Instructora de Arte, expresiva y apasionada en todo cuanto hace, habla de las emociones recibidas en cada sesión de trabajo del magno evento, al que califica fue una de sus vivencias más extraordinarias como joven y “un gran logro, porque como mujer no fuimos a protestar. Fuimos a agradecer por todo lo que nos ha dado nuestra Revolución”, resaltó.
Durante este mes que cerró puertas ayer y destacó en el calendario por tener entre sus efemérides la celebración de la más importante de las reuniones femeninas de la Isla, Raidelyn no esconde los recuerdos de “un regreso feliz a la comunidad”. Y en esa alegría está su labor como secretaria de bloque y el avance de las amas de casa en asumir las urgencias de los proyectos cotidianos, el realce de las mujeres creadoras y sumar a las jóvenes amancieras en el proceso de rescatar el papel de la organización en la base.
Las memorias serán eternas para ella, quien con su pícara y elocuente sonrisa reitera que “lo más lindo no es el reconocimiento personal ni colectivo. Es saber que nuestro X Congreso es una inyección de triunfo a la transformación actual del país, con el aporte que se necesita de nosotras, quienes fuimos allí a agradecer y no a pedir ni reclamar derechos. Como joven es un gran desafío y un orgullo enorme”.
Triunfal, mucho más entregada a su deber de cultivar el amor a las artes en las nuevas generaciones de ese alejado municipio de Amancio, colindante con la provincia de Camagüey, Raidelyn sueña alto y está realizada. No depende de nadie, sino de sí misma y vive feliz en ese horizonte abierto a las oportunidades que tienen las féminas cubanas.


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