio inicial, aparentemente no declarado en consciente y calculada burla al fisco y, por supuesto, al consumidor.

En ese y otros establecimientos similares es común que las etiquetas que anuncian el valor desinformen, pues podemos encontrar, como he visto, notificaciones, por ejemplo, de pata de cebolla a 20.00 pesos y cuando entusiasmado llegas al expendedor este aclara: "No, es a 40.00. El de la tablilla es el declarado". Huelgan los comentarios.

¡Ah, los inspectores! En estos hay un contrasentido evidente. Cuando no están, las personas se sienten desamparadas ante los abusivos costos de muchas mercancías que constituyen elementos imprescindibles en la dieta de hoy, y de otros desmanes muy comunes en tales espacios.

Pero, cuando aparecen para defender la Ley y, obviamente, a los compradores, no son pocos los cuestionamientos: "que si interrumpen las ventas", "que si no dejan vivir a los ´luchadores´", "que si ahuyentan a esos ´salvadores´" y otras infundadas críticas. ¿Entonces qué?

Y es cierto, la tolerancia sienta las bases del caos, de la impunidad y ante el irrespeto a la Ley hay que imponer el orden y la legalidad, cuya transgresión es aupada por las carencias y la inoperatividad de las instituciones encargadas por el Estado de garantizar el acopio, distribución y comercialización de esas producciones.

¡¿Cómo es posible que determinadas personas, a título individual, u organizadas en grupos, puedan hacer gestiones y traer desde otros territorios esos surtidos?! ¡¿Qué frena la gestión estatal?! ¡¿Por qué hay que depender de intermediarios para resolver tan perentorias necesidades?!

Son solo algunas interrogantes que la población exclama ante el evidente desamparo de los ingresos castigados terriblemente por precios irracionales, fuera de control estatal alguno. Desencuentros que cuando menos, irritan.

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